miércoles, octubre 07, 2026

BRASIL EN LA ENCRUCIJADA, ENTRE LULA Y LOS BOLSONARO





Flavio BOLSONARO , hijo de Jair BOLSONARO, en olor de multitud  tras su rotunda victoria en la primavera vuelta de las elecciones brasileñas. En nombre de su padre, preso por culpa de un lawfare, y de la vindicta personal del presidente del Supremo brasileño, envuelto en un escándalo de corrupción las horas que corren, Su victoria es la del Brasil que los BOLSONARO representan, en un país partido por la mitad. El Sur del Brasil, europeo, de clases medias, donde más se conserva el back-ground cultural luso/hispano, frente al Otro Brasil, del Norte y del Nordeste, de una franja de población afro/brasileña, sumidos en el atraso y la pobreza 

Lula da SILVA habrá mordido el polvo de la derrota por unas semanas en espera o en la antesala de tener que morderlo de una vez en segunda vuelta de las elecciones brasileña, que habrán merecido numerosos análisis y comentarios en los medios de la prensa mainstream, con la mayor cobertura en todos ellos pero en una flagrante omisión de todos también, y es de un factor en cambio que me merece todo el interés y la atención, el de la política religiosa. El mismo que me lleva a focalizar el peso e influencia y protagonismo del factor religioso, confesional allí, de una importancia e influencia tan cruciales y decisivos en los resultados electorales, y en la trayectoria tan emblemática en ese aspecto de los dos principales candidatos representando cada uno por su lado a una mitad grosso modo de tan dividido y polarizado país como lo es la gran nación brasileña. De un lado, el actual presidente y candidato (derrotado) de la izquierda, LULA DA SILVA, niño mimado y preferido del anterior pontífice, Karol WOJYLA, quien le brindo públicamente su apoyo y encendidos elogios en una primera fase de su pontificado -como vino a difundirlo en una de sus publicaciones autorizadas, la TFP-, sólo semanas antes nota bene de mi gesto de Fátima. Y  protegido -en sus órganos autorizados de gobierno- de la Iglesia brasileña , lastrada a la izquierda desde los tiempos que precedieron al Concilio Vaticano II, y en cuanto tal adversaria frontal -la Conferencia episcopal-, y enemiga jurada, de la organización integrista. 

Del otro lado, Flavio BOLSONARO, hijo de Jair BOLSONARO, anterior presidente, encarcelado y condenado por tentativa de golpe de Estado y -praesertim-, víctima del encarnizamiento judicial con todos los visos de lawfare, y de una vindicta de tipo personal de parte de Alexandre DE MORAES, presidente del Supremo, y envuelto  en un escándalo de corrupcion los tiempos que corren. Y es la fractura de orden religioso, confesional que amenaza con transponernos en otra dimensión, y llevarnos al borde de una guerra de religión, un fantasma que ya creíamos desaparecido para siempre, adentrándonos así en un mundo nuevo, extraño de paisaje lunar, que es lo que parece estar en gestación -entre dolores de parto y sacudidas sísmicas- en las honduras del proceso electoral por el que atraviesa el gigante brasileño. Y es el que anuncia el auge del cristianismo evangélico, de signo fundamentalista, conservador o ultraconservador -como el que pregona y predica (nota bene) Donald TRUMP-, de la mano de la candidatura presidencial y del extenso movimiento de opinión que impulsa la familia BOLSONARO. 

Cristianismo evangélico, fundamentalismo protestante o sea. ¡Aparte de mí ese cáliz! Sin duda porque lo conozco de cerca. Y fue por el encuentro -del que aquí ya hablé- que tuve con un pastor protestante ("domine") holandés que quiso convertirme -horresco referens!- a la Verdad (revelada) y llevarme así -una vez nacido de nuevo (born again)- a confesar mis pecados y mis crímenes (sic), léase a renegar públicamente de mi gesto de Fatima. Sin el menor éxito desde luego. Y ese pastor protestante holandés -antiguo sacerdote católico- tan fanático, tan lleno de erudición bíblica y tan poseído de su (espantosamente) grande cultura teológica, tenía (significativamente) en su domicilio un mapa colgado en la pared -como una cartografía militar-  de todo el subcontinente sudamericano y en particular de Guatemala -en tiempos, los que corrían entonces, del futuro candidato, presidente y general del Ejército, Efraín RÏOS MONTT-,  donde meticulosa y pacientemente consignaba los avances del cristianismo evangélico de ese signo -lleno de expectativas y de promesas-,  a costa de la merma y declive del catolicismo romano en todos aquellos países, católicos por definición, de un catolicismo sociológico de sello hispano, o luso/hispano. 

Y era -el cristianismo evangélico, aquel- de un signo innegable conservador, defensor del Orden (público) y de la propiedad privada frente al empuje de reformas agrarias confiscatorias en todos esos países, y  la subversión marxista, Como una respuesta al mismo tiempo a las corrientes progres que circulaban al interior del catolicismo en la América luso/hispana, cristalizadas en torno a la Teología de la Liberación. Y en esa tesitura en la que se debate el Brasil con ocasión de la coyuntura electoral, brilla por su ausencia -llena ésta, de interrogantes- la TFP, que debe debatirse -a nivel de su dirección como de sus militantes-, las horas que corren, entre la candidatura anti-LULA de Flavio BOLSONARO, y el empuje que fatalmente acompaña a este ultimo, del cristianismo evangélico, que repugna a la identidad confesional -católica- de la organización integrista, y anuncia la muerte de los sueños y esperanzas de sus militantes. Así -en esa visión de lejos y a la vez desde fuera (du dehors)- es como yo veo la encrucijada por la que atraviesa el Brasil. Y del rumbo que tome el pais tras aquella, depende -entre la Utopía y la Distopía- el futuro que se nos reserva a los países occidentales


Helder CAMARA, "Arzobispo rojo" ("Arcebispo vermelho") Figura emblemática -y mediática- de un catolicismo progre de signo conciliar, al que hoy desafía abiertamente -en el Brasil- el auge de un cristianismo evangélico -marca TRUMP- de la mano de la candidatura triunfante de los BOLSONARO. Los de la TFP le echaban en cara su pasado fascista. Se ordenó de sacerdote -algo de lo que él mismo se habría jactado y que reportaba la TFP- vistiendo debajo de la sotana la camisa verde de los integralistas -de Rolao PRETO-, el movimiento nacional-sindicalista brasileiro. El fascismo colectivista, que ponía en entredicho la propiedad privada, estaría así en el origen del catolicismo progre de signo conciliar, que representaba el arzobispo (rojo) de Olinda-Recife (padre conciliar en el Concilio Vaticano II) Fue la tesis que defendió -años cincuenta- en su obra "Em defesa da Acao Catolica", el presidente de la TFP. Plinio CORREA de OLIVEIRA. Hoy esa tesis y esa obra adolecen de obsolescencia, y de un reduccionismo histórico y teológico -de posguerra- difícilmente defendibles 

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