martes, septiembre 22, 2026

MI MEMORIA DE LA GUERRA DE ARGELIA (IV)



Cuarto 231 -con vistas al monte Jabalcuz- del Parador (castillo) de Santa Catalina en Jaén, donde se alojó el general DE GAULLE, y donde -tras su encuentro con FRANCO (8 de junio 1970)- redactó durante varias semanas sus Memorias de la Esperanza. DE GAULLE, político y estadista brillante y de dimensión histórica, admiraba (secretamente) en FRANCO lo que él no era, el general vencedor en los campos de batalla. Y por eso vio rápido y claro la solución política de la crisis y del conflicto. Y por eso no creía en una solución militar, lo que le ganó la enemiga encarnizada y tenaz de los pied noirs y del Ejército francés destacado en Argelia. Y también de los atentados de los que se vio víctima

La guerra de Argelia decidía la Independencia argelina -de la Metrópolis francesa- o el mantenimiento de Argelia unida a Francia como un departamento más, l'Algerie francaise. Pero acabó convertida en un referéndum por las armas, a favor o en contra del general DE GAULLE, que él acabo ganando por goleada, si cabe hablar así, al cabo de los diferentes capítulos y episodios de la guerra, y tras la sucesión de atentados que sufrió y a los que sobrevivió con lo que demostró y puso a prueba el poderoso talismán que le protegía, la barakha -pronunciado ba-r a-já en español- como la que los marroquíes del Protectorado atribuyeron a FRANCO en el despegue de su carrera, la del oficial más condecorado y de más rápido ascenso por méritos de guerra del Ejercito español. FRANCO y el General DE GAULLE, la comparación no odiosa sino forzosa. 

La que impone su cruce de trayectorias, que vino a simbolizar el encuentro de los dos -Castillo (Parador) de Santa Catalina en Jaén (8 de junio 1970)-, en el otoño de sus vidas, y en el crepúsculo, ya jubilado, de la trayectoria del segundo de los dos, que marcó al rojo la reputación del francés en un sector importante y limitado a la vez de su opinión pública y afianzó y reforzó en cambio su imagen -la suya como la de su anfitrión- del lado español. ¿Y qué tenían en común a decir verdad? Así visto de primeras, había una deuda de gratitud hacia el francés del español, de cuando DE GAULLE -en un trance a cara o cruz para el régimen anterior- desarmó al maquis tras el fracaso de la incursión del Valle de ARAN, que tuvo su punto de arranque en la capital francesa fronteriza de Pau.  Que se vería satisfecha no obstante en todo o en parte -la deuda aquella- con el prudente distanciamiento de la diplomacia y de la política exterior del régimen de FRANCO durante la guerra de ARGELIA, para con los sectores de activistas defensores a ultranza de Argelia francesa que se la tenían jurada a DE GAULLE. 

Pero por encima de todas las consideraciones habidas y por haber del orden de la geopolítica, de la diplomacia y de la política exterior cabe apostar en nuestra búsqueda por una química o una sintonía en el plano personal de los dos mandatarios, el francés y el español. Y eso se me antoja que no vendría más que a traducir la admiración soterrada del francés, líder político brillante y de la más alta dimensión histörica, pero sin la trayectoria ni la (brillante) hoja de servicios de su interlocutor en los campos de batalla. Lo que se ve refrendado en la carrera militar del francés tal y como se vería (críticamente) expuesta en la obra -de la que aquí hace poco hablé- de Dominique VENNER, "De GAULLE, entre le Néant et la Grandeur". En la que el futuro presidente de la V Republica, se ve retratado como un brillante tratadista -y noable escritor (de vocación), abogando -en claro adelanto a su tiempo- por el empleo estratégico en ofensiva, de la aviación conjuntamente con unidades acorazadas. Y como un mediocre mando militar a la vez, en cuya entrada en combate y bautismo de fuego en la Primera Guerra Mundial, en el frente francés, acabó siendo hecho prisionero (hasta el final de la contienda). 

Todo lo cual viene a corroborar y a rubricar las conclusiones que fueron expuestas en nuestras entradas anteriores sobre la guerra de Argelia, el tema en la presente entrada aún en cuestión. DE GAULLE militar brillante no podía creer en una solución militar a la guerra de Argelia, pero el político brillante que habitaba en él vio raudo como el rayo y claro como la luz la solución política que el conflicto argelino (le) ofrecía  y al mismo tiempo le exigía, y se empeñó en cuerpo y alma por hacerla realidad, sin atenerse ni enredarse en pruritos y consideraciones que daban la primacía al honor militar y a la palabra dada, obsoletas y anticuadas tanto para DE GAULLE -tal y como él bien lo demostró- como para una mayoría de sus compatriotas, con lo que -tanto estos como aquel- acertaron a expresar la voz de la auténtica Francia, "el país real" (de sus opciones, y de sus prioridades y preferencias) Y acabaría dándoles la razón el Tiempo que todo lo disuelve. "Lo que dura, perdura, lo que no, no 




Michèle TABAROT. Figura destacada de la derecha francesa, fiel a la memoria francesa de Argelia, y como tal, enemiga frontal de la cultura del arrepentimiento -de "la repentance" Nacida en Alicante (13 octubre !962). Hija de Robert TABAROT, campeón de boxeo de África del Norte -"El Peñasco" ("Le Rocher")- y dirigente de la OAS. Regresaron a Francia, ella y toda su familia en 1969, tras la Amnistía que acordó DE GAULLE a los activistas de Argelia francesa, a seguir a la revuelta de Mayo del 68. Exponente ella y los suyos como tantos otros, de lo que tuvo de "española" -como un eco de "La France espagnole" (s. XVII, Gran Siglo francés, Luis XIII y Luis XIV) (*)- la causa de la Argelia francesa

(*): "Luis XIV fue un rey más español que francés", de Ernst LAVISSE, célebre historiador del romance nacional, para enseñanza de la Historia de Francia a los niños en la escuela




      

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