lunes, mayo 11, 2026

JESUS AGUIRRE, CURA SECULARIZADO, A MUCHA HONRA

Jesús AGUIRRE, cura (¿diocesano?) después de haber sido alumno de los jesuitas, y esposo consorte de la Duquesa de Alba. Una figura central omnipresente e insoslayable antes y después de muerto, y figura emblemática en extremo de la España de los setenta y principios de los ochenta, precisamente aquella a la que yo di voluntariamente la espalda. Y ahora tras mi regreso, en señal quizás de arrepentimiento y penitencia, que a fe mía no lo sabría decir se me ocurre deber dedicarle esta glosa sin antojeras con la vista retrospectiva y en revisión de aquellos años difíciles, como en un proemio o exordio de todo lo que me queda de escribir sobre él, que me sale del fondo del alma. Un cura arrepentido, en francés defroqué, y hay sin duda qui haber vivido entre (católicos) franceses para calibrar la cargazón de infamia y de ignominia que arrastran en la lengua de Moliere esas palabras. Pero al duque consorte de Alba aquello pareció -a tenor de su trayectoria posterior- importarle poco o menos que nada. Y vaya dicho -a modo de descargo- de entrada, que ni conozco en detalle ni tengo la intención aquí de abordar y menos aún de terciar en los litigios que le opusieron en vida y post mortem (hasta hoy) con familiares cercanos -y suyos también por alianza- de la que fue su esposa. la duquesa de Alba. 

Un hombre como sea intelectualmente superdotado y culturalmente brillante en un abanico de dominios desde la filosofía y la literatura hasta la música en los que llego a ocupar altos cargos, y que ensanchan o engrandecen su puesto en la Memoria. Ex-sacerdote y como tal -por propia definición- cabria decir, uno de los principales mentores y patrocinadores en la España de entonces, de los diálogos católico-marxistas, lo que llevaría a uno de sus biógrafos a inspirarse mayormente en él en un libro best-seller de su epoca -inicios de la etapa felipista- de "curas y mandarines", de donde saldría pues retratado y catalogado como el mandarín numero uno d los espacios culturales de aquella España. Un mandarín con un corazoncito, cabe de inmediato apostillar en su descargo. 

Con el corazón maltrecho de un hijo de padre desconocido -algo que yo desconocía-, y lo digo con el corazón (mío) en la mano tras haber seguido de cerca -hasta el punto que le dediqué todo un libro- el drama trágico existencial de Francisco UMBRAL, victima hasta el final de sus días de una denegación tenaz de paternidad, por parte de su padre biológico. No fue exactamente el caso de Jesús AGUIRRE, pero ese gënero de dramas, de traumas, es de los que explican trayectorias libres, atípicas, excepcionales como la que habrá seguido el duque consorte de Alba (¿quién es capaz de ponerlo en duda?)  Que llegó a militar en el Felipe (como le decíamos en la Universitaria entonces) una especie de rojelios, mayormente intelectual, "benigna" si se le puede decir así, sin la acritud y la virulencia vitriólica consabida -de la que no hablo precisamente de oídas- de sus correligionarios (marxistas) Y pese a su talante políticamente comprometido, militante, daría pruebas de su independencia llegando a ocupar un alto cargo en el holding RUMASA. 

Y termino con una particularidad de la trayectoria  del ex-sacerdote Jesús AGUIRRE y es el de las responsabilidades pastorales que fueron las suyas en su momento, en la capilla de la Ciudad Universitaria (madrileña), que frecuentaba -especialmente en las misas vespertinas de los domingos- mi difunto padre,  y en la que tuvo lugar mi primera comunión (de muy niño) En razón pues de un deber de memoria familiar sobre todo, me siento obligado de redimirle (sic) en el juicio a modo de balance que me habré permitido en esta entrada, a costa de su trayectoria (que sólo parcialmente comparto o hago mía). De sa-cer-do-te se-cu-la-ri-za-do. A mucha honra 

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