Prohibición en la Constitución austriaca, a propuesta del Partido Popular austriaco (ÖVP) -de centro derecha- del Islam político. Una señal potente que marca el camino a la clase política de todos los países de Europa
Austria, la Marca Oriental -Ost Mark (en alemán), es lo más lejano geográficamente y a la vez lo más cercano -en los terrenos histórico y cultural- de España y de los españoles entre los países de lengua y cultura alemana. Así desde luego lo fue bajo el Imperio de Habsburgo, que acabaría adoptando la denominación de Imperio-austro-húngaro, o mas abreviadamente, la de Austria-Hungría, lo que explica en definitiva -por esa vía, esa alianza imperial- la numerosa presencia de húngaros en España, exiliados o refugiados muchos de ellos, en las largas décadas de posguerra que precedieron a la caída del Muro. Su nutrida presencia y con ella, explicada también, la cercanía cultural y temperamental -y la cordialidad- que se desprendía del contacto con ellos, sin parangón con otros inmigrantes o colectivos europeos, como lo ilustra la extraordinaria popularidad de la que gozaron en España destacados futbolistas de aquel origen , tales que Ladislao KUBALA, Ferenc PUSKAS, Sandor KOCSIS y Zoltan CZIBOR (entre otros) Austrïa e Hungría, especie de placa giratoria por donde pasa la línea Norte-Sur, que divide por la mitad, por el medio -midden- el continente europeo.
El Norte y el Sur, el Rin y el Danubio o sea. Llegué a conocer el Rin -a su paso por Dusseldorf, junto al castillo, allí cerca en la otra orilla, en todo lo alto, de Federico Barbarroja (de valquirias, nibelungos y demás)-, pero no el Danubio ¿como una disyuntiva que decidió (y presidió) mi destino? No lo sé, pero lo admito. Como sea, si hubiera seguido mi trayectoria por el Danubio (azul) -el de los valses de STRAUSS, de Sissi emperatriz- el gran río de la Europa del Sur me hubiese hecho descubrir Austria en todo su encanto y hermosura, lo que no llegó a ocurrir, limitándome a una corta visita a Viena la capital austriaca -y del antiguo Imperio - en una etapa fugaz viniendo de Polonia -Año 1980, de la era SOLIDARNOSC allí-, de la que no retuve ni recuerdo gran cosa sin duda porque no me impresionó impresionado en cambio y un poco deslumbrado ( lo confieso), tras mi paso por Berlín en la etapa inmediatamente anterior.
Por Berlín y mas exactamente por el ambiente de fiesta que se vivía allí de noche cuando por allí pasé, cerca de la KURFUHRSTENDAM, la vieja avenida -de carruajes palaciegos, de príncipes y princesas de la época imperial-, de la que algunos de los transeúntes con los que yo me cruzaba cuando yo pasé por allí, los de más edad, debían decirse aquello de quién te vio y quien te ve, ante aquella larga calzada tan frecuentada y a la vez tan polvorienta que no parecía -recorriéndola como yo hice, de un extremo al otro- pegar o cuadrar con carrozas, si no con cuadras más bien, y caballerizas. A un viejo esplendor, lo que se parecía asemejar, a un mundo que murió, que se fue para no volver ¿nunca más?
No era todo aquello desde luego lo que se vivía y lo que se sentía en aquella noche en fiesta justo al lado de allí, entre cervezas, y salchichas y un gran festival de mozas rubias, y gran estruendo y jolgorio, presidiendo todo el conjunto la efigie de la campeona Steffi GRAFF en una pantalla gigante, en la plazoleta aquella cubierta de cervecerías, de cervecerías a-le-ma-nas, habría justo que precisar, que no son cervecerías como otras cualquiera, como por ejemplo las españolas, sino más bien, catedrales de la cerveza, de varios pisos (con sus balconadas o balcones) y una primera planta central (todas llenas a rebosar) como a no dudar lo fue aquella tan memorable -la Burgerbraukeller (con capacidad para 1830 personas)- y a la vista de la de Berlín no era difícil visualizar lo que en la de Munich -el dïa del putsch- ocurrió (...) Y justo al lado de aquella plazoleta -para contemplar el cuadro- se erguía majestuosa la (evangélica) Sint-Paul Kirche, localizada justo en el centro de Berlín, completamente restaurada y reedificada tras ser repetida y salvajemente bombardeada durante la II Guerra Mundial.
Viena no era Berlín desde luego, el día que yo la visité y cualquier parecido con la realidad (alemana) -el de aquella cervecería austriaca-, mera coincidencia a la vez. Pero una misma impronta identitaria en las dos visitas me pareció descubrir (y de propósito no entro aquí en polémicas) ayer y hoy cuando acabo de leer en la prensa de hoy martes la iniciativa del partido popular austriaco (ÖVP) -no ultra sino de centro derecha- buscando a introducir en la Constitución austríaca la prohibición (sic) del Islam político, lo que parece marcar a todos los países de Europa el camino a seguir. Y el camino español también amenazado por el desafío marroquí


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