miércoles, enero 21, 2026

TRAGEDIA DE ADAMUZ, O LA ESPAÑA REENCONTRADA

Julio RODRIGUEZ, reconocido por el rey FELIPE VI, héroe de 16 años de la tragedia de ADAMUZ nos redime con su ejemplo de ese síndrome de autodesprecio -y de buscar a cada tragedia chivos expiatorios a todo precio. Tan "español"

Responsabilidades políticas. Órdago a la grande en el juego democrático, y viéndolo así todo se nos aclara y nos vuelve el buen humor y se nos va de una vez el mal cuerpo y seguimos jugando a la democracia, que ese -para unos cuantos estoicos (y escépticos) entre los que me encuentro- es el camino a seguir, en espera del momento en que todo cambie, del kairós. Y viene a cuento del accidente ferroviario (en ADAMUZ) y del volantazo en ciertos medios -"del sistema"- para tomar de golpe la curva como es debido y hacerse con la situación. ¿Dimitirá Oscar PUENTE, el ministro de Transporte? que polariza -por méritos propios, por invasivo, lengua/larga y por faltón- la inquina de toda la oposición de derechas. La pregunta del millón. Con Franco se responsabilizaba de arriba a abajo, por el cese inmediato, y con ahorro de energías en cantidad y de psicodramas como el que se habrá escenificado en torno a Carlos MAZON. Como sucedió -me viene de golpe a la mente ahora- en los Angeles de SAN RAFAEL, la urbanización veraniega  (años sesenta) en la localidad segoviana aquella junto a El ESPINAR, donde todo un edificio puesto en funcionamiento y aún no terminado se derrumbó, con victimas veraneantes muy jóvenes en su mayoría de las que visualizo aun  una de ellas -una chica rubia-, a las que no se olvidó -doy fe- pero de los que tras un corto periodo de conmoción en el medio veraneante aquél, nunca más se habló. Lo que llevó -la otra cara de la moneda- a Jesús GIL empresario promotor en aquello, que habría disimulado -al decir de las malas lenguas- lo inacabado de la obra, en el edificio aquél en construcción, a dar con sus huesos (aunque por poco tiempo) en prisión. Y me viene a la mente de nuevo otra catástrofe en tiempos de FRANCO pero en el extranjero, el derrumbe de la presa de MALSANET en FREJUS, Costa AZUL, en tiempos del General DE GAULLE, Quinta Republica, con elevada cifra de victimas mortales, pero del que el mandatario francés y su régimen (republicano) salieron del paso airosos, escamoteándole un debate de responsabilidades a su opinión. Y es que el debate de las responsabilidades se reviste entre españoles de toda una otra dimensión: responsabilidades no exclusivamente individuales, sino de toda la Nación, y en particular de su estamento o cuerpo dirigente. Fue así en ANNUAL -el año 21-, fue así tras la Dictadura, en la caída de la Monarquía y proclamación de la Republica, y fue así el 11-M con los atentados de Atocha. España y yo somos así Señora, Un pueblo que sufre de un síndrome (colectivo) de autodesprecio sin atisbos aparentes de curación. Y mientras que en otros países, las faltas o errores colectivos se sueldan o se pagan con un derroche de heroísmo y de abnegación del propio colectivo siniestrado o de la Nación entera, en España no, no se perdona hasta que no pague el chivo expiatorio de turno, elegido a dedo, por designación. Y es lo que me habrá sido (confiteor)más difícil de soportar y lo que (muy probablemente) me habrá llevado lejos sin saber (confiteor) perdonarlo hasta hoy. Cuando me creo (por fin!) capaz de hacer los distingos convenientes -en francés, la part des choses- hasta poder (forzosamente) concluir que no todos los españoles son así. Muy pocos pues, dirá el abogado del diablo de turno. Los suficientes, concluyo yo. Que allí donde haya o donde quede un español señero, joven o viejo, ciudadano o pueblerino,  o una española joven o vieja (y española cien por cien) , seductora pero prudente, sabia de vista de lince y al mismo tiempo de ojos vivos (y vivarachos) y alma joven y alegre, ahí -como dirían los patriotas portugueses- está la Nación

Todo lo que acabé rumiando que ofrezco aquí ahora como pasta virgen, fruto (en gran parte) de mi retorno feliz, y al cabo de una larga -y larguísima- expatriación. Y en mi mente -fijo mientras escribo estas líneas con fondo de tragedia (ferroviaria) la imagen de ese joven héroe -Julio de su nombre que rescató a muchos y salvó a muchas vidas, entre ellos un niño de diez años, atrapado solo en uno de los vagones y aterrorizado (sic), estampa (señera) de la ayuda y de la  infancia desvalida e indefensa que da un sentido a mi vida y que por razón de fuerza mayor, sólo en España era capaz de encontrar. ¡Y por eso a ella, a esa España le pido, mírame de frente, por favor. sin prestar (más) oídos a lo que oíste de mi pasado y de mí! ¡Y escucha mi voz!

 Julio Rodríguez, el héroe de 16 años reconocido por Felipe VI, rescató a un niño de 10 de uno de los trenes de Adamuza

No hay comentarios: