viernes, enero 02, 2026
CRAS MONTANA, LA SUIZA DE CENTRO DE ATENCIÓN
Foto del lugar -en la estación de invierno de CRAS MONTANA-, donde se produjeron los hechos del incendio atroz. Está tomada por el diario "Le Nouvelliste", que me acompañó fiel los años en los que estuve ingresado en el Seminario de Ecône. De una (tenaz) etiqueta y reputación -entonces- de diario "maurrasiano", con todo lo que ello conlleva y quiere decir (...) En (inmejorable) botón de muestra de la memoria aparte de la Suiza, sobre la II Guerra Mundial -en la que no participó-, algo de lo que dejé constancia en este blog
Poner el pie en la entrada al Nuevo Año para darse de bruces con el Absurdo, cuanto más absurdo más horrible e insoportable aún. Como las escenas que ayer leímos sin verlas, y que nos hicieron parar la lectura como electrizados o electrocutados (como me ocurrió a mí). La de un niño -de los participantes en la fiesta de Fin de Año, en CRAS MONTANA-, huyendo sin ropas y en llamas por la calle (...) Y de ese enmudecimiento que se ha apoderado de todos ante la Tragedia indecible, me decido haciendo un ímprobo esfuerzo salir (ya), y es para expresar mi mas sentido pésame y mi solidaridad sin reservas con las victimas de la tragedia y con los habitantes del lugar, de ese entrañable cantón suizo del VALAIS, donde viví (intensamente) unos años que quizás fueron -por paradójico que pueda parecerle a algunos (*)- de los mejores de mi vida. Suiza, el país más rico -¿y el más bonito?- y el de mayor standing, de Europa y muy probablemente del ancho mundo. ¿Lo que explica mi apego, mi preferencia? Que se piense (de mí) lo que se quiera. Es un hecho que Suiza me marcó (al rojo), tal y como lo dejé consignado en alguno de mis más sentidos poemas. Y lo que sobre todo me mueve a darle aquí a la tecla por compasión con su desventura. Por lo intenso -como digo- de mi estancia más larga allí -en el Valais-, y por lo duro que fueron mis etapas de regreso años después. Lausanne, bella y glacial, llegué a escribir, como la sentí y la viví deambulando de noche por el pavimento nevado de sus calles alumbradas y desiertas. Qué lejos y qué cerca todo aquello (aún) de mí!
Y confieso que no me decidía (del todo) a abordar este suceso de la crónica de actualidad, tan dantesco, en espera del esclarecimiento definitivo de las causas del lance funesto. Ante el bulo o rumor -como una mosca detrás de la oreja-, reproducido en algún diario (fuera de toda sospecha) que veía en el infausto acontecimiento un atentado (sic), con el telón de fondo en la guerra de Ucrania. Que no. Como ha quedado claro en los medios. Pero un bulo que vuelve a poner en foco la vocación milenaria de este país alpino, grosso modo en el centro de la Europa que conocemos (y que vivimos) En el cruce de sus caminos como es el caso de Bélgica también, y además, un poco aparte, como un balcón y un refugio estratégico. por donde pasan rozándola sin romperla ni mancharla las hondas corrientes de la Historia en suelo europeo, tal y como sucedió en la II Guerra Mundial, lo que habrá legado al alpino país, una memoria colectiva, neutra y atípica, o en mayor grado todo ello que la de los grandes países que la circundan por completo. Y eso es lo que explica -que aún (confiteor) no me lo expliqué del todo- que pudiese nacer e irradiar desde allí una obra tan insólita, tan atípica y tan incorrecta y a contra/corriente como fue el seminario (tradicionalista) -"integriste"- de Ecóne en el que estuve cuatro años ingresado.
Que con ello, todo se explica, y sin ello no se explica nada de nada de aquello. De esa sombra protectora, me explico, de tutela (maternal) -de lo que sólo me percaté, visto desde fuera años después- que gravitaba sobre el seminario aquél -apolítico (sic) por definición- y que (fatalmente) proyectaba sobre Ecône y todos los que acudíamos allí, la memoria (bien viva y despierta) de la Colaboración, léase, la de los vencidos de la II Guerra Mundial, en la que Suiza no tomo (militarmente) parte, fiel a su tradición (diplomática) de neutralidad, lo que la salvó de la menor nube de represalias, venganzas y ajustes de cuenta -de parte de los vencedores-, que fueron el lote o la suerte de los perdedores al final: Y lo que hizo que Suiza sirviera de refugio (sic) después, en la posguerra a destacadas figuras del bando de los vencidos que fatalmente acabarían todos ellos -doy fe- transitando por Ecône. Pero el (sorprendente) bulo al que aquí hice alusión no se explica sólo por eso.
Y es si no se tiene en cuenta una particularidad de CRAS-MONTANA, de lugar donde se produjo aquel suceso atroz, su reputación de estación de invierno exclusiva, de élite, de refugio, y lugar de reunión de altos magnates de la política y de las finanzas, CRAS MONTANA y más concretamente, el lugar -restaurante de lujo- donde se produjo el suceso atroz. La Suiza pues, fiel a sí misma y a su tradición de encrucijada del Destino, y de centro de atención. Y más vulnerable pues. Por lo que se merece toda nuestra atención, y nuestra conmiseración
(*) Por haber vivido allí en el Seminario de Ecòne y vista la trayectoria de secularización -sin olvido ni reniego alguno- que habré seguido hasta aquí
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