viernes, enero 23, 2026

ENTRE ROJOS Y FACHAS, RAMONCÍN

Movida madrileña. Años ochenta. Que todos o casi todos reivindican. De especie de umbral o antesala de la Democracia. La Movida y las drogas (duras) Que con FRANCO no las había. Precio o coste de la deuda en carne viva , que tuvieron que pagar -en miles y miles de jóvenes enganchados- los españoles por la Transición (a la democracia)

¿La Movida? Desconozco. No más que de oídas, de los comentarios ojos en blanco, divertidos de admiración, que oí de algunos belgas a toro pasado cuando aquello había tenido ya su auge estando yo en Portugal (preso) Y luego cuando volví a España justo después, sí que pude vivir sus últimos estertores, en el barrio MALASAÑA, cuna de la movida aquella, no muy lejos de mi barrio de Arguelles que hoy ya no lo es, la zona Moncloa-Cea Bermúdez quiero decir, que fue donde yo nací y crecí, hoy anexa de un plumazo -o a la fuerza anexionada- por un alcalde PSOE al distrito de Chamberí, pero eso es ya otra historia y no viene mucho a cuento aquí (¿o sí?) 

Bares de música (pop, rock), precursores de los bares hifi, abarrotados de gente joven, calles semioscuras y marroquíes -o magrebíes- vendiendo droga (blanda) -hasch- (¿sólo?) en todas las esquinas. Esa es la imagen grabada fuerte en mi retina, que me quedó de aquellas visitas. Movida y drogas o la droga (más bien) de la Movida. Y de la época aquella (que no viví), yo diría. Y no viví porque estaba escrito en los astros que no podía vivir, por el lado sustancial, metafísico de la contingencia que diría HEIDEGGER (y me dejo de filosofías) Y es porque aquello imprimía carácter y porque yo -ni mejor ni peor- no era así, por mucho que los mas próximos y allegados me quisiera hacer ver que sí. Como un yankee en la Corte del Rey Arturo o como en un viaje a la Luna, así es como hoy me veo, y así era (allí) como me veía. Y viene a cuento de una entrevista anteayer en la RTVE que le hicieron a Ramoncín. 

Ramoncín y Francisco UMBRAL, o sea. Me pilló (el primero) también fuera, como la Movida y sólo ahora le alcanzo a conocer y debo de entrada decir que fue mucho mejor -cordial, abierta, humorística, divertida- la impresión que anteayer me dejó que la (vaga) imagen -bronca, polémica, beligerante, transgresora, en suma de un provocador- que de él yo tenía. Un provocador como su amigo Umbral. Estilo de ambos, el de Umbral en su prosa, el de Ramoncín, en su genio de charlista y de showman. El estilo es el hombre. Y más aún, en el hombre de estilo. Y lo probó con creces anteayer en su entrevista reconociendo abiertamente como una grata o ingrata sorpresa la verdad que le habrá acompañado siempre a sol y a sombra y que sólo ahora es en el trance audiovisual de su entrevista que se siente con fuerzas de reconocerla y propagarla, harto ya sin duda de llevarla a cuestas, como a escondidas. La Movida -años 70 y 80, precisamente los de la Transición (mítica)-, y la Heroína   Y es de justicia el que sea el fatal binomio acabe reconociendo al final. De justicia poética o sea. A los promotores de aquello -de la Movida y de la Transición- en lo que tuvo de gratuito, de arbitrario y de transgresor (sic) -por democrático que fuera-, que si algo tenían que pagar, lo pagaron con creces en sus hijos y descendiente como lo están pagando hoy con el Fentanilo- y los miles muertos o enganchados en las calles de los Estados Unidos. Signo mayor pues de la época aquella que nos brinda la preciosa coartada a los refractarios, a la inmensa minoría a los silenciosos de España (dormida) que rechazamos el cambiazo aquél, en donde no nos reconocimos -ni nosotros ni la m que nos parió (como dijo aquél, sencillamente porque no podíamos, sin herir o transgredir nuestra identidad individual y colectiva: Identidad igual a doble contradicción, como sentenció en nombre de la Lógica, el filosofo atípico, Wittgenstein, brindándonos la clave de enigma. Del sentido de nuestras vidas. Y el de la existencia colectiva. Lo que buscó -sin encontrarlo?- la Movida (madrileña)


"Cuando a alguien no le gusta lo que dices, eres un rojo o un facha. Es algo terrible" (Ramoncín) ¿Signo o atisbo de la contradicción en lo hondo de las grandes personalidades? Y de su identidad individual y colectiva 


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