"Bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay más dialéctica que la dialéctica de los puños y las pistolas, cuando se ofende a la justicia y a la Patria"
(José Antonio, Discurso fundacional del Teatro de la Comedia, 29 octubre 1933)
Se habrá acusado a la Falange de responsabilidad política e histórica y de culpabilidad moral colectiva en la espiral de violencia callejera de la primavera del 36 que nos llevó a la guerra civil. Tan grande no fue su culpa. Y es en la medida que sobre la cuestión -irresuelta entonces como de nuestros días- de la violencia, gravitaba de cerca la indefinición en la materia, de la Iglesia, y su enseñanza confusa y contradictoria sobre aquella. Cuando se ofende a la justicia (?) Más ponderada, atinada y equilibrada hubiera sido en JOSÉ ANTONIO la mención del Honor ofendido (sic) que no hubiera llevado a interpretar -de forma mucho más laxa- la dialéctica joseantoniana como una (simple) licencia para responder a la violencia por la violencia- a muchos de los más ardorosos (como indefensos y amenazados) de sus seguidores y partidarios
No fui violento en mis años de universidad, en una Universitaria madrileña tan marcada por la violencia. Y pongo por testigo uno de mis viejos amigos, periodista y miembro a la sazón de la redacción del País que cuando me detuvieron en Fátima describió -en artículo al respecto (que alcanzó fuerte difusión hasta hoy)- del mencionado diario, mi actitud y postura en aquellos años (universitarios) que precedieron a mi detención, en unos términos -"vehemente, pero no violenta"- que yo comparto plenamente, a riesgo no obstante de verme en seguida desmentido por culpa de un incidente del que se hizo eco la prensa (española) cuando me detuvieron en Fátima, varios años pues, a seguir aquello.
Y fue que ante un cartel -a modo de los dazibaos- pegado en el muro del hall de entrada de la (antigua) Facultad de Ciencias Políticas y Económicas en el que se atacaba claramente -a base de insultos y términos duramente ofensivos- la memoria de José Antonio PRIMO DE RIVERA, me decidí a arrancarlo yo solo por mi cuenta, tras lo cual se me echó encima una pequeña avalancha de aquellos estudiantes enrabiados (de izquierdas) -como los "enragés" del mayo francés-, y fui agredido, empujándome todos ellos contra una (gran) puerta de cristal que afortunadamente no cedió, lo que me habría costado muy caro, probablemente la vida, o al menos mi integridad física en seria medida (*) No me quejé no obstante -en su momento, si se puede hablar así-, aunque lo denuncié eso sí, cuando me detuvieron en Fátima-, asumiéndolo simplemente en cambio, como un gaje de mi militancia política e ideológica de entonces, y (sobre todo) del clima de violencia, léase el estado de guerra híbrida que se vivía entonces en las facultades de la Universitaria madrileña, y que en resumidas cuentas yo mismo viví (para dejarnos de eufemismos).
Y viene todo este largo preámbulo a cuento del escándalo (enorme) y la (gran) agitación creados en la capital asturiana del Principado por el incidente violento del que habrán resultado agredidos y heridos dos jóvenes "anti-fascistas", a manos de otros jóvenes de ideología contraria. Con lo que se viene fatalmente a evocar la espiral de violencia callejera - a unos niveles de violencia (la de entonces) no propiamente comparables-, la del primer semestre del 36, que nos llevó (directamente) a la guerra civil. Y aquí, dada la gravedad no propiamente del incidente en sí, sino de los niveles de polarización que el incidente y la respuesta al mismo habrán sabido poner (en nuestros dïas) de manifiesto, me parece de necesidad y urgencia imperiosas el plantear la (grave) cuestión ideológica hasta niveles propiamente filosóficos, subyacente en ese fenómeno de violencia (en espiral) - (históricamente) endémica- que se demuestra o manifiesta como sustancialmente irresuelta en teoría, como en la práctica, entre españoles La cuestión filosófico/teológica perteneciente a la Tradición primordial (mayormente europea), tanto como el debate propio de países que viven en democracia.
Y en lo que al ámbito doctrinal filosófico y teológico se refiere cabe alegar la doctrina católica en la materia, confusa y aleatoria, como lo ilustran diversos capítulos de la Historia de la Iglesia -tales que las Cruzadas, en diametral oposición a la enseñanza de las encíclicas de los últimos papas (concretamente opuestas a la doctrina -tradicional- de la guerra justa (2), y de la legítima defensa)-, lo mismo que la división reinante o latente al interior de la Iglesia -entre progres e integristas- a seguir al Concilio Vaticano II. Y en lo que al debate en la sociedad secular -en democracia- se refiere, séame permitido sacar a colación aquí un autor crucial en esa materia. No otro que Georges SOREL, y sus célebres "Reflexiones sobre la violencia" que habrán sido indistintamente consideradas como fuente de inspiración del fascismo y de sus postulados legitimadores de la violencia, y a la vez, como una versión revisada o revisionista de la doctrina marxista, a saber como una culminación (teôrica) del postulado de la lucha de clases.
Esta obra y su autor habrán sido calificados por su reciente -e ilustre- prologuista como exponente de un autor (y un pensamiento) anómalo, y de un pensamiento anti-Ilustración. En reconocimiento implícito de la actualidad de la obra, y de la dignidad (sic) del autor y de la idea o conjunto de ideas que nos transmite en la referida obra. Se esté o no, de acuerdo con la(s) tesis que se defiende en ella
(*) Llegaron hasta el extremo de pretender -sin conseguirlo-, prender fuego a la ropa que yo llevaba
(2) Como atinada y oportunamente alegó David VANCE, vicepresidente de los States, ante el papa PREVOST

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