sábado, septiembre 26, 2026

MI MEMORIA DE LA GUERRA DE ARGELIA (VI)

"La guerra es el sol negro que hace madurar a los hombres" (Apócrifo. Frecuentemente citado por Jean Marie LE PEN)


"Mercenario de la República", Bob DENARD. Último mercenario. Hablándome de él, el responsable de la Seguridad de la Real Biblioteca (Royale) de Bruselas, Jerome ROELANTS, con un pasado a cuestas de para comando en el Congo ex-belga, me confió haber combatido a su lado. Ferviente anti-comunista -desde el principio al fin- su carrera comenzó de policía militar en Marruecos francés antes de su independencia. Y justo después, en la guerra de Argelia, Bob DENARD, opuesto a los acuerdos de paz con el FLN, tomó parte en una tentativa de atentado contra el primer ministro francés, Pierre MENDES-FRANCE (1954). Jerome le debió hablar de mí, el caso es que con ocasión de la visita a Bélgica de JUAN PABLO II, estando yo allí, hizo unas insólitas declaraciones a la prensa belga, diciendo que contra la opinión generalizada, el papa polaco no tenía enemigos sólo en la izquierda sino también (sic) en la extrema derecha. Con lo que me di por aludido (...) Fue un gran aventurero, no exento de mística guerrera y de inspiración poética. Como cuando evocaba "los cielos claros en las noches heladas de los desiertos del Yemen", donde transcurrió parte de su trayectoria. El mercenariado  (contemporáneo) no es más que una tradición occidental, europea, que arrastra una leyenda de calumnias muy negra. Fue sólo un (sub) producto de la guerra fría y de la descolonización que orquestó urbi et orbe, la Rusia soviética en la posguerra. Con sus grandezas y sus miserias

Nunca encontré a nadie que me diera un apretón de manos, tan franco, tan fuerte y tan cordial como él, y con tamaña expresión en el rostro de sorpresa. Fue saliendo del estudio, al final de un programa de reality show -"Les tueurs"- de la cadena TF1 de la televisión francesa, y a donde fui invitado tras una entrevista que me publicaron en un semanario de actualidad belga mis primeros años allí, y en la que intervenimos los dos, yo antes que él, narrando abiertamente mi gesto de Fátima y él, inglés, contando su escalofriante experiencia de mercenario en África. De su aterrizaje en la república de Benín (antiguo Dahomey) en apoyo de una tentativa de golpe de estado que acababa de fracasar y tras lo que se vieron envueltos en un tiroteo de armas pesadas en el aeropuerto, ante lo cual los integrantes de la expedición decidieron de pronto replegarse, quedándose rezagado el referido mercenario inglés, que se vio obligado a ganar el avión a toda prisa, por la parte trasera, por debajo a punto de despegue, mientras la aeronave recogía la plancha de carga y descarga por la que aquel se lanzo a ciegas, mientras que le cubría la retirada un camarada, africano él, lanzando impertérrito obuses de su lanzacohetes uno detrás de otro, a pecho descubierto y completamente solo (...) Max de KERMORVAN era el nombre de guerra de aquel mercenario inglés que retuve hasta hoy, quien me contaba todo eso en detalle, a solas los dos después de la entrevista. 


Un libro de LARTEGUY escrito a seguir a su célebre trilogía "Les Centuriones", "Los Pretorianos" y "Los Mercenarios" Con el telón de fondo de las aventuras de un puñado de mercenarios y legionarios, y ambientado en un Congo belga sumido en el caos y la guerra intestina entre tribus y facciones, en el momento de su Independencia, en la fase final de la guerra de Argelia

El mercenariado europeo contemporáneo, subproducto de la guerra fría, tuvo su principal irrupción a seguir a la guerra de Argelia. Como lo ilustra y simboliza la celebre trilogía de Jean LARTEGUY, que embriagó de sueños de aventura  (guerrera) mi adolescencia, en mí como en tantos otros jóvenes españoles de mi generación (años sesenta) Los centuriones y Los pretorianos trataban directamente de la guerra de Argelia, mientras que el tercer titulo de la trilogía, "Los mercenarios" con el telón de fondo de la guerra de Corea, y otro titulo suyo que vino a seguir, "Las quimeras negras", ambientado en la crisis de la independencia del Congo belga, se encuadran en el fenómeno en general de la descolonización de África, en plena guerra fría.  

Y se me antoja que no es pura coincidencia si en ese relato memorístico que saco aquí a colación salga fatalmente a relucir Bélgica, pequeño país al que se adjudicó la colonia del Congo, la más grande de las que se adjudicaron  en la conferencia de Berlín (1884-1885) -bajo la égida del canciller Bismark-, primero en la persona de Leopoldo II -y de su Asociación Internacional del Congo-, y en 1885 al "Estado libre del Congo". Y la gesta colonial belga (sic) y su efímero destino se vería glosado con genio literario en un personaje de Las Quimeras Negras, el coronel de la Roncière, francés, evocando aquellas ciudades del Congo, tan bonitas, que habían levantado los belgas, que no habían sabido después luchar ni derramar su sangre por ellas (...)    


Jean SCHRAMME, belga flamenco, nacido en la ciudad de Brujas (25 marzo 1929-14 diciembre 1988) Fue colono y mercenario en el Congo ex-belga, y habiendo recibido formación militar en el Ejército del Congo (Fuerza Pública), combatió del lado de Moisés TSHOMBE en la secesión katangueña. Al mando del batallón Leopardo, de mercenarios en rebeldía, materializó sus principales hazañas en la guerra aquella. Se definía como un africano blanco, amaba al Congo como su patria y detestaba a los congoleños progres y bien  pensantes, partidarios de la independencia, que él no consideraba auténticos congoleños, como los que le llamaban padre a él. Era y lo fue hasta el final, claramente partidario de la colonización europea en África. Jerome me confesó haber sido testigo presencial en la barra de un bar, en Kinshasa, capital del Congo, de la ejecución con arma de fuego que SCHRAMME cometió, de un europeo al que acusaba de ser un delator y un traidor, por lo que fue inculpado más tarde ante la justicia belga y condenado a una pena de 20 años de cárcel, de lo que nunca respondió, habiendo terminado sus días en una plantación de su propiedad, en el Mato Grosso brasileño. En Bélgica, del lado flamenco, se guarda fielmente su memoria



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