martes, septiembre 01, 2026

CEUTA, FELIPE VI Y EL DUQUE DE ALBA


Felipe VI junto con el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan Jesús VIVAS. Y excluido y exonerdo este último, por propia/definición, de  responsabilidad alguna, la (inexplicable) tardanza del soberano a ir a la ciudad invadida, se debe a la autorización que no llega, del gobierno, y del inquilino de la Moncloa

Ceuta, o el polo Sur de la realidad geográfica y geopolítica española, Y Flandes, o el Norte que perdimos hace siglos (aunque no del todo) Dos parámetros y dos constantes históricos e histórico/geográficos entre los cuales discurre  el transitar de España como pueblo y como nación y que delimitan los rumbos y las metas de la nacionalidad española en el horizonte futuro. Y por encima, dominando uno y otro polo, gravitan de cerca las figuras de dos monarcas, Felipe VI en la crisis en Ceuta de hoy, y en las guerras de Flandes, la de Felipe II. Y una común gravitación que explica los paralelismos. Felipe VI que querría ir a Ceuta, como protector de la ciudadanía de la Ciudad autónoma, y como heraldo de la españolidad de la misma -seriamente cuestionada del lado marroquí-, pero obligado a esperar -hasta cuando?- a que el gobierno por boca del inquilino de la Moncloa le de su visto bueno., y lo decida. 

Y en una proyección de vuelta al pasado hasta el Flandes del Imperio español, se avista la figura de Felipe II, rey legítimo  -y a la vez desafiado por la insurrección protestante-, que no pudo o no se decidió a dar el paso y presentarse allí-cuando los habitantes de allí era eso lo que esperaban y lo que querían- y todo en la situación aquella se lo exigía. En su lugar mandó a su enviado, el duque de ALBA, que no hizo allí más que cumplir -fielmente- con las directrices y consignas que le llegaban de lo alto, en lo que estribaría su fracaso, que no fue el suyo, sino el del todo el Imperio español, del que Flandes -los Países Bajos (católicos) de entonces- vendría a ser la tumba. No fue el suyo el fracaso, lo repito, sino el nuestro, y lo fue de tal manera, que se ve hoy -doy fe de mi larga estancia allí- convertido en el mayor espantajo de la Historia oficial -de holandeses protestantes, como de católicos belgas, en menoscabo y para vergüenza y oprobio de nuestra buena imagen -española- en el cielo de la memoria histórica de los habitantes de allí, herederos o descendientes, de los coetáneos de los acontecimientos aquellos. 

Y en la crisis de Ceuta a la que asistimos y venimos contemplando, que esencialmente estriba en una puesta en entredicho, un cuestionamiento de nuestra soberanía y una violación de nuestra integridad territorial -a la vez que del respeto de nuestras fronteras, y frente a lo cual el debate nacional en los medios se ve enfrascado en un plano inferior, de la dignidad humana y de los derechos del hombre , importante pero netamente secundario, es al Rey en su calidad de soberano y de jefe de las Fuerzas Armadas, al que corresponde y compete actuar, de forma enérgica y urgente (y contundente) Por el bien de la Nación, y en garantía suprema del destino de sus súbditos, que habitan en ella. Y en salvaguarda de la Monarquía que la crisis actual en Ceuta, pone seriamente en jaque y en entredicho


Don Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba. Figura central de la Leyenda Negra anti-española, y espantajo mayor en la Historia belga de aquella época -guerras de Flandes- en agravio y desdoro de la imagen de España y de los españoles en la memoria histórica -reconstruida- de los católicos/belgas. Entre los que perdura -doy fe- la idea no obstante, que el retorno del rey legítimo Felipe II -que no llegó a ir allí- hubiera evitado todos o casi todos los males


No hay comentarios: