MOLENBEEK, el barrio (más) musulmán de Bruselas (80% de su población). Gobernado durante décadas por Philippe MOURAUX (Partido socialista) y últimamente por su hija. Nido de terroristas (leído en los medios): de donde salieron tres de los autores de los atentados de París (noviembre 2015) Botón de muestra del fracaso de una sociedad multicultural. Y además, imagen de marca de todo un país. Bélgica "empezada" -"entamée"- por la invasión silenciosa, y España, detrás de ella. Ese es el contexto insoslayable en el que se va a celebrar el juicio contra Cecilia HERRERO, puesta en la picota por los medios, y acusada de un delito de odio, de racismo, xenofobia y no sé cuantas otras cosas
¡A losh marroquíesh no nosh gushta que nosh llaméish morosh! ¿entiendesh? Así me espetó -de tono quejoso y de un acento dolorido - en el acento y en el énfasis proverbiales -suyos y de los suyos-, un joven marroquí -al que yo no llamé así (como él dice)-, con el que me pusieron en celda (angosta) de a dos, los aprendices de brujo que decidían de aquello en una de las cárceles de Bruselas por la que (durante semanas) transité -siempre con mi gesto de Fátima a cuestas- los años que residí en Bélgica, y en la que se encontró también aquél -limpio de un pasado cualquiera de delincuencia- a su vez, preso, por qué?, por lo de siempre, trapicheo o trafico de drogas. Una experiencia que a fe mía me puso (decisivamente) a prueba como ya lo conté aquí y en mis libros también, y que tuvo algo de iniciático y es en la medida que me enseñó no poco sobre ellos y la manera de tratarlos. Sobre ellos y también -debería decir- sobre nosotros en el juego de espejos en el que nos vemos fatalmente envueltos, en cuanto que se nos obliga por una razón u otra (de fuerza mayor) a afrontarlos y en definitiva a compararnos. Y viene a cuento de la acusación -por unos hechos (declaraciones publicas en suma, de hace más de cinco años) que se ven a priori cubiertas por el derecho (constitucional) a la libertad de expresión, a falta de prueba (judicial) en contrario- de la que se ve objeto una edil de VOX, que podría valerle además de una pena de inhabilitación, la friolera de tres años (tres) de pena de cárcel, o de un año y dos meses en su defecto, y todas las penas segundas y terceras que un caso tan cargado de polémica como lo es éste, traen fatalmente consigo -doy fe- a guisa de suplemento.
Unas declaraciones -de hecho, unos tuiteos- mucho más discutibles -y opinables- que censurables. Y a modo de botones de muestra, pasen y lean: "El moro nos está invadiendo mientras se rearma" "Invasión consentida y patrocinada por el gobierno traidor" "España a los moros" "Basta de patrocinar al moro. Los recursos nacionales para los españoles" "Los moros nos invaden. Ceuta y Melilla son de España. Quieren conquistar dos ciudades que nunca fueron suyas" "Esas palabras son beligerantes y el gobierno debería haber puesto en su sitio al moro ya" "Tanta reconquista para terminar pagándoles la invasión a los moros" "Moros, putas, coca y mariscada" Lo que no traduce em primer lugar y a primera vista, más que un problema -nuestro, de todos los españoles- hasta hoy irresuelto, Y es un problema de Memoria que amenace seriamente nuestra unidad e hipoteca nuestra supervivencia como Nación y como pueblo. Memoria de la guerra civil, memoria del Desastre de ANNUAL -que un consenso creciente en la historiografía apunta como la causa mayor y principal de la guerra civil del 36-y memoria de la Reconquista indisociable de la primera.
Y en función de lo cual, léase predominantemente si no exclusivamente, en el plano histórico de la Memoria- es como hay que juzgar el termino de moro en sí -claramente definido en la RAE- y su uso y en especial, la carga ofensiva o discriminatoria del mismo lo que es perfectamente discutible -y rebatible- en el caso que nos ocupa, y es en la medida que los visibles designios de la persona que los utiliza no son esos -ni la ofensa ni la discriminación- sino la defensa de nuestra identidad individual como colectiva. CECILIA HERRERO, ¡HONOR Y ABSOLUCIÓN!
Rezo musulmán -proselitista- por las calles de Paris. Expresión de una realidad sociológica (innegable)-la presión demográfica musulmana en la sociedad francesa-, de la que surgieron la consigna programática de la remigración, y la teoría del Gran Reemplazo (Grand Remplacement), léase la sustitución -programada, planificada- por una población foránea -mayormente musulmana- de la población autóctona europea. Una tentativa (¿más? Y no entro en polémica)-de enfrentar y resolver el insondable enigma que supone -y el dilema fatal que plantea- la pérdida o desaparición de la Identidad Colectiva de Pueblos y Naciones en Europa


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