El rey Harald V de Noruega -Abuelo de la Nación- habrá fallecido el pasado viernes 28 de agosto, a la edad de ochenta y nueve años. Se le habrá visto llorar (por vez primera), tras la matanza de UTOYA. ¿Sentimiento de culpa?
La primera, en la frente. Islandia, el país o uno de los países mas antiguos por definición, en la formación de Europa -de Norte a Sur-, acaba de decir No a las negociaciones con vistas a su adhesión a la Unión Europea. y las carcajadas se habrán oído dentro y fuera del barrio cerrado -como un ghetto, doy fe- de las instituciones europeas. Barrio aparte, y barrio español por antonomasia, y era por la nítida presencia de euro/funcionarios españoles que lo caracterizaban, que hacían de él un barrio especial, en la capital belga, no uno cualquiera, y de los que lo frecuentaban, un público ( de enchufados, de privilegiados) y un mundo aparte también, desagradablemente familiar, y fatalmente inhóspito -así al menos lo veía yo que viví casi treinta años en otros barrio pero no lejos de allí-, que siempre lo evité por un sexto sentido o un sexto instinto reflejo, como si los que lo frecuentaban no fueran mis compatriotas, sino del PSOE, o como si siendo así, lo fueran (un poco) menos, o sea. Blanco y en botella (como se dice en España ahora)
¿Razones del No? No estarán siendo divulgadas en los medios (*), y encierran un hondo enigma, pero ciertas respuestas a ello son fáciles de suponer, en el conjunto de los países nórdicos, caracterizados por una afluencia masiva de inmigración -musulmana, no europea-, a extremos de disolución, o de serio peligro o amenaza de ello, y del irreductible choque de culturas que trae consigo, de culturas más que de lenguas o de etnias (...) De lo que es fácil igualmente de suponer que la población allí -nórdica, autóctona- lo atribuya o eche de ello las culpas a la UE y al coladero de ese aflujo en aluvión que es -doy fe, del montón de años que viví allí y de los otros (casi otros tantos), cerca de allí- que lo fue y lo sigue siendo Bruselas, y por extensión el conjunto de la nación, Bélgica. Un país -como lo vengo repetidamente denunciando, dentro y fuera de este blog- "empezado" desde hace ya un rato ("entamé") por la invasión silenciosa. E ilustración (revelador) de ese absceso (migrante) -como un chancro cancerígeno- lo habrá sido el acto o el gesto -acto y gesto por partes iguales como lo fue (comparaciones odiosas, mi gesto (incruento) de Fátima-, de Anders BREIVIK, o sea la matanza de UTOYA .
"¡Pesadilla cruel, el sueño de una España sin Reconquista!" (triste y fúnebremente) escribió Claudio SANCHEZ ALBORNOZ, a la vista de los grados de islamización que se habían alcanzado en Andalucía, como un descargo de su vida y de (toda) su obra de historiador de renombre e insigne arabista, en sus últimos días a través de su obra "De la Andalucía islámica a la de hoy", de todas las suyas la más tardía. Una crueldad (sic) la del sueño y la de la respuesta (trágica) a la que en Noruega -país de mi ascendencia familiar por la vía materna- aquel sueño habrá dado lugar, perfectamente homologable y que por partes iguales me habrá inspirado.
La crueldad (sic), por los niños -o muy jóvenes- atrapados, y disimulándose muertos para salvar sus vidas(...), en aquella carnicería (de UTOYA), y por el destino cruel-de disolución- que parece estarle reservado a mi Noruega querida. Ilustrado por el llanto que le mereció aquello -la primera y única vez que se le habrá visto llorar en público- al rey Harald, "el abuelo de la Nación" fallecido la semana pasada. ¿Atisbo apenas -por detrás del llanto- de un sentimiento de culpa?
Saludando de puño cerrado, Anders (BEHRING) BREIVIK, autor de la matanza de Utoya. De lo que no se habrá arrepentido hasta ahora. Nuestro apremiante deber ante aquello pues, es tratar de elucidar y de explicar los móviles públicamente proclamados por el autor y protagonista de aquella tragedia
(*): la protección de sus aguas pesqueras, léase la soberanía sobre la principal industria y fuente primero de la riqueza económica del país es avanzada como argumento central del NO a la adhesión a la UE. Y detrás de ello, continúan los analistas, se puede detectar la pulsión soberanista y "nacionalista" islandesa













