martes, mayo 19, 2026

SOBRE SECTAS Y MILAGROS (PALACIO VISTALEGRE)

Tumores, quistes, hernias y cegueras, todo fuera, por obra y gracia del Espíritu Santo. Eso es lo que anuncian y venden -a 160 EUR la entrada en sus certámenes- predicadores evangélicos volantes en el Palacio Vistalegre o en el Metro de Madrid. Ciegos que ven o paralíticos que andan, enfermos que se sienten de pronto curados y lo gritan y pregonan a los cuatro vientos aumentando y excitando así la fiebre y el clima de expectación. Como una Buena Nueva, la más extraordinaria y terrible -díxit Federico NIETZSCHE- de nuestra época, así anuncian y proclaman los medios la llegada apoteósica a España del movimiento evangélico , los evangélicos -como les dicen-, como si fueran un equipo de futbol, un conjunto musical, o simplemente una secta, que es mayormente lo que son. Salir de una iglesia para entrar en otra, para un viaje así querido Sancho no necesitábamos alforjas

El género de reflexiones que me venían de golpe a la mente en sucesivos trances por los que atravesé, -de unos y otros instándome a la conversión (en inglés de los States, born again)-  tras abandonar o dar la espalda (sin más) a la Iglesia Católica a seguir a mi gesto de Fátima. Y es lo que se me ocurre ahora también ante esa ventolera profética le dicen con todos los aires de un profunda conmoción. La que estamos presenciando y la que esta aun por venir, en el conjunto de la sociedad española y en los individuos de la misma mas generosos e idealistas y mas desprevenidos e indefensos que es lo que ante ese genero de falsos profetas suele fatalmente ocurrir. De profetas de calamidades, habló el buen papa Juan (XXIII) en la convocatoria del  Concilio Vaticano II, en una vista larga, ambiciosa y a la derecha of course. Pero el tiempo y la Historia demostrarían quitándole la razón que los profetas de calamidades venían también de la izquierda. 

El caso es que ahora con esta avalancha misionera, con este maretazo de viento de profecía, se diría que el buen papa Juan tenía -en parte al menos- razón.  Ya antes, mucho antes de estos evangélicos sanadores, conocí -y tuve ocasión de tratarle en gran medida- a un predicador, léase pastor  evangélico, que ofrecía todos los visos de un profeta clamando en el desierto, soltando sus verdades, su (inconmensurable, apabullante e intimidante) bagaje bíblico y teológico (de otras edades, de otra época) a los cuatro vientos . Y era de lo que hoy podríamos llamar un fundamentalismo, de derechas o sea.  Como un vaticinio de lo que se nos viene encima hoy. Porque a tenor de las etiquetas que les están colgando los medios, los predicadores recién llegados de ahora no ofrecen dudas de su origen o procedencia ideológica. 

Trumpistas. Próximos o comparables al brote de predicadores evangélicos, y al auge de capillas e iglesias del mismo género, que acompañaron y trajeron consigo en el Brasil el fenómeno del ascenso y llegada al poder de Jair BOLSONARO. Y me viene a la mente otra vez el pastor protestante holandés de mas arriba -antiguo sacerdote católico nótese bien- que me mostraba en su domicilio los mapas como si de una cartografía militar se tratara, colgados en la pared de su cuarto, mostrando el auge -en porcentajes de católicos/evangélicos, que seguía al minuto o poco menos-, en Guatemala, bajo la presidencia del anteriormente católico y posteriormente predicador -de los de biblia en mano y pistola al cinto-, de la Iglesia yanki del Verbo Divino, Efraín RIOS MONTT. No hay que hacerse ilusiones pues , sino que hay que rendirse a la evidencia más bien, y es que la guerra de religión -católicos/protestantes- de hace varios siglos sigue latente hoy, presta a encenderse de nuevo -como así fue en la II Guerra Mundial del decir del escritor "nationaliste" francés, Dominique VENNER- en cuanto se presente la ocasión. y esa puede ofrecerla esa avalancha de predicadores y sanadores -¿magos, hechiceros?- en la España de hoy 

¿Moraleja de la historia? El Concilio Vaticano II mostró el (laudable) propósito de poner fin a lo que se llamó  maximalismo en las creencias -y aliviar así el peso de estas en los creyentes, en alusión a toda una serie o remanente de credos o doctrinas, entre los cuales se incluyó todo lo que en la teología y doctrina tradicionales se catalogaba -con las profecías- entre los motivos (sic) de credibilidad, a saber, los milagros. Toda una franja de prácticas y devociones milagreras, fueron así declaradas obsoletas, y arrumbadas en el cuarto de los trastos viejos. Desde la la sangre (a cada año) de San Pantaleón hasta las apariciones de Lourdes, Fátima, y también de Garabandal y del Palmar de Troya y los fenómenos milagrosos -estigmas- en los videntes de estas últimas (*), y pese a los interdictos conciliares o posconciliares, el ansia milagrera -de lo sobrenatural- no desaparece. Me explico, la represión de las sectas (sic) y de la superchería compete -en el respeto estricto del derecho (constitucional) a la libertad religiosa- a los poderes públicos, así como el respeto no menos estricto del Orden Publico. Política religiosa en juego, en un terreno por propia definición dudoso y resbaladizo. IN DUBIO LIBERTAS (a buen entendedor, salut (como los belgas dicen)


(*) Es el caso del más conocido de todos ellos, Clemente DOMINGUEZ, que llegó a ser nombrado papa de la Iglesia ("palmariana") de Carmelitas de la Santa Faz

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