¿Loco Donald TRUMP? Un reproche, un cargo, una imputación ante la cual -como muchos aquí fácilmente se imaginan- hecho rápido el freno de mano. Infamia o ignominia máxima, el reproche de locura, del Gólgota -y la túnica blanca- hasta nuestros días. Y pienso en particular en el respetado y venerado (y recordado) abogado (doutor) PERDIGAO, que no vio -con la más buena intención, sin duda alguna, y con mi oposición más categórica-, mejor línea en mi defensa ante el tribunal de VILANOVA DE OUREM, que el declararme, tras mi gesto de Fatima, insano mental para evitar mi condena y a la vez, exonerarme de culpa, declarándome así, inimputável. A lo que escapé. A una acusación -la de locura- con veinte siglos de historia a cuesta, como vemos, pero de especial incidencia e importancia en la historia contemporánea.
En los países con regímenes totalitarios (de uno u otro signo), sobre todo, los que con más frecuencia se recuerdan, pero también en democracias fuera de toda sospecha como lo demuestra el caso en extremo emblemático de Ezra POUND, en Italia al final de la II Guerra Mundial donde fue declarado loco (de atar), preso y maltratado en consecuencia, y vuelto una vez libre a su país los States, declarando un país de locos (sic), la Italia (democrática) de la posguerra.
¿De qué se le acusa pues o el qué se le reprocha a Donald TRUMP? De romper a su antojo en suma, pautas de conducta -a base de hechos consumados, de palabras o de simples gestos-, protocolos sin el menor consenso o normas no escritas en el concierto internacional, lo mismo que en la política interior norteamericana. Como el tratar en tono de chanza o de burla, los asuntos mas graves o serios tal y como lo es todo lo relacionado con la guerra, en Irán como en Ucrania. En lo que se muestra grande en verdad. A imagen y semejanza de la grandeza de América que proclama -sin complejos- su movimiento MAGA.
Egocéntrico o megalómano, los términos de la acusación de la que Donald TRUMP se ve sobre todo objeto, en clave de corrección política (correction) o en términos de descalificación o excomunión absoluta -nota bene- del islamismo contemporáneo. A mí se me declaro, que me diga, se pretendió declararme (judicialmente) loco, en función de la unanimidad -(escandalosamente) anti-democrática y blanco de mil sospechas- que se acordó a la figura papal, como hoja de ruta de la diplomacia y de la política internacional -convenientemente refrendada en los medios de la prensa mainstream, a seguir al Concilio Vaticano II.
Y me absolvió de semejante cargo (infame e ignominioso) la opinión del presidente de la comisión medica encargada por mandato judicial de examinarme, Pedro POLONIO, profesor catedrático (a la sazón) de Psiquiatría en la Facultad de Medicina, de la Universidad de Lisboa -pese a la enorme presión de la que se veía objeto (*)-, quien al final de nuestro encuentro y a guisa de colofón de la posición (absolutoria) que sería la suya a mi respecto, me declaró en un fuerte estrechar de manos: "Tiene Ud. razón, senhor Padre Krohn, tiene Usted todo el derecho a su libertad interior" Lo que nos remonta a la vieja querella de la guerra de religión entre católicos y protestantes, en torno a la antigua noción del libre albedrío, libertad en el foro interno, frente a la cual se erigió -en la obra de Jean Jacques ROUSSEAU- la Libertad (en mayúscula) extensible al ámbito político/religioso o socio/político.
Capitán de empresa (sic), personificación del capitalismo "salvaje" (léase sin límites), Donald TRUMP, y eso infringe (fatalmente) la DOXA política y moral en vigor en el mundo de hoy, la que predica en las denuncias y llamamientos de sus mensajes el papa PREVOST (igual que sus predecesores) Razón de más para profesarle mi solidaridad sin límites, contra los que le acusan y de él se ríen
Ezra POUND (brillante) poeta y escritor vanguardista de los Estados Unidos que escogió el bando de lo nazi fascismos vencidos y actuó como propagandista de guerra en la radio italiana durante la II Guerra Mundial. Encerrado en una jaula -en situación inhumana expuesto a los rayos de sol en permanencia- durante varios días al final de la guerra, fue declarado "insano mental" por los psiquiatras y jueces que le examinaron (y gestiones y presiones de amigos y próximos suyos que querían librarle de la pena de muerte) Y cuando salió en libertad, de regreso a los States, se rió de sus carceleros y examinadores, hablando de "casa de locos"


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