viernes, septiembre 04, 2026

BAJO EL SIGNO MENGUANTE DE FREUD

Este artículo que aquí colgué hace ya varios años, registrado -sin publicar- como "borrador", y releído hoy me parece tan actual y pertinente como ayer. Falto no obstante de alguna nueva perspectiva, Y es un enfoque prestado de la Filosofía de la Antigüedad clásica, comparable a aquel del que me serví para abordar una introducción a la Filosofía de HEIDEGGER, a saber el mito de la Esfinge, y de sus dilemas, enigmas y acertijos. Entre los cuales figura en la cultura actual el psicoanálisis 



Esta obra de Michel FOUCAULT viene a expresar una puesta en entredicho de la psiquiatría criminal a día de hoy: léase de la criminalización del enfermo mental o del sometido a examen psiquiátrico, y del tratamiento penitenciario de estos. De lo que me permito aportar el testimonio, de mi propia experiencia sometido a examen psiquiátrico et de mi transito por anexos psiquiátricos -en Portugal y en Bélgica-- tras mi condena por mi gesto de Fátima 

La noche del Neón, una de las mas negras, mas insufribles, mas maléficas, si no la que mas de toda mi vida. Dura lex sed lex. La duralita -del neón- me enseño bien su rostro -duro, adusto, y cruel- justo al final de las dos semanas (dos) que pasé en anexo psiquiátrico, en la “jaula” reservada a los locos furiosos, cuando me detuvieron en el 2000 en Bruselas, con ocasión de la visita de Juan Carlos de Borbón a Bélgica. Si te niegas o resistes a lo que es natural -viene a decir un adagio francés, caustico, en su estilo- acabará volviendo al galope. Y si se duerme todo el santo día -a base de somníferos en dosis para caballos incluso ...- la noche, al llegar, no se pasa en dormir, sino que se vela...Y es lo que les ocurría a mis compañeros de "jaula" -siete, ocho, nueve- toxicómanos en fase avanzada de adicción (a las drogas duras) A todos ellos, salvo a mi. 

Y el lector (medianamente) inteligente ha comprendido ya sin necesidad de decir más al llegar aquí el escenario dantesco que me vi reservado aquellas dos semanas de infierno en el psiquiátrico belga. Tormento -de la gota de agua- tan fino, tan retorcido y tan sutil que parece o bien fruto (prístino) de la casualidad o por el contrario de una mente maquiavélica o simplemente (muy) experta en el tema (a la psiquiatría criminológica, me refiero, o a la criminología psiquiátrica como se quiera) Pobres tipos, amables y serviciales a ratos incluso, mis compañeros de “jaula”, pero que tenían el reloj cambiado, sólo eso...De día, a roncar, de noche a oír música a todo meter -con derecho excepcional a la M5 una cadena francesa para jóvenes, tratamiento especial, en su favor...-, a fumar, a comer y a vivir...en una habitación del cinco por tres, y a la luz del neón (¡Pesadilla cruel!)... Lo que iba a desatar, lógico se dirá, una lucha contra reloj en mi, contra la desesperación y la tentación de cometer una locura para terminar de una vez con aquel suplicio...Con la banda Bader en Alemania -comparaciones odiosas- acabaron así, uno por uno...A Ezra POUND, uno de los mäs grandes nombres de la literatura del siglo XX en los Estados Unidos, lo volvieron loco en el 45 -en la jaula en la que le tenían encerrado los que acababan de ganar la guerra- precisamente así, privándole de sueño, impidiéndole -mas o menos científicamente- el dormir ni tendido ni sentado...de forma que los psiquiatras encargados de testificar de su estado no tuvieron más que escribir y firmar sin mayores reparos y sin el menor rubor o vergüenza, que se había producido "un desplome de las facultades psíquicas y mentales del detenido", sin más. 

Como cuando apareció muerto en su celda de la prisión argelina Moisés TSHOMBE, a lo que se siguió un parte de defunción legendario, de antología, firmado por ocho o nueve autoridades clínicas supeditadas al dictamen de los responsables del régimen en la que se podía leer por junto -como causa de la muerte-, que el corazón del difunto había dejado de latir (....) 

La psiquiatría -o la psicología mas o menos patológica- reemplaza a la religión en el mundo de hoy, y los psiquiatras, a los confesores de ayer. Es un desafío (grande) que tarde o temprano a todos hasta a los más cuerdos de nuestro contemporáneos les tocará una vez u otra en su vida, el afrontar, o el resistir. En la Edad Media, en la España cristiana medieval -hasta Michel Foucault lo reconoció, en su "Historia de la locura"- el loco era un enfermo un pobre enfermo y se le cuidaba como tal -y se le mimaba incluso- y se le trataba de curar; en el mundo de hoy en cambio el paciente de dolencia mental (cualquiera) es un "maldito", sin derechos en la practica muchas veces, mas que a sufrir o a dejarse morir. Es el caso al menos -en mi modesta opinión- en la psiquiatría penitenciaría (o criminal)

Y de la gravedad del envite, de lo serio del debate, testimonió delante mía el profesor Pedro Polonio, catedrático (ilustre) de psiquiatría de la Universidad de Lisboa y nombrado presidente de la comisión "ad hoc" encargada de examinarme cuando me detuvieron y procesaron en Portugal. Y de ello daban muestras los comentarios que dejo escapar en los raros encuentros que tuve con él y con los otros dos miembros de la comisión: una de las veces por ejemplo, cuando me llegó a decir mirándome con semblante preocupado y serio que se estaba jugando su prestigio profesional conmigo. Y dio muestras sobre todo de su integridad y de su hombría de bien cuando al despedirse de mi al final me dijo -unas palabras que hasta hoy guardé-: "Vocé tem razao, voceé tem direito a sua liberdade interior". Y a partir de ahí,  me sacaron del anexo psiquiátrico y me pusieron en régimen "normal". Hasta que el escenario -en peor- se volvería a repetir bastantes años después. Como lote del destino, o signo de una especial vocación, a la sombra del psicoanálisis de Freud...Y con la marca indeleble -a lo que parece- de la guerra civil española (en el recuerdo); como me lo llegó a decir, al despedirse también otro de los miembros de la comisión "ad hoc", en Portugal. De una guerra que yo no viví (...)

FREUD, ya lo he dicho aquí en este blog, fue junto con Marx uno de los grandes rehabilitados del Concilio Vaticano (dos), pero a la diferencia de este ultimo no se vio implicado ni poco ni mucho en nuestra guerra civil. Y hasta sería interesante el indagar y descubrir cual o cuales fueron sus posturas en el tema antes por lo menos que el nacional/socialismo le obligara a emigrar. El psicoanálisis empezo como terapia para burgueses en la Viena imperial y acabó -en los sesenta y después- como una nueva religión (mas o menos marxistizada) de emancipación, de liberación y de desalienación. Y fue esta ultima imagen la que yo arrastre (cierto) largos años, para qué mentir...Ocurre que en un curso de traducción literaria que habré seguido aquí en Bruselas me acabe topando -¿como podría no haber sido así?- con Freud y su psicoanálisis por cierto, con la autoridad que sigue ejerciendo en el mundo académico por todas partes, aun hoy (aunque en signo de cuarto menguante ahora ya tal vez...)

En España el gran profeta del psicoanálisis lo fue Carlos CASTILLA DEL PINO que se presentó en mis años de universidad a unas oposiciones a cátedra -que no ganó- presididas por Juan José LOPEZ IBOR y en signo de protesta acabó echando como pasto o carnaza a los estudiantes (contestatarios, y "enrabiados") que asistían al acto y que le jaleaban, sus notas y apuntes "para que aprendieran psiquiatría y psicoanálisis de verdad", lo que se contaba entonces por lo menos. Y muchos años después leyendo sus memorias -amenas, interesantes y de fácil lectura, donde descubrí estupefacto sus orígenes familiares carlistas...- pude comprobar que su devoción freudiana seguía "grosso modo" intacta, lo que no le habia hecho perder -buen signo en psiquiatría- el sentido del humor...

El chivo expiatorio de sus memorias no obstante lo seguía siendo LÓPEZ IBOR al que se veía que no conseguía perdonar, y también los VALLEJO NÁJERA (falangistas), faltaría más. Y de su lectura me quedó una impresión que los debates recientes seguidos aquí en Bélgica y mis estudios literarios recientes también no habrán hecho mas que confirmar, y lo es que la psiquiatría o la psicología profunda (si se le prefiere así llamar) sigue entre Scilla y Caribdis hoy como ayer: entre el psicoanálisis "desublimizante" de un lado –y sus curas/de/humildad...- y del otro el tratamiento clínico (sin contemplaciones); entre los anti-depresivos -y los neurolépticos-, y la confesión psicoanalítica (y el diván), como lo ilustra la polémica desatada con "el Libro negro" (del psicoanálisis) obra colectiva de una serie de profesionales y especialistas de lengua francesa en donde el célebre psiquiatra judío vienés se ve tratado de "charlatán". Yo a FREUD más que leerlo lo habré ido absorbiendo por ósmosis (poco a poco) en el aire culturalmente "cargado" del mundo que nos habrá tocado vivir, pero nunca me habrá acaba de entrar, lo confieso. Ni siquiera por la vía de la literatura. 

Ni siquiera por la vía de escritores, freudianos ilustres antaño, ultraortodoxos e integristas del psicoanálisis incluso- como el francés "oriundo" Dominique FERNANDEZ, -recién ingresado en la Academia francesa de las letras- que le dedico hace ya cuarenta años una obra polémica hoy ya clásica (*) -en contra de la hegemonía estructuralista en vigor entonces a seguir a Mayo del 68- y que en una reedición veinte o treinta años después venia retractarse de su devoción primera. Pero es cierto que a medida que se desacraliza, que la religión que nació a su sombra pierde fuerza e influencia, el psicoanálisis freudiano se diría que se libera a su vez y vuelve a ser lo que fue al nacer, una teoría mas, o si se prefiere una teoría literaria –y clínico a la vez- como otra cualquiera...Una cuestión de gustos en el fondo (en materia espiritual)

En 1986, en cambio, cuando yo salí de Portugal la religión freudiana conocía horas de gloria aun, en los núcleos más insospechados e imprevistos incluso, como en los medios protestantes fundamentalistas -puritanos y rigoristas- del pastor holandés, del que aquí ya hablé. Que se sirvió o quiso servirse de Freud, en aquellas discusiones interminables, para forzarme a la ruptura anímica, o al punto de no retorno: al reconocimiento de la Verdad (con mayúsculas) como él decía -sobre mí mismo sobre todo, qué obsesión!...- , a la conversión y al nacer/otra/vez (again)…al precio de la dimisión (espiritual) y del fracaso personal, "verbi gratia" de la confesión y reconocimiento en público -y delante de la gran prensa de preferencia (en el mas puro estilo del protestantismo USA)- de mis graves pecados y de mis grandes crímenes. Le acabé respondiendo un "No" con mayúsculas -al borde del desgaste nervioso- y nunca me perdonó hasta hoy, que todavía me persigue en sus publicaciones teológicas (y me llegó a comparar -en su revista- con el fanático musulman que degolló al cineasta Theo Van Gogh, de un asesinato ritual en la calle en el centro de Amsterdam...¡Vivir para ver fantasmas míos!)

FREUD era ante todo un médico, y a la vez un escritor; un intelectual, como Marx, inocentes en principio pues -salvo si se admite la noción de culpabilidad intelectual...- de todo lo que se haría o se cometería en el nombre de ambos después: pero es cierto que si la figura y el nombre de Marx son indisociables del "libro negro del comunismo", la figura de Freud lo es a su vez de una historia -"negra"- del psicoanálisis, marcada en parte de superchería y de charlatanería pero sobre todo de terrorismo psicológico y de tortura interior (espiritual) Lo digo por experiencia propia. 

¿La prueba? un informe que me dedicó uno de los dos miembros de la comisión "ad hoc" que se volvió a formar, en Bélgica esta vez, para examinar mi estado de salud mental; uno de los dos ya digo, porque el otro, tras la primera entrevista conmigo en la cárcel -de lo mas cordial- se esfumó discretamente y su nombre no apareció mas....Y el informe de que hablo derrochaba indiscutiblemente terminología e ideas freudianas, lo menos que se puede decir, que no impidieron que el tribunal que me juzgaba -en el 2002- me volviera a declarar imputable, "verbi gratia" mentalmente sano, y en pleno disfrute de mi equilibrio mental.

El informe (pericial, previo pago pues...) que aquí evoco cargaba las tintas, cierto, -y tal vez que fuera la sola forma de hacérselo bien cobrar su autor...- pero también es cierto que en el juicio psicológico o de fuero/interno al que se me sometía -todavía más terrible inexorable y fatal, de un cierto punto de vista que el del proceso judicial- se me absolvía al final o se me dejaba una oportunidad, una puerta de salida, una vía de escape....

Y eso se lo tengo que reconocer a Freud, un dios enfermo que trajo la noche al mundo durante décadas casi un siglo (así lo sigo pensando, sí) -como aquel cristo romántico de "Antinea", la novela "blasfema" de Maurras- pero que al final me dejaría vivir; que de una manera u otra me dejó en paz....Y hace que hoy pueda escribir de él sin resentimiento por la primera vez, cuando su estrella ya se va....

(*): "Dans la main de l'ange", de Dominique FERNANDEZ, Paris, GRASSET, 1982


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