Alfonso de FIGUEROA Y MELGAR, IV DUQUE DE TOVAR, del que leo ahora algo -ya antiguo (febrero 2021)- navegando en la Red-, fue -mucho antes de que los medios se ocuparan de él, y de mí-, un buen amigo mío. Y en el linchamiento (sin piedad) del que acabaría viéndose objeto (emplazado) en los medios, había no pco asociado a su personalidad (legítimamente) provocadora y a sus posturas políticamente incorrectas. En una campaña electoral -con Fuerza Nueva, y Falange española- en la que participó, defendió la instauración por la violencia de un Estado azul (a título de ejemplo) La última vez que nos vimos fue en una conferencia sobre Ramiro DE MAEZTU, que dio en un café de Madrid, justo antes de irme al Seminario de Ecône -otoño del 74-, lo que al saber, le produjo -me dijo él-, una gran alegría, fundiéndonos los dos en un fuerte abrazo (de despedida)
Alfonso de FIGUEROA Y MELGAR -grande de España-, (IV) duque de Tovar. Pasarán los años -tantos como habrán pasado ya- pero no se me me va ni ni se me irá esa retahíla onomástica de apellidos nobles y títulos nobiliarios que devotamente recito al pasar, ni la imagen -esculpida al agua fuerte- de su titular, de él y de una vieja y nueva España que el acertó -fugazmente aunque solo fuera a encarnar y que me acompañó fielmente en mi larga expatriación mas larga y dura que la suya por lo que ahora le leo evocar.
Había oído, siempre al pasar, esa historia de falsificación de títulos nobiliarios, que me escandalizó (un poco) para qué lo iría a negar, y ahora releyéndolo despacio, tan cargado de argumentos, históricos y sociológicos, y en un tono tan ponderado, tan moderado que me mueve a la reserva y a la circunspección sin remedio, hasta el punto que en mi comentario aquí, no sé la verdad sea dicha por donde empezar, que el ejemplo que nos brinda de asumir su pasado en bloque el señor duque, hasta en sus etapas mas disputadas no es para arrojar al vacío, sin más. En sus veredictos inmisericordes sobre la nobleza, en su estatuto juridico y en su estamento social, esencialmente cambiante e inútil (no sirven hoy ya para nada) y fácilmente accesible por el mérito, el dinero, la habilidad y la astucia. Y en un repaso de la Historia de España y de su nobleza en alguno de sus hitos mayores, como por casualidad. Los advenedizos, dice, son el origen de todas las aristocracias. Cuando evoca por ejemplo -como para confirmarlo o como poniendo el dedo en la llaga- a un grupo (sic) de advenedizos audaces en torno al rey bastardo, Enrique de TRASTAMARA. En donde pone el origen de la Aristocracia y de la Grandeza de España (MENDOZA, ACUÑA, PACHECO, VELASCO) De una aristocracia en rebelión contra Don PEDRO I, el Rey Legitimo, como lo tengo repetidamente dejado sentar en este blog. Rebelde, bastarda, y anti-semita. De un anti-semitismo importado de Francia, pero eso es otra historia. Como lo es lo que nos cuenta el señor duque al hilo de la entrevista, que los profesores del Colegio alemán de Madrid en donde estudiaba, cuando les dieron la noticia de la muerte de HITLER, se pusieron a llorar.
Santiago de MORA FIGUEROA y WILLIAMS, marques de TAMARON. Fue director adjunto de la Escuela Diplomática, embajador en el Reino Unido, y director de los Instituto Cervantes. Escritor, crítico literario, periodista, tertuliano y articulista brillante. Colaboró en un programa televisivo de Fernando SANCHEZ DRAGO, y fue amigo de Francisco UMBRAL. En su calidad de director adjunto de la Escuela Diplomática -curso escolar 1986-87- se encontraba él en el ejercicio de sus funciones cuando me presenté en la Escuela con el loable propósito de informarme de los exámenes de ingreso siguiendo los (bienintencionados) consejos de mi (difunto) padre. Y habida cuenta de ni condición de licenciado en Derecho (por la Universidad Complutense madrileña) Fue entonces cuando se me acercó un empleado -en uniforme- de la Seguridad del establecimiento, quien me pidió que le siguiera a un cuarto en penumbra -a puerta cerrada- donde me conminó en tono apremiante que tenía orden terminante de hacerme abandonar inmediatamente la escuela. De parte -me dijo él textualmente- del marqués de TAMARÓN. A lo que, sin mayores trámites, obedecí.


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