sábado, mayo 09, 2026

DON SIXTO ENRIQUE, IN MEMORIAM

Apagón informativo -black out- estricto, riguroso en extremo, total -ni el menor eco en la prensa papel o en la Red- del fallecimiento ayer del príncipe SIXTO ENRIQUE DE BORBON-PARMA, acogido al final de sus días en una residencia de mayores, de una salud muy delicada, que marcó la situación política por momentos y la actualidad en una fase critica y decisiva -los años finales de la Transición- de toda una etapa de la reciente historia española. Y no hay que ser un lince ni estar dotado de una memoria de elefante para concluir que la clave, a la hora de explicarnos las causas del (inexplicable) apagón, a no dudar se encuentran en los sucesos de Montejurra (9 mayo 1976) -hace hoy exactamente cincuenta años-, que me pillaron lejos de España pero que seguí atento en los medios, y el alma en vilo -¡para que lo iría a negar!- consciente de la gravedad de lo que ocurría entonces, todo menos trivial en verdad, determinante en grado extremo como lo fue, de la dirección a seguir del carlismo, un movimiento de masas -al menos en ciertas regiones de España-, entonces en la encrucijada, y presa en aquellos momentos de una división desgarradora, intestina, entre sus dos alas rivales, encabezadas por los príncipes herederos de su dinastía, los hermanos Carlos Hugo y Sixto-Enrique, como una prefiguración de lo que era entonces el paisaje político e ideológico de España y del catolicismo español al mismo tiempo, dividido o abierto en canal (más bien), entre progres (filo marxistas), y tradicionalistas en aquellos años recién salidos del Concilio Vaticano Segundo. 

Criminalizar aquello es la vía fácil, sin duda alguna, y fue la seguida unánimemente en aquel momento (hasta hoy) por los medios (españoles) de la prensa mainstream, justificado (en parte) en la medida que la sangre (sí) llegó entonces al río, con un saldo final de (un) muerto (y heridos) Si se tiene en cuenta no obstante el cargazón ideológico que arrastraba el enfrentamiento aquel, y el caldero en ebullición -o el volcán en erupción más bien-, que eran tanto el carlismo como la España de entonces, el diagnóstico o el dictamen viene a ser muy otro. Y no fue puro azar -concluyo hoy- si me decidiera precisamente entonces a volar (sic) a otros cielos y otras tierras, y no lo digo aquí con la intención de justificarme, que no, sino a guisa de ilustración (de mi trayectoria y de a donde me llevó) (...) 

Y del desenlace de aquellos cruentos sucesos de Montejurra vino a surgir la figura de Don Sixto Enrique en vencedor, sobre el terreno, con la etiqueta en cambio -de violento y provocador- que le perseguiría no obstante hasta el final de sus días, y de culpable y responsable e instigador supremo de lo que entonces ocurrió. Lo que le echaría -expulsado- de España, que supuso a no dudar para él, una gran prueba y un gran baldón. 

Conocí a Don Sixto -finales de los setenta, principios de los ochenta- en su domicilio en Paris, dando vistas a los Inválidos, en el centro de la capital francesa. Iba yo entonces encuadrado en la Fraternidad (FSSPX) de Monseñor Lefebvre, vistiendo (en consonancia) el hábito sacerdotal. Estuvo amable y cordial conmigo, y recuerdo de nuestra conversación los acerbos reproches que tuvo hacia Manuel FRAGA, ministro del Interior entonces, y responsable en su calidad de (innegable) artífice, de su expulsión de suelo español. Recuerdo también la evocación que tuvimos entonces los dos de amigos o conocidos comunes de la Argentina, de los medios nacionalistas (sin recordar exactamente lo que a recordar aquellos nos llevó). 

Lo volví a encontrar otra vez en Paris, en una especie de crucero por el Sena, al anochecer, a través de amigos comunes, rusos (blancos) del exilio que fueron los que organizaron aquello, y Don Sixto volvió a estar atento y deferente, y amable y cordial en extremo conmigo. Y le evoco en el recuerdo particularmente agradecido -nobleza obliga- y es en la medida que él estaba (perfectamente) al tanto -dentro de su cordialidad- (me consta) de mi trayectoria, léase de mi gesto de Fátima. 

Muerto el Rey, en el Cincuenta Aniversario de los sucesos de Montejurra, ¡viva el Rey! DON SIXTO ENRIQUE DE BORBON-PARMA, IN MEMORIAM. ¡¡¡ GLORIA Y HONOR AL REQUETÉ !!!     

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