viernes, junio 12, 2026

VAE VICTIS! AY DE LOS AUTONOMOS !

(Con mis sinceras disculpas a los lectores asiduos de este blog por la suspensión -por razones ajenas a mi voluntad- de la aparición diaria de estos artículos a día de ayer, que lamento)

Como un rayo en el cielo azul, nos llega la noticia del veto gubernamental -de la Moncloa- a una propuesta de ley, de JUNTS, sobre -entre otros, la reforma del IVA, cotización y derechos sociales-, y es. por encima de todo para (seriamente) limitar a los autónomos el acceso al paro en resumidas cuentas. Con lo que se nos pone otra vez drástica, brutalmente -como ante un fantasma o negro espectro- delante del enigma insondable -como los de la Esfinge a lo que aquí ya hice alusión-, y es el de la lucha de clases. Que va en el fondo de ello la cosa, y no de otra, aunque a primera vista no parezca mas que le enésima escaramuza (una más) entre el inquilino de la Moncloa y sus catalanes, tan incómodos y exigentes aliados. 

Lucha de clases, o sea poder -hegemónico en la esfera social- de los sindicatos. Sindicatos españoles, que no son -¡ah no!- unos sindicatos cualquiera. sino sindicatos políticos, ultra-politizados, como ellos mismos lo reconocen. CCOO, por su juramento de fidelidad o de obediencia o de fiel sumisión, leal al PCE, como ellos mismos -en el sello de Correos de la polémica (de los cien años del PCE sin ir más lejos- lo reconocieron siempre -desde el "proceso mil uno" (1001) al menos (y "los diez de Carabanchel")- sin mayores problemas. O en el caso de la UGT, respetando escrupulosa y puntillosamente (sus dirigentes) un nombre y unas siglas (las suyas) remontándose en linea recta a la guerra civil y a la historia de lucha, agitación y de protestas que a aquella nos conduciría

Así las cosas, ante esa situación, frente a ella convenientemente aleccionado o vacunado, llegué yo a Bélgica ay dolor!, con todos mis papeles en regla, como todos mis derechos y deberes pero a falto del más importante de aquellos,  a saber, mi carnet -en regla-, léase el de (sindicalmente) afiliado, a lo que -nota bene- ni en España ni en Bélgica estaba (ni me sentía) obligado. Con lo que dio comienzo para mí una larga y penosa travesía del desierto -años y años-, de semi excluido (socialmente) y dis-cri-mi-na-do. Por culpa (en parte) de mis titulo(s) universitarios, o por culpa de ellos más bien. Agravado todo ello además por mi condición -con toque de infamia-, derivada de mis años preso en Portugal-, de ex-presidiario. Lo que deo gratias no es el caso de los autónomos, pero sí que lo sea quizás el empeño que fue el mío, en extremo agotador y fastidioso y descorazonador -circulando en mi caso además por los circuitos (propiamente infernales) de la re-inserción, primero-, e interminables, de la Asistencia pública (belga) después-, y era en pos de una meta que por momentos, a veces, me pareció (literalmente) inalcanzable, léase, al cabo de equis horas de trabajo -manual -que ese fue mi caso-, y asalariado, léase declarado. 

Agravado o dificultado todo ello, léase de por unas equis horas, por razón de (mi) edad (con el paso del tiempo además (desesperadamente) en aumento, cuando creía estar ya a punto de alcanzarlo una y otra y otra vez (¡pesadilla santo dios!) Pero al final lo conseguí, el estatuto tan ansiado de trabajador sin empleo, "chomeur complet indemnisé", léase con derecho al (subsidio de) paro. Y es desde esa cima (casi) inalcanzable que al final yo alcancé, -¿yo sólo? sinceramente me lo pregunto-,  desde la que me dirijo lleno de empatía a los autónomos, y es sobre todo por haber compartido una suerte que mucho me temo -lo que la noticia que aquí comento hace negramente presagiar- acabe siendo la de ellos. Ello en pos de un derecho social -el del subsidio de paro (o desempleo)- reconocido a todos los españoles. Garantizado por la Constitución  (art. 41), en otros términos. 

Consciente como soy expresándome así de lo bancal del compromiso histórico (sic)  -lleno (o erizado) de pactos implícitos- que hizo posible la Transición. Lo que da idea de lo poco banal, y propiamente histórico -por lo crucial o que me diga, dolorosamente crucial- de la noticia -como un rayo en el cielo azul- que aquí comento. Y es de la triste suerte de una suerte de vencidos de la Transición, léase de la interminable guerra civil.  O sea de los que perdieron la paz -ellos y sus descendientes- aún ganando la guerra. Vae victis! ¡Ay de los autónomos! (o sea

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