jueves, abril 30, 2026

CULTURA TRANSTERRADA Y NIETOS DEL EXILIO

 

Cuenta UMBRAL en Palabras de la Tribu que hizo una vez una visita al Rastro madrileño, acompañado del escritor Eduardo ZAMACOIS, recién vuelto del exilio, al que UMBRAL preguntó si aquello le gustaba, si le recordaba al Rastro que él conoció. "Sí", le respondió, "pero le falta la mierda"  A lo que UMBRAL comentó: "no íbamos a estar treinta años soplando la mierda para que ustedes la encontrasen fresca". Glorias y miserias del exilio y de la expatriación. De sus hijos y de sus nietos  

Ley de nietos. ¡Lagarto, lagarto! Como diría GARCIA LORCA. Y mi espontánea aprensión sobre este (melindroso) asunto van en aumento tras la lectura completamente casual navegando en Internet, de las certeras declaraciones de Isabel AYUSO denunciando la amenaza de un estallido social (sic) con la susodicha ley  de principal detonante, seguido éste del otro melindroso asunto de la regularización de inmigrantes. Estallido social, lo que es decir, por la vía de las urnas, lo que se traduciría en un reventar (sic) las próximas elecciones conjurando así el fantasma -que se le anuncia por todos los caminos- de un desastre electoral que Pedro SANCHEZ no consigue del todo ahuyentar con el aplazamiento sine die -rayando en lo inconstitucional- de unos nuevos comicios. ¿Españoles (todos), compatriotas nuestros por propia definición los hijos y nietos de los exiliados? ¿Abstracción hecha -se sobreentiende- de diferencias políticas, ideológicas o simplemente sociológicas? Vayamos punto por punto. 

El exilio es un real drama para los que lo viven como para los testigos de ello por muy inocentes y ajenos a ese drama social que sean, y no digamos si a la realidad humana sociológica del exilio se añade como elemento indisociable el trauma de la guerra civil, pero eso ya es otra historia -de la que habrá tratado en abundancia y con su crudeza y realismo exigente y sin concesiones tan proverbiales, Francisco UMBRAL, especialmente e sus memorables galerías de escritores y sobre todo en los apartados que en ellas dedica a los autores del exilio (Leon FELIPE, Rosa CHACEL, Max AUB, Alejandro CASONA y siguen las firmas)- no exactamente idéntica pues a lo que aquí contar estoy queriendo. Y pienso en primer lugar en un tipo o género de expatriados atípicos, distintos, comparados al exilio de la guerra civil, y es el que ofrecen los llamados pied noirs, de origen español se sobreentiende, y me refiero con aquella expresión a los europeos -franceses en primer lugar y también españoles e italianos- habitantes de la Argelia francesa -inmigrantes en su origen, ellos o casi tos ellos (o sus antepasados) y que pasaron a engrosar en su abrumadora mayoría las filas de la OAS durante la guerra de Argelia. 

Con los que a menudo -los pied noirs españoles, me refiero- me crucé y tuve ocasión de tratar, en Francia, en el marco de la Fraternidad sacerdotal -San Pio X- de Monseñor Lefebvre tras mi paso por el seminario de Econe, muchos de ellos, me figuro, en posesión de la doble nacionalidad, o simplemente de nacionalidad francesa. Franceses pues, ¿sólo de nacionalidad? La pregunta se impone y era a la vista del contraste -triste, desolador- entre la riqueza y soltura de su cultura, de su lengua (et civilisation) francesas, que expresaban con tanta soltura (y tanto desparpajo algunos de ellos, y ellas) y a su lado, la pobreza (franciscana) de su cultura hispana y de su dominio o de su ignorancia (patéticos) de la lengua española. Desalentador para un español, para mí, desde luego . Y si a eso, como digo, se le añade la barrera igualmente discriminatoria derivada de las trincheras de la guerra civil, el reto o desafío a una estricta igualdad sin sombra ni complejo de superioridad alguno, supera a veces las simples fuerzas de españoles a cuerpo limpio -como fui y lo fui siempre yo- por los desiertos de Europa. Otra especie o genero aparte de expatriados españoles en Europa -en Hispanoamérica el relato y la temática al respecto son lógicamente muy  distintos- lo son los emigrantes de corrientes migratorias que surcaron a rachas décadas de posguerra. 

Hueso duro de roer para mí en mi larga expatriación, a los que reservé tal vez juicios equivocados por razón de fuerza mayor, léase de la distancia que me imponían barreras históricas, ideológicas y sociológicas que erigían más bien ellos y no yo, y que fatalmente me ocultaban aspectos de esa realidad expatriada, emigrante, que se me acabaron revelando claves de explicación de esa barrera o diferencia que yo mal soportaba y difícilmente comprendía. Como lo era la situación de dependencia (sic) en muchos planos y aspectos de aquel colectvo con el exilio propiamente dicho, lease con los exilados que no volvieron por voluntad propia o con sus hijos y descendientes que pudieron -unos y otros- proseguir libre y alegremente la internacionalización de la guerra civil del 36, en su calidad de beligerantes del bando de los vencedores de la II Guerra Mundial en el 45. Blanco y en botella. Consciente del espeso tabu que infrinjo, expresándome asï, que rodea todo lo que se relaciona con la posición de España en el plano internacional. Visto todo ello desde fuera of course, de la burocracia UE (española o extranjera)

¿Españoles pues -esos nietecitos-, en toda regla o de pleno derecho, o españoles hasta las cachas, como declaraba jactancioso Laureano LOPEZ RODO, ante el invencible sonrojo de Francisco UMBRAL? Se nos puede permitir el dudar, a falta de ciertas condiciones mínimas que brillan por su ausencia en la nueva ley, la del arraigo (como no podía menos de faltar) Transterrados (*) todos o casi todos ellos como sea. Con tal que no nos transterren al conjunto de los españoles

Anne HIDALGO, alcaldesa (socialista) hasta no hace mucho de París. Figura prototípica del exilio español en Francia, y de su (enorme) peso político (el suyo y el de sus de sus descendientes) ¿Española "en toda regla"? Sin duda. ¿Española cien por cien? Culturalmente más francesa que las francesas, como sea. Transterrada la emigración española en Europa, como la cultura de la que dan muestras,  y en modo alguno un semillero de cultura española en tierra extranjera 

(*): Un término y concepto que acuñó en su exilio mexicano, el filósofo español, José GAOS, muerto en México, que para él fue su patria de trasterrado, la que él llamó su Patria de destino

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