domingo, abril 26, 2026

PSICOSIS DE ATENTADOS Y MI GESTO DE FATIMA


Escena del atentado contra Donald TRUMP en Washington, en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. Botón de muestra de la polarización que habrá traído consigo la presidencia TRUMP y el acoso y derribo en los medios de la prensa mainstream contra él. Y a la vez, de la psicosis de atentados como un signo de los tiempos o una señal mayor de la época que nos habrátocado vivir


En plena guerra de Irán y en plena campaña de acoso y derribo contra el presidente -democráticamente electo- de los Estados Unidos, en pesadas cargas y avalanchas (mediáticas) de artillería de la prensa mundial, se ha producido el segundo atentado contra la persona de Donald TRUMP, de lo que ha salido ileso una vez mas como si gozase de protección divina, como tantos de sus fieles seguidores lo creen a pie juntillas.  Barakha -pronunciado, en español, barajá-, especie de talismán o amuleto de la suerte de la que gozan -en la cultura y religión marroquíes-, los ungidos o divinamente protegidos. Como lo fue FRANCO en Marruecos durante la guerra del Rif, especialmente a partir de la toma del Biutz, cerca de Ceuta (28-29 junio 1916), donde sobrevivió a un tiro en el abdomen. O como lo fue (una y mil veces) Fidel CASTRO -el líder de Acero-, o como lo fue HITLER tras el atentado (a bombazo) de VON STAUFFENBERG, líder de la Operacion Walkiria, o De GAULLE, en el atentado de Petit-Clamart, cerca de Paris durante la guerra de Argelia, o, sin ir mas lejos, la Operacion Siglo XXI contra PINOCHET, del Frente Patriotico MANUEL RODRIGUEZ. Todos ellos -como ahora sucede con Donald TRUMP- habrán salido reforzados en su poder y afianzados en sus poltronas, con el aura de protección superior. sobrenatural que les confiere el salir inmunes del atentado. 

No deja de dar idea no obstante, el último de la serie contra el presidente de los States, del grado de polarización que alcanza la política internacional las horas que corren, a causa o por culpa de la deriva que imprime a su política exterior el inquilino de la Casa Blanca según unos, o de las campañas de acoso y derribo urbi et orbe de la prensa mainstream -según otros- como en una grandiosa sinfonía -o cacofonía según se mire- apuntando en dirección del Despacho Oval, como a toque de silbato o de corneta  o de clarín todos o casi todos los medios. ¿Conspiracionismo todo ello, conspiranoico yo, por estos análisis que tienen -me consta- tantas lecturas y en un mutismo y un silencio sobrecogedor, de vértigo al mismo tiempo? Vamos por partes o por tiempos. El perfil del atacante en Washington -y a las pruebas me remito- nos excusa de mayores abundamientos. Y es de estar ante un atentado (fallido) de motivación ideológica, religiosas del que no parece ausente el móvil racial, omnipresente en las protestas de las ultimas décadas en los Estados Unidos, que nos retrotrae fatalmente a la guerra civil americana y a la brecha o fractura aún por supurar que aquella dejó a la sociedad civil de los States, como no habrán dejado de ponerlo de manifiesto   las protestas callejeras allí y en particular la mas reciente de todas ellas, Black lives matter. 

¿Psicosis de atentados -en mi gesto de Fátima- como un signo de los tiempos o una señal (aquella) de la época que me habrá tocado vivir? Que se piense lo que se quiera, pero  sin menoscabo alguno  de la fuerza de cosa juzgada (res judicata) me permito de alegar aqui algo que ya alegué verbalmente ante el tribunal portugués que me condenó y luego repetidamente por escrito, dentro y fuera de este blog y fue el atentado que seguí on live en Francia donde me encontraba -de ojos absortos- que costó la vida a Annuar EL SADAT, en Egipto, en una escena impactante como una película (de vaqueros) o de una novela negra -en noir- de policías y forajidos. ¿Me escandalizó? Digamos que sí y fue en la medida que aquello me puso en otra dimensión donde la violencia en nombre o en defensa de un ideal, con aquellas escenas parecía pasar a ser de recibo

Escenas retransmitidas en directo, on live, del atentado -durante un desfile militar- que costó la vida al presidente de Egipto, Anuar EL SADAT, el 6 de octubre 1981. Que seguí de ojos absortos por televisión, en Francia donde me encontraba. A siete meses entonces de mi gesto de Fatima (13 de mayo 1982) ¿Me escandalizó la psicosis de atentados, de los que aquel venía a ser el último de la serie?, ¿como un signo de los tiempos, como una señal mayor de la época que me tocó vivir? En la medida que aquello me proyectó fatalmente en otra dimensión donde el atentado -magnicida- en defensa de un ideal parecía de recibo o sometido al menos al juicio de cada cual, la respuesta es que sí

  






















 







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