¿Alma Mater de la España de hoy la esposa del Presidente? Puede que (para algunos) lo sea, No entro al trapo de esa cuestión melindrosa, todo menos pertinente. Pero de ahí -o sea, partiendo de cero-, a codirectora (sic) de un curso de máster , reconocida por todos y rodeada de colaboradores y colaboradoras (...) El cuento de la (rubia) Cenicienta, o sea. Seamos serios
La Catedrática (sólo una forma de hablar) lo tiene crudo, lo menos que se puede decir, tras
la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid, de avalar la decisión del juez PEINADO -alabado sea su Santo Nombre (A
lhamdu lillah rab al Alamin)- de someterla (por cuatro delitos,
malversación,
tráfico de influencias,
apropiación indebida y
corrupción en los negocios) a un jurado popular. La Audiencia Provincial recoge no obstante en su decisión, de los cuatro delitos nombrados, sólo dos de ellos,
la malversación y el
trafico de influencias. Los corifeos en la televisión pública del inquilino de la Moncloa y de su entorno más próximo
llevan por su parte ya tiempo insistiendo en
el escaso valor -comparable
mutatis mutandis con el de las joyas de ZAPATERO (...)- de los beneficios obtenidos por aquella -14900 EUR en un solo curso académico (recalcan los corifeos), sin llegar así siquiera a los 800 EUR, ni siquiera los dos tercios del SMI mensual fijado para 2026, en 1221 EUR-, en su puesto en la administración universitaria y en el patrimonio publico a él asignado.
Obviando o subestimando así
el prestigio (sic) derivado del puesto o de la función -de catedrático- que Begoña GOMEZ (FERNANDEZ) habría con su nombramiento recabado. Y
last but not least, el poder y la influencia social, académica y profesional que conllevaría el puesto y el ejercicio de la función aquella (por donde viene el escándalo)
Catedráticos de Universidad, lagarto, lagarto! Y sé un poco de lo que hablo, de mi paso por la Universitaria -
Universitas Complutense, Facultad de Ciencias Políticas y Económicas-, finales de los sesenta, principios de los setenta (en el reinado ya de Don Juan Carlos)
Catedráticos vitalicios, emplazados en la picota de la subversión estudiantil, y en la primera de la lista de sus reivindicaciones el año que yo allí entré,
un curso universitario crucial -aquel de 1966-67, cuando encallaron al nacer, por culpa del rechazo -orquestado por la subversión organizada- de la masa estudiantil,
las Asociaciones Profesionales de Estudiantes (A.P.E) dirigidas por Juan Luis ORTEGA ESCÓS, del que nunca más se supo, en la política ni en la crónica española de actualidad (hasta la fecha) Y corolario de aquella operación (conjunta)
de acoso y derribo, de
aquel emplazamiento, de aquella puesta ( colectivamente) en entredicho o en acusación de todo el estamento (superior) docente universitario, lo fue sin lugar a dudas
el eclipse aquel semejable a una dimisión colectiva, de aquella corporación, de la que se puede decir que brillaron por su ausencia los años que por allí pasé.
Con notables excepciones no obstante -en la excepción que confirma la regla, a contar a lo sumo con los dedos de la mano-, de las que pienso, por supuesto, hacer mención aquí. Y el primero que me viene a la mente de los pocos que recuerdo y menos aún, de los que visualizo, lo es Don José CASTAÑEDA catedrático de Teoría Económica (I) que dio su nombre -entre la masa estudiantil y en la jerga que utilizábamos, el de Galerías CASTAÑEDA- a la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de la que era Decano y de la que lo sería hasta la separación o escisión en dos facultades distintas (el año que siguió) Y del que el ultimo recuerdo visual que guardo aún lo es uno de esos vejámenes de los que por entonces se verían fatalmente objeto él y otros de sus colegas académicos -le quitaron en burla y escarnio el sombrero o algo así de lo que recuerdo-, y ante aquello, él debatiéndose como podía, llegó a decir en su descargo que había sido (verdad o no) oficial republicano en la guerra civil. Ni por esas (de como estaba el patio) Otro (ilustre) exponente del estamento docente lo fue Don Juan VELARDE FUERTES, que fue mi profesor (catedrático) de Estructura Económica (I), al que nunca vi en clase (por lo menos yo) y al que sin embargo sí llegué a conocer y a hablar personalmente con él en su despacho del Decanato, el tiempo (breve) que desempeñó aquella función.
Y fue que en uno de aquellos incidentes que se repetían in crescendo dentro de los claustros y los pasillos aquellos, y sobre todo en el hall grande de entrada de la Facultad un grupo de los más rabiosos -"enragés"- de los estudiantes aquellos, pegó en una de las paredes del hall, en signo de provocación, uno de aquellos consabidos carteles -como los dazibaos de la Revolución cultural- que recogía graves mancillas y acusaciones a la memoria de José Antonio PRIMO DE RIVERA, y me dirigí a pedirle a él que lo hiciese retirar, ante lo que me recibió atenta y correctamente, y tras lo que aquel cartel (discretamente) desapareció. Lo que no obstante no impidió, que volvieran a la carga uno o dos días después, ni el que yo me lanzase por mi cuenta a arrancar aquello, y a verme envuelto en un encontronazo -de muchos contra uno- que de puro milagro no tuvo un desenlace fatal. Y fue que me agredieron empotrándome literalmente contra una de las puertas grandes de cristal de aquel hall que contra lo que cabía prever no estalló en pedazos, no se desintegró (...) Y de todo ello, por lo demás, se ocuparon a profusión los medios cuando años después me detuvieron en Fátima (tales aguas, tales lodos, pensaría alguno de los energúmenos de entonces. pienso yo)
Y otro que me viene a la mente lo fue Eugenio LOSTAU del que ya hablé aquí en este blog, que no era propiamente catedrático sino profesor (adjunto), de Políticas. No otro que el trasunto del personaje de "Eugenio o proclamación de la Primavera", de Rafael GARCIA SERRANO, best-seller de la primavera del 36 (en la antesala de la guerra civil) De como lo vi salir expulsado -siempre el mismo hall- con una prestancia y una serenidad impactantes, seguido a una (prudente) distancia de la masa vociferante a los (consabidos) gritos de "¡Fuera fascistas de la Universidad!". de semblante sereno, paso firme y pausado, y la mano derecha en el bolsillo (...)
Y en fin
last but not least, el ultimo nombre que quiero sacar aquí a colación -y del que aquí también hablé lo es el del que fue mi catedrático de
OCPH -Organizacion, Contabilidad y Procedimiento de la Hacienda Publica española-, rama general Quinto de Económicas.
César ALBIÑANA y GARCÍA QUINTANA. Al que no vi nunca en clase, salvo el último día, el de los exámenes, que los
rogelios (como les llamábamos) querían impedir, boicotear,
pero que no lo consiguieron, gracias a Don César y gracias a mí, que dirigí -bajo la aprobación y el visto bueno de él- la operación de entrada en la Facultad (y en el aula de examen) del pequeño grupo de estoicos que entramos (sin violencias) pese al piquete de
huelga activa (como le decían) Y ahí vi brillar de nuevo -por un día (sólo y ¡qué más da!), por su actitud, su prestancia y su serenidad y maestría ante los huelguistas, y por el discurso que al pequeño grupo de estoicos él nos brindó- el lustre, el brillo y la luz de aquellos catedráticos vitalicios tan denostados de un tiempo que ya se fue pero que eran
el alma de aquella Universidad (Alma Mater), de la que pura coincidencia lo es el más mínimo parecido con la realidad de hoy, con la Universidad actual.
Excepciones a la regla? Punta del iceberg a eliminar o disolver más bien, los catedrático/vitalicios (y asimilados) para toda aquella masa de maniobra que era el estudiantado universitario español de aquel entonces, desorientados e interiormente desgarrados entre el legado o back-ground de su legado familiar y de su educación -los de la España de entonces- y la (brutal) mutación cultural a la que asistieron, signo (magno) de los tiempos aquellos. Y en cuanto tal , presas fáciles de indignación y de manipulación contra aquellos catedráticos que cierta propaganda fide -de izquierdas of course- retrataba de gran revulsivo para la Universidad como para la sociedad de entonces. Y ejemplos gráficos de lo que aquí decir pretendo , lo son dos nombres que me vienen a la mente esta vez.
Y lo son el que fue ministro de Felipe GONZALEZ, Carlos SOLCHAGA y Oscar FANJUL, su discípulo y escudero fiel como después se daría a conocer. en la política española, fuera de la Universidad. Que cuando el foco de atención de la mas rabiosa actualidad los dio a conocer en el teatro o escenario de la política española de entonces, años del felipismo -u de una era interminable de posesión y control del poder por el PSOE-, arrastraba ya un pasado agitado y polvoriento, de guerra asimétrica, y de agitación los dos. Y fue del combate tenaz y plagado de golpes bajos que riñeron al catedrático de Teoría Económica IV de entonces, Huberto VILLAR al que sordamente boicotearon con la ayuda de estudiantes adictos y consiguieron desplazar, haciendo que se quitara de en medio para ponerse ellos en su lugar. El uno, oscuro profesor adjunto con reputación de trotskista (sic) entre el alumnado, y el otro con el que entablé fugaz y efímera relación, hijo de exiliados de la guerra civil -en Chile-, y alumno de un colegio de curas (elitista) y de una narrativa y unas diatribas políticas -de izquierdas of course-, en extremo piadosas y llenas de unción
Por todo ello y mucho más, me cuesta mucho admitir que sean reducibles ellos y todo lo que representan a la ganancia en euros de la Catedrática, que esgrimen hoy sus adeptos para exonerarla de las (graves) acusaciones e imputaciones de las que se ve objeto. La condición de universitario o universitaria ¿acaso no es como una segunda natura, una comunidad fraternal -Fraternitas- que permite reconocerse a sus miembros, entre ellos? (...)
César ALBIÑANA y GARCíA-QUINTANA. Fue mi profesor -de OCPH-, en Quinto de Económicas (1971) Exponente brillante del estamento docente universitario, que fueron el alma de la Universidad (pública), ALMA MATER de la España de entonces. Terminé la carrera gracias a él, desafiando tanto él como yo como un (pequeño) grupo de estudiantes al piquete de huelga que pretendía impedírnoslo, sin conseguirlo, Fue en junio del 71, en la nueva Facultad de Económicad, campus de Somosaguas