Yo no tuve derecho a tercer grado ninguno. Me condenaron a seis años y medio de prisión (firme), a lo que se añadieron otros siete meses de condena por desacato al tribunal, por el número -retrasmitido en los medios urbi et orbe- que monté o sea. Cumplí, un poco menos de la mitad exacta, tres años, seis meses y siete días- mitad de la mitad en cárcel de preventivos (como jaula de un casa de fieras) y la otra mitad de la mitad, en prisión de máxima seguridad, Vale de Judeus, para "condenados", un Alcatraz a la portuguesa, pero un paraíso comparada a la anterior -con orden y disciplina-, por paradójico que parezca. Y tras mi comparecencia ante el juez (portugués) de aplicacao das penas -un trago amargo que a nadie le deseo, por lo humillante y por la guerra de nervios más que otra cosa-, salí en libertad provisional a la mitad de la pena, el 20 de noviembre (sic) -magia de las fechas- de 1985, de vuelta a una España que me costaba reconocer deambulando por la calle en Madrid, por lo sucio y por lo viejo como si los años de mi ausencia hubieran acabado siendo muchos más y me hubieran transportado a mi regreso a una España que no la reconocía ni la madre que la parió, como si le hubieran dado esa pasada (sic) -socialista- que le vaticinó un Alfonso Guerra en su época de poder y de gloria.
Y viene todo esto a cuento del anuncio de la concesión del tercer grado -y puesta a seguir en libertad- de Henri PARROT, uno de los etarras más sanguinarios condenado a cuarenta años después que viera reducido su condena de por la doctrina que lleva (extrañamente) su nombre, lo que habrá valido una glosa mordaz dirigida a Pedro SANCHEZ de uno de los suyos fuera de toda sospecha, Emiliano GARCIA PAGE, que le acusa de vivir arrodillado ante minorías sanguinarias -léase de BILDU, tapadera de la banda terrorista ETA. Yo no viví en España los años del plomo (de ETA), cuando se cometieron los atentados más sangrientos, -entre ellos, el de la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza (1987)- de manos del etarra hoy liberado. Pero lo viví en cambio en Bélgica, donde denuncié públicamente la hora vasca (nacionalista-terrorista) que se vivió allí durante mi estancia allí, desde mi llegada -11 de marzo 1987- hasta los atentados del 11 de marzo (de 2004) cuando se diría que por primera vez a la opinión pública allí los atentados de la banda terrorista les hicieron -saltándose así esa conciencia colectiva a base de prejuicios, de bulos, de tabúes, culpabilizadora de España y de los españoles- moverse (doy fe) a reflexión y a la circunspección y se esfumó como por ensalmo ese ambiente de simpatía cómplice hacia el terrorismo (nacionalista) que se respiraba allí durante mucho tiempo desde que yo allí llegué.
Una denuncia y un contra-terrorismo mediático que practiqué abiertamente y sin descanso allí, en particular ante la campaña sin precedentes en un país europeo -en el contexto del asesinato por la banda terrorista (14 febrero 1996) del ex-presidente del Tribunal Constitucional, Francisco TOMÁS Y VALIENTE-, de enaltecimiento mediático-en primeros planos y en grandes titulares, propiamente apoteósicos (mayormente en la prensa flamenca)- de una pareja de (presuntos) etarras refugiados en Bruselas, detenidos en 1993, y objeto de demandas de extradición repetidamente rechazadas por la justicia belga, so pretexto de acusaciones en contra de la pareja refugiada obtenidas por la tortura y los malos tratos, que a pesar de la entrada en vigor (el 1 Enero 2004) del mandato de captura (mandat d'arret) UE, y de la visita a Bélgica pocos meses después de la demanda de extradición del entonces jefe de gobierno José Luis RODRIGUEZ ZAPATERO, consiguieron quedarse en Bélgica hasta obtener finalmente años después la doble nacionalidad. En un flagrante botón de muestra -del que fui testigo en primera fila- de la in-de-fen-sión del Estado español ,blanco del terrorismo, en el concierto internacional, y en el marco de la UE
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