Foto -todos en un drakkar-, con la que se ha presentado la selección de Noruega -liderada por el futbolista (delantero) Erling HAALAND (centro de la foto) - en el Mundial de fútbol. Rompiendo así espesos tabúes, entre ellos el que rodea a las incursiones vikingas en países europeos -España y Portugal incluidos-, y el legado incontestable que (nos) legaron. Y también en torno a las incursiones aquellas. ¿Simple reacción -defensiva, nórdico/pagana- estas últimas, ante el (agresivo) proselitismo cristiano/romano de los misioneros, beligerantemente anti-nórdico y anti-pagano ? Es lo que en este blog venimos manteniendo. ¿Algo más pues que una simple foto? ¿Señal de un empuje identitario, el de una identidad colectiva puesta (seriamente) en jaque -allí como en todos los países nórdicos- por la inmigración (mulmana) en masa y su invasión silenciosa? La pregunta encierra la respuesta
El futbol ¿no más que un juego? (como lo acabo de leer, justificándolo de un sesudo razonamiento) O al contrario -¿política además, o historia?- más o mucho más que eso? No lo sé, no zanjo aquí, pero voy a seguir el juego, como nos invita un comentario en la prensa de hoy a cuento del match del mundial Noruega-Francia, y es que se me antoja ver la Historia o el relato histórico colándose o abriéndose paso entre los tiros, pases y regates de los jugadores, y en las mentes no sólo de los entrenadores sino también, tanto entre los directivos de los clubes contendientes como entre la masa de hinchas de unos y otros, y de simples aficionados. Como en el Francia-Noruega de hoy, que a algunos comentaristas les complace de ver y de leer en clave de un pasado/vikingo, que viene a interponerse -en el plano de la Historia, y el de la Memoria- entre las dos naciones. Lo que sin ser francés me concierne o me interpela a mí (un poco) como ellos dicen. Y es en la medida que ese tema -el de las invasiones vikingas- viene (fatalmente) a contradecir, desmentir o poner en entredicho -o en revisión- el relato (histórico, e histórico/filosófico), que oí e hice (un poco) mío, como si me entrase por perfusión, los años que permanecí entre franceses, en el Seminario (tradicionalista) de Ecône.
Lo que explica sin duda algo que acaba de sacar a la luz un notable historiador francés, y es que la historiografía francesa y sus historiadores se "saltaron" ese capitulo vikingo de la Historia de Francia, desde hace un siglo hasta hoy. Ello -esa "Saga de los vikingos"-, en provecho de un relato edificante, oficial u oficioso, o una versión estereotipada a cuenta de la conversión -y del bautismo- de los francos, y de su rey Clovis (Clodoveo I) y de su reina Clotilde, a manos del obispo (saint) Remi -y su ampolla milagrosa- , en la ciudad (baptismal) de Reims. Todo ello tras la victoria franca -frente a los alamanes- en la batalla de TOLBIAC (426) que Clovis atribuyó a su voto de antes de la batalla de convertirse al cristianismo (todo ello acorde a la Historia de los francos -o Diez libros de Historia-, de Gregorio de TOURS) Y a partir de ahí, empieza a correr una historia de Francia sacralizada, o si se prefiere, una historia de la Iglesia (en Francia) secularizada más bien, siguiendo aquello que predicaría BOSSUET siglos más tarde, de que la Historia (universal) no viene a ser más que la Historia de la Iglesia y sus combates (...)
Como se pondría de manifiesto en la batalla de VOUILLÉ -que MENENDEZ PIDAL llama (por su cuenta) Vogladerunt-, en donde los francos de Clovis (Clodoveo I) se impusieron a los visigodos, poniendo así fin -en nombre del cristianismo (ortodoxo) de Nicea, y frente al a(r)rianismo de los visigodos-, al Imperio visigodo de Toulouse (abarcando éste a ambas vertientes de los Pirineos, inclusive a gran parte de la Península, y prefigurando así la España visigoda) Y en esa visión "bautizada", sacralizada de la Historia de Francia, no tenía por cierto cabida ninguna ese episodio o capitulo vikingo -y de sus invasiones-, de una presencia (vikinga) en suma, más extensa y duradera en Francia de lo que hasta hoy se creyó. Y ese lapso u olvido del pasado vikingo de Francia y de los franceses, ofrece una connotación más que evidente de tipo político o ideológico y en estrecha relación con capítulos relativamente recientes de la Historia de Francia contemporánea, de la Segunda Guerra Mundial en particular.
Y es a causa o por culpa del prejuicio anti-germano que los referidos conflictos (mundiales) legaron a la sociedad francesa a cuenta ello de un legado cultural y religioso católico/romano y latino, que saldría en vencedor -hegemónico (en la historiografía francesa)- del desenlace de la ultima guerra en el 45. Y ello explica a su vez -rompiendo con lo que aquí adelanto, espesos tabúes-, el fuerte arraigo de la Colaboración -con el ocupante alemán- en la sociedad francesa, comparativamente más fuerte y extendido allí que en los demás países europeos, algo objeto de un consenso (relativamente) unánime entre occidentales, y de lo que el Régimen -filo/nazi y filo/fascista- de VICHY- ofrece cumplido testimonio. Lo mismo que la emergencia en la política francesa del RN-FN (Rassemblement National, de Marine LE PEN) Y no entro en polémica.
Régimen de Vichy, "Estado francés" El pasado que no olvidamos, no, por supuesto que no. Lo que fue y lo que pudo ser y de un tris no fue. Testimonio mayor de unas raíces germánicas innegables en la Historia de Francia y en la sociedad francesa que tras el desenlace de las dos guerras mundiales, la Memoria y la historiografía francesa se obstinan en obviar (desgraciadamente)








