lunes, agosto 10, 2015

LA SUIZA Y YO

El coronel Fonjallaz -nacido en las inmediaciones de Lausanne- fue la figura más destacada de las corrientes fascistas o fascistizadas en Suiza francófona que fueron objeto de severa vigilancia por parte de las policías de los distintos cantones suizos en una tradición bien anclada en su sistema político que venía de antiguo  y que llevaría al escándalo de las fichas (en 1990) del que se vio blanco el Oficio Federal de Extranjeros –el organismo que dicto prohibición de entrada en territorio suizo en contra mía, en 1986- sometido después a profundo reajuste y reorganización. Curiosamente, esa obra, la única biografía completa del coronel Fonjallaz, fue publicada por Pierre-Marcel Favre, editor de mi libro “le Fou de Dieu” y posteriormente –después de conocerle yo- fundador y director del Salón del Libro de Ginebra. ¿Rivalidad política entre cantones subyacente a la persecución de la que me vi objeto en Suiza entonces?
De la lectura de mis entradas de estos últimos días los lectores de este blog aún los menos observadores se habrán percatado que su autor arrastra un problema “de cuidado” -como los portugueses le dicen-, de orden intimo y no sólo, con la Suiza (que no propiamente con los suizos, ni con las suizas) Y a fe mía que no yerran. La Suiza no me es indiferente en modo alguno, aquí algunos ya se dieron cuenta. No lo era ya ni mucho menos antes de mi gesto de Fátima por los cuatro años que pasé en el cantón del Valais, en el marco de la Fraternidad San Pio X de Monseñor Lefebvre, concretamente en el seminario de Ecône, a donde esta vez en cambio preferí no volver (ni de visita tan siquiera) por juzgar aquella época de mi vida un pasado muerto (y enterrado)

Y la Suiza no me seria indiferente tampoco –mucho menos aún- tras la prohibición de entrada que dictó en contra mía el oficio suizo de extranjeros en febrero del 86, encontrándome en Lausanne a donde llegué procedente de los Países Bajos y tras mi salida en noviembre –y un tránsito fugaz por España- de la cárcel poruguesa, y fue exactamente tras la publicación en el transcurso del mes de enero del 86 de una entrevista que me hicieron dos periodistas suizos por cuenta del diario “24 horas”, de Lausanne publicada con realce no poco sensacionalista en el diario mencionado, con una foto mía en la que se m veía vestido con el habito con el que comparecí delante del tribunal portugués años antes- con el telón de fondo (un tanto provocador, lo reconozco) del Muro de los Reformadores, situado en un parque público del centro de Ginebra. Uno de los periodistas que me entrevistó entonces del que aún recuerdo el nombre –del otro en cambio, no-, Alain Maillard, es hoy comentarista celebre de la radio difusión suiza francófona.

Aquella entrevista en la que no recuerdo haberme pronunciado en modo alguno ni sobre la actualidad suiza -de la que a fe mía no estaba entonces al corriente- ni sobre sus problemas o asuntos internos, sino mayormente sobre mi gesto de Fátima contra el papa Juan Pablo II, puso fatalmente en marcha un engranaje que llevaría a mi expulsión de territorio suizo, “manu militari” como quien dice, y fue tras haber ido un día de excursión estando aún residiendo en Lausanne -y mientras yo me encontraba en trámites de obtener una confirmación de la medida dictada en contra mía del Oficio de Extranjeros por medio del abogado de Ginebra que se ocupó de mi caso- hasta la localidad fronteriza, de Ferney-Voltaire junto a la frontera francesa y haber pasado unas horas del lado francés cuando al querer volver a territorio suizo se me notificó la prohibición de entrada, de manera un tanto expeditiva por parte del agente aduanero suizo en uniforme, que plantifico de forma ostensiva su subfusil reglamentario encima de la mesa del despacho en que nos encontrábamos mientras me hablaba.

domingo, agosto 09, 2015

VIENTO DE PROFECÍA JUNTO A LAGO LEMAN

El lago Leman hoy al anochecer visto desde el parque de Valency a las afueras de Lausanne donde la mayor parte de mis paseos de día y de noche iban a parar el tiempo que allí pasé (enero, febrero, marzo de 1986), abriéndome paso en la nieve, entonces pintado de blanco, hoy sábado al anochecer en cambio lleno de luces como un cuadro de Van Gogh. ¡Magia extraña de Lausanne, de su futuro cargado de promesas y de su pasado medieval (que nos es común a los españoles)!
¡Qué misterio o qué milagro -de urbanismo- el de Lausanne en su parte más antigua sobre todo, pero casi tan recóndita y secreta en el resto de su casco urbano. Varias ciudades o villas o ciudadelas medievales superpuestas -y semi enterradas las unas en las otras- en una sucesión (vertical) de planos horizontales dispuestos en forma de terrazas geologicas y en una tónica general que es la que le da la pendiente tan escarpada sobre la que esta capital del cantón suizo de Vaud se vio construida, obligada a superar un desnivel de cerca de seiscientos metros entre las alturas que la circundan por su parte norte y los bordes del lago Leman, en su base meridional (situada en pleno centro del lago)

Lo que explica en parte que mis recuerdos se hubieran vuelto ya tan confusos, poniendo a prueba la memoria de elefante de la que me jacté siempre (y lo sigo haciendo) Perspectivas e instantáneas visuales -de vistas a menudo encajonadas- de vuelta obsesivamente todos estos años, como especie de lugares geométricos de mi memoria -de la ciudad y del tiempo que en ella pasé- más que lugares concretos o etapas detalladas al completo: lo que aún recordaba yo de Lausanne del tiempo que allí residí y de las etapas o estaciones del vía crucis que fue para mí la estancia allí entonces, no por culpa de Lausanne –ya lo tengo aquí largo explicado- sino de la fatalidad y de las circunstancias por las que mi vida atravesaba entonces.

Plaza del Chauderon (el Caldero en español), Bel-Air, Saint François, rue du Bourg, el Castillo (le Chateau), la Estación (la Gare), Montelly, el parque de Milán, la colina de Montriond (y el bulevar de Grancy), y en fin Ouchy junto al lago –al final del metro teleférico que cruza Lausanne de Norte a Sur-, etapas de los diferentes recorridos que repetí una y otra vez -un tanto sonámbulo- los meses que allí pasé, en busca de abrirme caminos, y en espera (¡ay dolor!) de que se me abrieran puertas donde fuera. Entre el hielo y la nieve y el viento helado que bajaba la temperatura interior –la sensación de frío quiero decir- de un montón de grados aunque la temperatura ambiente de aquellos meses de invierno –un invierno excepcionalmente frio por lo que colijo de testimonios cogidos estos días al vuelo de viejos del lugar- no fuera en realidad tan fría, en comparación (…)

viernes, agosto 07, 2015

LAUSANNE ¡CUANTO TE AMÉ!

Vidy (Lausanne), a orillas del lago Leman. Hoy viernes, 7 de agosto.
Si hubiéramos sabido que el amor era eso, escribió Umbral de titulo a uno de sus libros –autobiográfico como todos o casi todos los suyos- donde evocaba un antiguo amor de juventud con grandes dosis de nostalgia y melancolía. Y si hubiera sabido yo lo que era el amor de una patria carnal no hubiera dejado treinta años a Lausanne -y con ella a Suiza toda entera- como abandonada en el baúl de los recuerdos, sin volver a verla. Y hoy de vuelta, recorriendo los mismos trayectos y las mismas etapas que me recorrí (y pateé) entonces –como estaciones de un vía crucis (o algo así)- pero hoy ya con un estado de ánimo bien distinto, me doy cuenta que Suiza fue mi primera patria de adopción que me dejó su marca hasta hoy aunque no me lo quisiera reconocer nunca después a mí mismo.

Una marca suiza y por supuesto europea, no en vano el país alpino se haya situado en el corazón de la Europa occidental. Hay algo no obstante de propio e inalienable al espíritu suizo que me intrigó y me llamó siempre (mucho) la atención, relativo a su tradición de neutralidad tan acendrada (continúa) Los suizos fueron oficialmente neutrales –con España en la Segunda Guerra Mundial- y en realidad igual que la española, la suya fue una neutralidad pactada a favor del III Reich aunque sin la participación militar (de la División Azul) de los españoles (y que me perdonen los suizos si les hiero en algo con mi aserto). Y fueron netrales también en la guerra civil española, con una neutralidad nota bene pactada igualmente a favor de los nacionales, como lo ilustra el que en Suiza al contrario que lo que fue la regla en otros países europeos, los voluntarios de esa nacionalidad (del lado rojo/republicano) –muchos de ellos simples residentes extranjeros- no fueran nunca rehabilitados.

Me siento bien de vuelta en Suiza, y en particular en Lausanne. ¡Cuánto la amé! Por lo fría –¡que invierno aquél!- y por lo bella. Y por lo distante entonces y hoy en cambio por lo cercana. Lo cercano de la cordialidad de los suizos y del hechizo y del fuego –el de la raza alpina- en las miradas de las suizas. Un fuego sagrado, no se me ocurra otra glosa. El de la civilización europea, la nuestra. ¡Cuánto te amé Lausana! Y perdóname de haber pretendido sacrificar mi amor por ti. Sólo el hombre -escribió el poeta inglés- es capaz de sacrificar lo que más ama. ¡Perdóname, Lausanne!

ADDENDA Me permito añadir retrospectivamente a esta entrada -después de habermela leido y releído una y diez veces (y muchas más)- el poema que dediqué a Lausanne (y a Suiza) en mi anterior blog de Periodista Digital (que con otros poemas de aquel periodo alcancé a recuperar) Es una version aumentada -como lo señalan las lineas en rojo-, fruto de la memoria recuperada, de Lausanne, del tiempo que allí pasé, que me habra granjeado mi reciente estancia allí

Mi encrucijada suiza
13.01.13 | 16:59

("Las crónicas de Juan Fernández Krohn (Periodista Digital)


¡Bella y qué fría Lausan(ne)!
Así te recuerdo ¡aún!
Del invierno aquél (tan crudo)
-enero del ochenta y seis
(y febrero y marzo ¡frios!)-
de noche cuando te descubrí,
tú y la belleza desnuda
de tus cielos surrealistas
de tus valles y hondonadas
blanco y grises, allá al fondo,
pateándome tus calles
y tus plazas y tus parques,
adentrándome en la nieve
sin parar, de arriba a abajo
como si ya fueras mía
¡ni un alma saliéndome al paso!

Era, eras la Otra Suiza,
la que me hurtaba o escondía
el valle aquel a donde "huí"
(eso creía ¡ingenuo que fui!)
mientras España ardía
en banderas -y en movidas-
¡que la guerra estuvo en un tris!

Mirando a las estrellas de noche
y el Mont Blanc delante de mí
por el cristal de mi cuarto
día y noche, cuatro años,
como un faro, día a día,
como el rey sin corona aquél,
mientras un mundo se hundía,
mil mundos lejos de allí.

Cura de belleza y de calma,
de reposo y convalecencia
para un alma sonámbula
y un gran manojo de nervios
en fase de temple aún
¡Eso me dio Suiza a mí!
Descubriendo mil paisajes
y pueblos de alta montaña
-de las novelas de Ramuz-
oteando el infinito
¡Alpes de Imperio (azul)!
Y buscándome en el fondo a mí
(¡Me valió la pena, sí!)

¡Años suizos de mi ayer,
cantón/refugio del Valais!
Donde mi alma "europea"
se forjó en la nieve, al sol,
(gris) de un cielo azul/añil,
sueño astral del poeta:
te dejé a la fuerza sólo
por eso nunca ya olvidé
lo que acabé por descubrir
de vuelta a verte bien después

¡Si hubiéramos sabido
que el (gran) amor -de una patria
carnal, de tierra y sangre-
era eso (Francisco Umbral)!
¡Un mundo/nuevo para mí
lo que en Lausanne yo sentí!

En Sils María, en Suiza,
lago/volcán de Silva Plana
"mil pies por cima del mar"
Nietzsche descubrió su luz
Y en aquella calle/balcón
en el centro de Lausanne
como una grande escarpa
de espaldas al lago Leman
-un bulevar/baluarte (…)
(¡era el bulevar de Grancy!)-
"calle Gonzague de Reynold"
-una autoridad en Ecône
y en "la España nacional"-
(que así se llamó para mí)
por donde pasaba el viento
loco al galope, sin piedad,
barriendo aceras desiertas
antes de torcer y perderse
hacia el lago cuesta abajo
como el río busca el mar,
tuve una visión de golpe
como a la luz de un farol,
que en la encrucijada aquella,
lugar de cita o de paso
del Tiempo y de mil caminos,
tenía yo justo una cita
no sabía entonces con quien
antes de conocerte a tí:
sin venir tampoco a saber
si la cita no lo era yo
(¡la que tenías marcada tú
de antes de conocerme a mí!)

jueves, agosto 06, 2015

EN SUIZA TREINTA AÑOS DESPUÉS


Detalle particularmente interesante– que tomé hoy al pasar- de la Iglesia (católica) de Saint François en el centro (de la vida social y comercial) de Lausannne. Lausanne –bella y fría la definí en su día (mas bella hoy si cabe y no tan fría)-, es una ciudad de pasado protestante y de fuerte inmigración católica en los dos últimos siglos que trata de olvidar por todos los medios esa división religiosa. Por eso tal vez no haya cuajado en ella la inmigración española –mucho más numerosa en la zona germánica de Suiza- que afluyó allí en masa en la década de los sesenta y que se empeña –también sus descendientes- en no querer olvidar las divisiones que llevaron a la guerra civil entre españoles
De vuelta en Suiza -por unas cortas vacaciones- (casi) treinta años después. No había vuelto a poner en Suiza los pies desde mi salida de la cárcel portuguesa en los meses que anduve errante por cima de los Pirineos. ¿Suiza cambió en todo este tiempo o acaso el que cambió fui yo en la percepción del país y de sus habitantes? Es cierto que ahora llego en pleno verano caluroso, continental, por tierras del lago Leman, el invierno aquel en cambio –enero febrero, marzo del 86- fue particularmente frio no sé si tanto para los suizos pero sí desdeluego para el que esto escribe desde tantos puntos de vista.

El caso es que paseándome hoy por la ciudad de Calvino como sus propios habitantes llaman a la ciudad tan emblemática de Ginebra, esa imagen que tenia de gente fría, un tanto extraña e inhóspita habrá fundido al sol como quien dice. ¡Que espectáculo de serviabilidad de todos, chicos, grandes, hombres y mujeres con los que me crucé y a los que me fue dado el tener que abordar durante el día! Y en Lausanne, unas horas mas tarde, una impresión igual o parecida. ¿Una reacción de apertura inevitable, del hecho de sentirse un tanto aisladas por la geografía y también por su particularidad histórica? Es posible.

Un pequeño paraíso en la tierra como sea, esta Suiza alpina francófona –la Romandía- germánica y latina al mismo tiempo, si no fuera (¡ay dolor!) por la presencia –menos ubicua que hace treinta años, pero siempre perceptible- de la emigración española (aunque mucho menos que en la otra Suiza de lengua alemana) Por su sello inconfundible de inhóspito (y no solo en las apariencias) y de guerra civilista. Las cosas claras y el chocolate espeso. ¿Más lejano de los suizos calvinistas –o medio protestantizados- de Lausanne y de Ginebra, que de esos españoles oriundos que no cejan de querer acabar ganando la guerra civil al cabo de los años y de los diluvios? Por cierto que no y que se piense de mí lo que se quiera.

Lo cual no me impidió hoy desde luego un cruce del rio del Tiempo de lo más logrado, revisitando y pateándome (sic) otra vez como entonces calles y plazas que me pateé tanto entonces –luchando contra el hielo y la nieve y contra aquel viento helado que venía de las montañas, del Mont Blanc del otro lado del lago (y se iba a zambullir en él) (...)- con el furor y la determinación que da el sentirse perseguido.

Peregrinó mi corazón y trajo de la sagrada selva la armonía, cantó Rubén Darío. Y peregrinando (por dentro) ahora por cima de los Pirineos, por tierras de mi antiguo peregrinar, me encuentro a mí mismo entre extranjeros como nunca me ocurrió entre algunos de mis compatriotas. ¿Qué misterio es ese? No otro (se me antoja) que el de la civilización europea

miércoles, agosto 05, 2015

CATALUÑA HOLANDA Y LA LEYENDA NEGRA

Mariscal alemán Von Rundstedt, gran protagonista de la Batalla de Arnhem (del 17 al 25 de septiembre de 1944) Principal artífice de la que fue una gran derrota aliada -en el frente Oeste- del final de la Segunda Guerra Mundial. Tropas alemanas compuestas especialmente de dos divisiones Waffen SS integradas por voluntarios holandeses en su mayoría consiguieron repeler tras furiosos combates y en manifiesta inferioridad de condiciones a varios ejércitos aliados -mayormente tropas aerotransportadas británicas y también norteamericanas, canadienses y polacas- mandados por generales tan celebres como Patton y Montgomery, en sus tentativas desesperadas de toma del puente sobre el Rin en aquella localidad holandesa -en las inmediaciones de la cual residió el autor de estas líneas (en Velp, a dos quilómetros de Arnhem) a mi salida de la cárcel portuguesa) La Segunda Guerra Mundial fue escenario de un choque de memorias antagonistas en la generalidad de los países europeos que se remontaba a las guerras de religión y en particular a la Guerra de los Treinta Años (a la que puso fin la Paz de Westfalia) Y en el caso holandés, está claro que la Colaboración –marcada de un signo anti-Orange innegable- traía fatalmente consigo una reconciliación con el pasado español en los Países Bajos. Un dato incuestionable rodeado de tabúes, y que fingió ignorar siempre la historiografía en lengua española
El nuevo representante de la Generalitat catalana cerca de la UE me pilla un poco de cerca aunque tal vez no nos hayamos cruzad nunca y a pesar de que sólo haya empezado saber de él y a toparme con su nombre ahora mismo por culpa de la agitación permanente en los medios españoles y extranjeros –en concreto belgas- poro culpa de la agitación permanente que entretiene el presidente de la Generalitat empecinado -pese al fracaso de su referéndum del pasado año- en sus apuesta separatista.

El embajador/catalán en la UE es un periodista de cuarenta y un años que ha vivido varios años en Bruselas –cerca de la Comisión Europea, y anteriormente en su condición de corresponsal del ABC lo que le endosa así de entrada una etiqueta Opus Dei a tenor de de lo que ocurrió con algunos de sus predecesores, como el que ocupaba ese puesto a principios de los años dos mil de cuyo nombre ni puedo ni quiero acordarme que lucía en permanencia en su despacho junto la sede de la Comisión Europea –del palacio Berlaymont- en el centro de Bruselas, una foto de san José/María encima de su mesa de trabajo como un estandarte o una bandera. Por ahí nos vienen los tiros, mucho me temo.
Y me refiero a la que se está cocinando en Cataluña a tenor de la expectación creciente que tienen despertada en los medios extranjeros, en particular en la prensa francófona –tanto belga como francesa- de hoy que dedica sendos artículos a la firma por parte del presidente de la Generalitat del decreto por el que convoca a las elecciones del próximo 27 de septiembre en la encrucijada de todos los peligros y amenazas aunque desde el gobierno de la nación se opte por quitarle hierro a la cosa.

Así, el diario Le Figaro en su edición de hoy da la palabra al embajador de Mas en la UE, Amadeo (alias Amadeu) Altafaj, que se sube por las paredes en unas declaraciones descaradamente secesionígena. Y en la reseña biográfica de este cachorro emergente del catalanismo separatista leo ahora que está casado con una holandesa y que domina el francés y el neerlandés lo que a fe mía que no es muy frecuente, por lo que al neerlandés –holandés o flamenco neerlandés- se refiere quiero decir, y es precisamente por donde me llega más de cerca el desafío que su perfil de joven periodista brillante y catalán y separatista además me plantea.

martes, agosto 04, 2015

ESPAÑA EN AMÉRICA, O EL PAPA IMPERDONABLE

Hans Frank, gobernador general de Polonia durante la Segunda Guerra mundial, bajo la mirada atenta (y no muy graciable) de Himmler su gran rival (en la foto)  Frank, ahorcado en Núremberg –y al que difamaron y calumniaron no poco Malaparte en una de sus novelas (de la posguerra) y también uno de sus propios hijos-, es el diablo en persona en la historia oficial –y políticamente correcta- sobre la Segunda Guerra Mundial, que elevó al rango de los dogmas –uno más entre los nuevos dogmas que trajo el concilio vaticano segundo- el papa polaco Karol Wojtyla, un papa anti-alemán si los hubo en la historia de la iglesia. Frank era padre de familia numerosa y católico bautizado como lo eran tantos miembros, y altos dirigentes incluso, del partido nazi y como lo fueron tantos partidarios del Nuevo Orden en muchos países europeos. Y como tal se ganó la adhesión (sincera) de muchos polacos, y también de ucranianos uniatas -Stepan Bandera nota bene entre ellos. Y de ese punto de vista, la beligerancia histórica anti-nazi y anti-alemana del papa polaco –a imagen de su beligerancia (con las armas en la mano) a título individual durante la guerra- no dejaba de tener algo de intestino e irreconciliable y de guerra civilista. Ni el menor gesto no obstante, ni una palabra tan siquiera de reconciliación con los alemanes, del papa del perdón durante su larguísimo pontificado. Imperdonable
Pedro Fernández Barbadillo, como Pio Moa como Ernesto Milá, como Juan Manuel de Prada, figuran en mi repertorio de estatuas de piedra umbralianas con las que me ocurre el dialogar mentalmente o por escrito en estas entradas y no solo- porque lo que escriben, por lo que dicen o por como lo dicen o por los temas que tratan me interesa y por eso les leo con gusto a menudo (y fruición incluso,) aunque no siempre esté de acuerdo con ellos, o no del todo.

Y digo estatuas de piedra porque es como si lo fueran, como esas estatuas madrileñas del Retiro o qué sé yo con las que Umbral dialogaba a falta de entrevistados o interlocutores de carne y hueso en los inicios de su singladura –periodística- madrileña, consciente además como lo soy que por las razones que sean -que me escapan- no voy a obtener de ellos (en el actual estado de cosas) la menor de las repuestas. Misterios (insondables) de la comunicación y de la información y de otros fenómenos sociales de nuestros tiempos y sus secuelas.

Barbadillo, colaborador asiduo de Periodista Digital, con el que coincidí durante cinco años en la blogosfera aquella, acaba de publicar una respuesta mordaz e incisiva lo bastante a las acusaciones contra España del papa argentino en relación con la conquista de América. La guinda del pastel lo es no obstante un comentario (rápidamente borrado de la red) que se permite el autor, en repuestas a uno de los devotos entusiastas de la memoria del papa polaco –que siguen pululando (ay dolor!) en la red-, en la que acusa a Wojtyla de estar en el origen del mal por esa (funesta) manía que inauguró su pontificado de pedir perdón por todo y por todos salvo por cuenta propia, de su vida de su trayectoria o de los yerros de su pontificado, y de su persona.

lunes, agosto 03, 2015

POTSDAM ESPAÑA Y LOS PROTOCOLOS SECRETOS

Hongo atómico sobre Hiroshima el 6 de agosto del 45, cuatro días después de la terminación de la conferencia de Potsdam donde se decidió el destino del mundo y también del régimen de Franco. El mismo Truman que ordenó los bombardeos nucleares ¿se contentó acaso con consideraciones de orden humanitario a la hora de otorgar al régimen español nacido de la victoria del Primero de Abril una moratoria -por draconianas que fueran sus condiciones- frente a Stalin y a sus designios de arrasamiento, como lo pretende el diario ABC en su edición de ayer, sin garantías de rendición por escrito cualesquiera de la parte del jefe del estado español de entonces? ¡A otro perro con ese hueso!
Se cumplió ayer, dos de agosto, el setenta aniversario de la terminación de la conferencia de Potsdam (en las afueras de Berlín) que dio inicio dos semanas antes en la fecha efemérides nada trivial del 18 de julio (del 45) y con ese motivo el diario ABC dedicaba un articulo al tema en el que enfocaba lo tratado sobre España en la cumbre aquella que con las dos anteriores de Yalta y (anteriormente) la de Teherán iban a decidir el destino del mundo en la posguerra. El tono un tanto beatifico del articulo recuerda el de otro más antiguo –también del diario ABC- del que me hizo eco en una entrada reciente sobre el encuentro de Bordighera –en la Riviera italiana (febrero del 42)- entre Franco y Mussolini.

La historia de la diplomacia secreta de la Segunda Guerra Mundial está sin duda aun por escribir como está pendiente de ello también la historia secreta del régimen de Franco, y cuando esa historia oculta vea la luz acabara fatalmente arrumbando al cuarto de los trastos viejos todas esas versiones hagiográficos piadosas y un tanto legendarias (que me diga folletinescas) que circulan en la historiografía en curso hace ya tanto, después de haberse visto hondamente ancladas en la memoria colectiva.

Y esa leyenda o vulgata en lo que se refiere a la conferencia de Potsdam tal y como la volvía a recoger ayer el diario ABC en su artículo conmemorativo era que tanto Churchill como Truman habrían parado los pies a Stalin en la cumbre aquella en relación con España con consideraciones de orden (exclusivamente) humanitarias, del genero de evitar una nueva guerra civil a los españoles, y de asegurar la paz en el continente europeo devastado por el conflicto que se acababa de terminar entonces, y que se había cobrado tantos millones de víctimas. ¡A otro perro con ese hueso!