Guerra civil (del 36) Desayuno, comida, merienda y cena. En el recuerdo, léase en las memorias, en los medios (por supuesto), y también en los libros de Historia y subyacente a ellos y en sus diversas corrientes, en la Historiografía sobre el tema. De lo que nos habla -o nos "desayuna"- hoy un prolífico historiador catalán, autor de un relevante titulo sobre el tema, y a la vez de un articulo en la prensa de esta mañana mismo -"Ahora que todos están muertos", donde describe en sus líneas maestras la evolución de la historiografía, y donde rastrea las diferentes etapas de la historiografía española en curso sobre la guerra civil del 36. Pero comienza el relato con una serie de cifras que dan idea de la magnitud y cuantía de la producción bibliográfica en la materia. Tres mil nuevos libros en castellano en los últimos veinte años. Mil doscientos en catalán, más de doscientos sesenta en inglés, casi ciento cincuenta en francés, y contando con lo publicado -en esos veinte años- en otras lenguas, se llega así a casi cinco mil libros (sin contar con artículos académicos, tesis doctorales, numerosas películas, series podcast, y cómics etcétera, etcétera)
En los años ochenta y noventa de resultas del olvido y amnistía que trajo consigo la Transición (concluyo yo), no se hablaba de la guerra civil o "no se sabía como hacerlo". Pérdida de la memoria familiar, diagnostica el referido autor. Y "la pérdida del miedo" -que se siguió- a abordar el tema tabú, coincidió con la aparición de conceptos -coincidentes a la vez nota bene con la etapa en el gobierno de José Luis ZAPATERO-, tales como "recuperación de la memoria", o memoria histórica (o democrática) Con un predominio de historias personales, relatos -de parte de testigos o familiares- "de víctimas o verdugos" Priorizando así la pequeña historia. ¿Por influencia -cabe preguntarse- de una corriente, "la petite Histoire", y de su máximo representante G.LENOTRE, de una obra, sobre la Revolución Francesa, las guerras de la Vendée, la historia de Paris y de sus barrios (...), de gran difusión en la historiografía francesa?
Con las leyes de la Memoria, la situación radicalmente cambió: exhumaciones, bancos de ADN, memoriales, resignificación (sic) de lugares, retirada de simbología franquista, y prioridad en el relato a la represión (mayormente, la del lado franquista) Con el pasar por alto consiguiente sobre los motivos, decisiones y aspectos políticos de la estrategia militar. En una suerte de reparación (histórica) democrática, que traería como respuesta lo que el autor llama reapertura interesada del pasado. Acompañada del surgimiento de una historiografía revisionista.
Con la puesta en duda del triunfo electoral del Frente Popular en febrero del 36. Responsabilizando a la vez, del estallido de la guerra al gobierno de la República, y justificando el estallido del conflicto en los Hechos de Octubre del 34, léase en la Revolución de Octubre (asturiana) Mientras la historia se convierte en un campo de batalla. Y se tiende a interpretar la guerra civil del 36 como la Primera batalla de la Segunda Guerra mundial, tal como yo lo hice -¿incluso con cierta anticipación?- dentro y fuera de este blog, concretamente en uno de mis libros (*) Y se empieza igualmente a cuestionar el final de la guerra civil (del Primero de abril de 1939) a base del concepto de guerra civil irregular: la que se dio entre la guerrilla del maquis y la contrainsurgencia (falangista), en los inicios de la posguerra.
Y se tiende a pasar a ver en la guerra civil, de una confrontación militar y política a un conflicto socioeconómico con diversos paralelismos y parangones en los demás países europeos. ¿Manifestación en suma de la lucha de clases, nuestra guerra civil? La pregunta del millón. Observándose -por el autor del artículo referido la concurrencia de dos miradas: la de la Academia (sic) -más arriba expuesta- y la de la Política que habrá pasado de tirar un (tupido) velo a hablar desde esquemas superados hace tiempo (léase, en los demás países), con la ciudadanía y los jóvenes -a través de las redes sociales-, más influidos por la primera.
Y aquí me erijo en historiador, por cuenta de mis estudios de Historia -concretamente del equivalente a un máster (licencia especial, tercer ciclo) con años de adelanto- en una Universidad belga, de una memoria familiar -la mía propia, además de mi memoria paterna, la de cautivo en zona roja durante la guerra civil.
Y amén de estudios y lecturas prolijas y continuadas por mi cuenta y de otros estudios y lecturas en una enseñanza colateral -en los años que estudié en el Seminario de Econe-, me erijo igualmente en tributario de una memoria francesa, del catolicismo francés -de antes de la Revolución- a añadir la de la Colaboración en Francia, que fueron las que me legaron en los años de convivencia allí mis compañeros franceses de Ecône. Lo que trato de compartir sin ninguna reserva, con los lectores asiduos de este blog