"Oiga, ese señor no ha pisado nunca España, lleva toda la vida fuera, no sabe nada de España, por qué va a tener derecho a votar. Y eso es un argumento que tiene su aquel" (Josep BORRELL, entrevistado en La Noche en 24 horas, de la Uno)
Laurent NUÑEZ (-BELDA), ministro francés del Interior en la actualidad. Hijo de padre y madre españoles, y exponente emblemático de oriundos-de-españoles, no como los otros (españoles), Y más franceses que los franceses (of course) -como los nietos de refugiados o expatriados- con un derecho a la palabra no obstante, del que no disfrutan los demás españoles allí residentes. Y es en tratándose del pasado común y en particular del pasado que no pasa sobre la guerra civil española (del 36) interminable. Que tienen como confiscado. a beneficio de inventario (¡ay dolor!)
Ley de nietos, vuelta y dale. Un debate a modo de culebrón interminable que habrá conocido ayer un brusco restablecimiento con las declaraciones del antiguo ministro socialista, Josep BORRELL. quien habrá logrado -y quien lo hubiera dicho- descolocar, desestabilizar al intocable FORTES (Javier) -a él y a sus (mordaces) lecciones de moral en la televisión publica (La Noche en 24 horas)- a base de un sutil y suave comentario u objeción de esos que dejan sin habla, y es de por el (silencioso) electrochoque que producen o provocan. Nacionalidad y derecho al voto no van juntos (sic) Ni en Alemania (sic) ni en otros países europeos. ¿Y por qué lo tendría que ser en España, entre españoles (y nietos de españoles)?
Y si ese es un argumento que tiene su aquel (como él dice), la prueba de su fuerza de impacto lo es el hecho que desborde en otros debates y situaciones, y el que (nos) plantean a mí por lo menos lo que yo llamo oriundos (de españoles), que pululan en la política y en el estrellato mediático o periodístico por cima de los Pirineos, en Francia muy particularmente, ellos y el derecho a la palabra del que disfrutan por encima de otros nacionales (franceses) -o incluso de otros españoles allí residentes- esos oriundos -franceses segunda o tercera generación-, en tratándose de España, pero no solo de su presente, de su actualidad mas o menos rabiosa o candente ni de su futuro (léase del que ellos nos tienen asignados) sino -y ahí esta el quid (o el cuac como los franceses dicen-, del pasado que no pasa, testigos privilegiados esos oriundos o la prueba por el nueve, de lo interminable de la guerra civil del 36, y de la especie aparte -comparable mutatis mutandis a una minoría étnica- de unos españoles que no son como los otros, de una memoria diferente, en nombre o por cuenta de la cual tienen nuestro pasado común confiscado, como a beneficio de inventario (¡ay dolor!).
Españoles expatriados, de la emigración de los cincuenta -en Europa-, ellos y sus descendientes, otro ejemplo de españoles que no son como los otros. Que llevan toda la vida fuera y que no tienen intención de regresar, si no todos ellos, no la tienen al menos sus descendientes, que son beneficiarios de una integración completa -aunque sea (socialmente) como ciudadanos de segunda o de tercera en muchos aspectos, que eso es otra historia- en el país de acogida (de un standing o nivel de vida sensiblemente superior...) , y que a todas luces tienen previsto garantizar su futuro allí, dando (deliberadamente) la espalda a un futuro compartido con el resto de sus compatriotas. Como lo prueba e ilustra a modo de botón de muestra la plaza de Saint Denys, en el extrarradio de la "commune" de FOREST, en la Aglomeración (casco urbano) de Bruselas, uno de los lugares de mayor concentración de la emigración española en Bélgica.
Plaza de Saint-Denys en el extrarradio de la "commune" de Forest, en la aglomeración (urbana) de Bruselas, lugar de fuerte concentración de la emigración española -años cincuenta- en Bélgica. Especie de ghetto, visto desde una línea de tranvías y autobuses que la circunda a cierta altura, y en los que yo pasé por allí. Botón de muestra de una especie de españoles que llevan toda la vida fuera, y que no tienen intención de regresar -no la tienen al menos sus descendientes- y que a todas luces tienen en cambio previsto garantizar su futuro allí, dando (olímpicamente) la espalda a sus compatriotas. Si fueran alemanes no tendrían derecho al voto (of course)





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