"La mayor pena en Brasil es de treinta años, yo llevo cuarenta y tres penando por un pecado que no cometí" ("El hombre que murió dos veces")
Moacir BARBOSA, un nombre que dice poco o nada (apuesto) a los que aquí me estarán leyendo. Portero -negro- de la selección nacional de futbol, brasileña, que jugó de guardameta en la final de la Copa del Mundo -16 de julio 1950-, Uruguay-Brasil, en el estadio de Maracaná -el "Maracanazo"-, en donde al Brasil le bastaba con el empate para llevarse el título y el trofeo, y que perdió no obstante por un gol que le metieron a su guardameta. Por el primer palo (...) Jornada histórica en el Brasil que acabó siendo un día de lágrimas, de quebranto y de duelo (negro) allí. Por culpa de aquel portero. Todo el país esperaba el pitido final para festejar, con los titulares periodísticos de "Brasil campeao" compuesto de antemano, y millones de banderas. medallas, llaveros, sellos, caramelos, cepillos, corbatas, vinchas, colgajos, gorras, cajas de cerillas, cajas de cualquier cosa, pines, chicles, camisetas, discos, banderines, latas de frijoles...Todo lo que se pueda imaginar atestando los almacenes del país entero. Al Brasil le bastaba empatar, pero ganó Uruguay 1-2, por el primer palo el segundo gol (...) Los almacenes repletos tuvieron que vaciar sus contenidos en los basureros y quemarlos.../...Todo el país se sintió humillado. A Zizinho le reservó el perdón, a Barbosa le enterró bajo el rencor, un rencor espeso, nacional, que no se curaría nunca.
Hubo quien le ayudó. Aún jugaría hasta 1955 en el Vasco de Gama donde le apreciaban, pero hostigado en todos los campos.../...Donde quiera que jugara le acusaban de lo mismo: de vendepatrias. En 1963 se sustituyeron las porterías del Maracaná y alguien tuvo la vitriólica idea de regalarle la del gol fatídico. La quemó aunque se quedó con un trozo que sus herederos subastaron.../...La obsesión le perseguía. Lo más duro lo vivió ya en los sesenta, en el supermercado, donde una mujer le señaló mientras decía a su niño de cinco años: "Mira, este señor hizo llorar a todo Brasil un día" (...) Ya anciano, perdió su esposa por un cáncer que agotó sus ahorros y el Vasco de Gama tuvo la piedad de entregarle una pensión vitalicia. Falleció con setenta y nueve años de un derrame cerebral, en casa de su hija adoptiva. El escritor mexicano Juan VILLORO le catalogó como "el hombre que murió dos veces". Hasta aquí el relato del "enterrado en vida a causa de un gol por el primer palo" (*) Y prosigo, contando con que los que aquí me leen, hayan terminado de reír, por lo cómico del (clamoroso) suceso.
Tragicómico más bien. Tragicomedia, la palabra (e idea) que faltaba en este célebre -aunque olvidado- caso. Que explica sin duda -me doy sólo cuenta ahora-, el ataque de risa nerviosa, a sacudidas, que me produjo sin remedio su lectura. Por la cargazón trágica, dramática, sin duda, que llevo a cuestas desde hace cuarenta años -44 para ser exactos-, por lo que a fin de cuentas no fue más que una simple broma. ¿Una broma? Saltarán como leche hervida aquí algunos, que ya les estoy oyendo. Sí, pesada y todo lo que se quiera, pero una broma a penas. Un gesto pueril, (cas) infantil o sea, mi actuación en Fátima. El gesto y la declaración -que me diga la confesión- que se siguió, que fue lo que me condenó, impensable sin duda hoy dado el discurrir desde entonces de la jurisprudencia en vigor -en Portugal, España y en otros países , que no da valor de prueba a la confesión del acusado. ¿Quería matar? Padre ¡perdónalos porque no saben lo que dicen! No sabía lo que quería entonces, pero lo vine a saber justo después, cuando alcancé a calibrar el (innegable) impacto mundial de mi gesto, de denuncia, de protesta, -de mi acto fallido o sea-, y de todo lo que se siguió, en tribunales, en los medios y también sin duda en la comunidad de los fieles, o de la Iglesia en comunidad "urbi et orbe". Y eso es lo que realmente yo quería e iba buscando.
Y la prueba por el nueve me la aporta -además de todos los gritos convenientemente recogidos y difundidos en los medios, que entonces proferí-, nos la aporta como digo, a mí y a los lectores asiduos de este blog, el sueño tan plácido que se siguió en mí a todo aquello. Dormí como un bebé, la única vez (que yo recuerde) desde que dejé de serlo (...) ¿Roto de cansancio, de la tensión sostenida y del esfuerzo realizado, me replicarán aquí quizás algunos? (aprendices de brujo) Sin duda, pero con el peso de un crimen encima mía -y ¡qué "crimen"!- no hubiera podido aguantar, sostener todo aquello, y dormir a pierna suelta en la sala aquella donde se me recluítodavía mucho menos!
Y no quería matar porque no era ni soy -ni nunca me sentí- ni un criminal ni un asesino. Y no quería matar además -siguiendo un célebre aforismo de NIETZSCHE que cursó (nota bene) estudios universitarios de criminología-, porque no maté, en definitiva: que cuando alguien confiesa querer matar y no consuma su acto, prueba por lo sucedido que no era aquello lo que quería realmente o andaba buscando.
No quería matar pero pagué como si lo hubiera querido. En pena de cárcel, en Portugal, y posteriormente en Bélgica por dos veces. Y en unas condiciones de detención que no le deseo a nadie, sobre todo los primeros meses preso. Bajo el peso de la atención mediática -hostil-, de los medios en Portugal, en España y "grosso modo" en el mundo entero. Lo que me hacía (socialmente) condenado de antemano -¿donde estaba, pero dónde (¡Virgen bendita!), la presunción de inocencia ni nada que se le pareciese?- hasta el punto que discurriendo por los pasillos y galerías -a titulo de ejemplo- de la primera cárcel portuguesa (de preventivos) por donde pasé, al atravesar de una galería a otra de una de aquellas rotondas que las separaba -prisión en forma de estrella, modelo inglés (era victoriana)- una masa de reclusos amarrados a las rejas de la rotonda aquella, viéndome pasar prorrumpían sin falta (azuzados por los grandes titulares de los medios) en gritos de ¡ASESINO, ASESINO!
O al interior de aquellas alas o galerías infernales, donde reinaba el caos y la violencia, y donde la menor autoridad brillaba por su ausencia (¿a imagen del Portugal de después de Abril aquél? No lo sé) -sí en cambio, los más salvajes ajustes de cuenta, en linchamientos y palizas sin cuento a cargo de cabecillas, por supuesto-, y donde fui objeto de agresión, defendiéndome a fe mía sólo con mis propios medios. Una odisea que se prosiguió (no obstante en bemol) en la prisión de maxima segurança -Vale de Judeus- a donde se me trasladó (de urgencia) para garantizar -y no es broma- mi integridad física, en una prisión como aquella donde reinaba un régimen riguroso y estricto -para "grandes criminosos"-, pero dentro del orden y la disciplina (Una Alcatraz portuguesa, en definitiva)
Y la Odisea se prosiguió en los años de expatriación que se siguieron para mí, tras irme voluntariamente de mi propio país, de puertas cerradas por todas partes como me vi al salir de Portugal tras tres años y medio allí preso. Ante la incomprensión familiar de mi gesto de Fatima, confiteor. Pero la gota que desbordó el vaso -la que me hizo escaparme (sin que nadie me echara de aquí)- es algo que ya consigné en este blog.
Y FUE que estando observando los tableros de anuncios en la Escuela Diplomática -de Madrid- a donde fui a parar siguiendo los consejos de mi difunto padre, con vistas -habida cuenta de mi título de licenciado en Derecho- a concurrir a las oposiciones de ingreso allí, fue la orden terminante de abandonar (inmediatamente) el edificio que me comunicó de golpe un empleado de la seguridad, de parte -me notificó expresamente- del director de la Escuela diplomática entonces, el señor Marqués de TAMARON.
Tras lo que se siguieron treinta y ocho (38) años de expatriación en Bélgica, en los que viví a mi aire, precariamente y a la vez en dignidad, sin que dejase de pesarme mi pasado a cuestas, sobre todo en las veces que sucesivos pontífices, Juan Pablo II y Benedicto XVI, fueron de visita allí, a causa de las medidas de supervisión y vigilancia (a distancia no obstante) de las que me sentí objeto.. Lo mismo que el último con el que allí -en Bélgica- coincidí, el papa FRANCISCO, pero éste se merece un párrafo o capítulo aparte. Como el que le reservo yo aquí. "Cuarenta y tres años penando -grosso modo- por un pecado que no cometí" (díxit Moacir BARBOSA, ¿o YO?), no puedo librarme de esa glosa
Tragicómico Mi pasado, lo mismo que el destino que de aquello se siguió después. "Dindon de la farce" (en francés) En el centro de las burlas o en medio de la broma (pesada) Así es como a todas luces me siguen viendo muchos y así es como me sentí al final en Bélgica, con aquella visita papal. A tenor de las miradas brillantes de ironía tras la ventanilla, de las carcajadas de los policías (en cuarto aparte, hablando a todas luces de mí) en aquel despacho de la policía belga en el centro de Bruselas -Ixelles- a donde me dirigí tratando de conjurar mis resquemores a cuento de la vista papal, y confiándoles mi pasado -léase mi gesto de Fátima (¡ingenuo de mí!)-, tras lo que no tardaría en confirmarse aquello coincidiendo con la llegada del papa Francisco como por casualidad: meses y meses sin techo como nunca ni en Bélgica, ni en España ni en parte alguna me vi, donde le vi el rostro al espectro (sin rostro) de la Muerte Civil ¡santo horror!. Lo que tuvo su comienzo precisamente entonces (¡ay de mí!) Y con razón.
Que el papa argentino transitó por Bélgica a toda prisa y en sigilo, casi sin más tiempo que para llenar el campo de futbol (Stade Baudouin) de "sus adeptos", como en secreto o a escondidas aquello ("black out") Y ante todo eso , no podían permitir -ni ellos (la OCAM en concreto) (2), ni el Papa tampoco (...)- que un electrón por libre, peor que eso, un aguafiestas, pudiera quedar durante la visita papal, fuera de contol o fuera de juego.
Una broma pesada ya digo -lo expuesto y otros pu-te-a-mien-tos (que omito aquí)- que tardé en ver llegar confiteor, en vérmelas venir, pero que cuando lo vi, me faltó tiempo para volverme aquí (a mi país) Y es lo que temo o recelo a fe mía que con el Papa PREVOST me pueda volver a ocurrir. Ya se fue, y pese a mis (negros) presagios no me sentí objeto -ni de vigilancia a distancia tan siquiera- de cualquier medida, ni por parte de la Policía Nacional, ni de Protección Civil, ni de la Guardia Civil.
Pero ante esta escandalosa unanimidad en los medios y en la clase política -todos sin excepción (ni siquiera VOX, ¡ay dolor!) a derechas y a izquierdas y a la derecha de la derecha-, atizándonos (sabrosas) lecciones de moral ("católica" tirando de incensario ad majorem gloriam del papa PREVOST, los discrepantes nos sentimos (fatalmente) señalados. ¡NO NOS REPRESENTA!
¿Por cuenta o por culpa de una (humana) ideología, como nos reprochan turiferarios fuera de toda sospecha (y BIEN dentro del redil por favor!) ¿Y qué nos predica si no "su" papa PREVOST ¿pura doctrina (del Magisterio) espiritual o teológica, todas esas frases tan suyas, tan vacuas, crípticas y sibilinas -y tan ideológicas- de alzad la mirada, de amor armado y desarmante y cosas así, que no hace -tan contento de ellas- más que repetir: Obras son amores y no buenas razones, reza -en castellano- el sentido común.
Menos palabras o palabreo -sobre la plaga (sic) y más actos concretos contra la pedofilia eclesiástica, y más escucha a la victimas, es lo que nos hubiera llamado a circunspección y a desistir de seguir apostrofándole. ¡¡¡ PAPA PREVOST, CORRUPTOR Y ENCUBRIDOR !!!
(*), el conjunto del texto, recogido por mí en ciertos pasajes y hasta en sus titulares, acaba de ser publicado en "366 futbolistas (de todos los tiempos que han hecho historia)" del periodista y( comentarista deportivo, Alfredo RELAÑO
(2): Organe de Coordination pour l'Analyse de la Menace (Órgano de coordinación para el análisis de la amenaza), máximo organismo, puesto en marcha en Bélgica tras los atentados terroristas -jihadistas- de Bruselas de 2023-, "que trata de los informes e informaciones sobre terrorismo, extremismo y radicalización problemática". Fueron ellos los que -sin expulsarme- me obligaron, tras 38 años de residencia (ininterrumpida) allí, a irme de Bélgica