lunes, enero 12, 2026

PEDOFILIA ECLESIÁSTICA, PLAGA BÍBLICA

Congresos de Jóvenes -en la foto el papa Juan Pablo II, en un baño de masas pontificio-, caracterizados todos ellos -sin excepción- por la vaguedad e imprecisión del mensaje transmitido, en nombre de la Paz, de la Verdad y de la lucha contra el Mal, y concretados no obstante y traducidos o traducibles en un solo punto, léase en materia sexual, que me diga anti-sexual. Por un llamamiento o exhortación, imperioso, exclusivo, rayano en la obsesión, a guardar la castidad. Incitación -llamó a eso NIETZSCHE, en el Anticristo- a obrar contra natura. Y es que ¿cómo no pensar ante ese insólito versión de pedagogía juvenil en la plaga (bíblica) de la pedofilia eclesiástica, que se habrá puesto al destape en la Iglesia, "urbi et orbe", tras el concilio (y con los papas del Posconcilio) ?
En un sesudo y doctoral articulo de firma o autoría episcopal -un respeto- hemos leído hoy en la tercera pagina de ABC toda una digresión moral y doctrinal entre líneas de un comentario de actualidad sobre el tema candente de la pedofilia en relación con los abusos sexuales de menores a manos de eclesiásticos -y con el acuerdo reciente entre la Iglesia y el Ministro de Justicia al respecto-, que se merece (urgente) una puntualización aquí. 

Por lo doloroso y desgarrador del tema, y en la medida que el mencionado articulo viene a abundar -como lloviendo (ácidamente) sobre mojado- en la confusión reinante y deliberadamente entretenida a partes iguales por los medios y los poderes eclesiásticos (denunciados) El señor obispo autor del referido artículo viene a sostener que el fenómeno (en curso) que nos ocupa, no es eclesiástico en exclusiva sino que atañe y afecta a la sociedad todo entera. Ergo, no corresponde sólo a la Iglesia sino a todos los demás sectores de la sociedad, el dar a ello -además de conveniente reparación (crematística o pecuniaria)- la debida respuesta. 

Y negamos (de entrada) la mayor, y es porque en cuanto a la gravedad -del acto en sí y de sus secuelas y consecuencias-, unos y otros abusos, a manos de individuos eclesiásticos o civiles , no afectan al cuerpo social del mismo grado y de una misma forma. Ni son comparables a ello otros fenómenos -el aborto, la interrupción del embarazo-  aunque la Iglesia los esgrime a menudo a modo de coartada de autodefensa. Y es en la medida que menores (bajo tutela) no son equiparables ni asimilables por ningún concepto a los no/natos -léase fetos de los no-nacidos-, de las campañas (eclesiásticas) anti-abortistas. Ni son comparables ni equiparables tampoco los abusos sexuales de menores a manos de eclesiásticos, a otras formas de abuso sexual que carecen -al contrario- de la nota de abuso de poder, y más grave aún del poder -sobre cuerpos y conciencias que da la autoridad (tutelar) de aquellos eclesiásticos a los que el menor se ve confiado.

Y como agarrando al toro por los cuernos, vamos directamente al fondo de la cuestión. y es que la causa responsable última de la difusión y propagación de esta lacra -como una plaga bíblica- no estriba en un defecto de educación sexual o de formación moral, ni tampoco -como el autor del articulo hace de ello mención- la pornografía y su libre difusión ni siquiera -contra el parecer de algunos bien intencionados- en el celibato. Y no es así, porque la gravedad de la pedofilia/pederastia no estriba (del todo) en los actos de esa naturaleza -contra natura- en sí, sino en lo que tienen de síntoma -pródromo- incurable y sin remedio. Y es en suma -ese síntoma o "malestar" (espiritual)- del problema (al que me referí en una entrada de este blog), que arrastra la moral católica -cristiana en su origen o judeo-cristiana-, con el mismo sexo. Lo que denunciaron -tras los pasos de Federico NIETZSCHE- los nazi fascismos. Incitación (sic) a obrar contra natura, así llamo el filósofo alemán, a la predica y exhortación a la castidad, por otra parte, tema central, por no decir único -insistente y rayano en la obsesión- de los multitudinarios y apoteósicos Congresos de la Juventud del pontificado (interminable) de JUAN PABO II.  

Pero el mal -seamos justo- no es (sólo) de ahora, aunque se haya (clamorosamente) destapado a plena luz y en los focos de la más rabiosa actualidad a seguir -rindámonos a la evidencia- en el posconcilio y en los pontificados de los papas del posconcilio, especialmente el del recién nombrado. Que esa acusación tenaz y con marchamo de anticlericalismo, de revanchismo y guerra civilismo -tan insufrible en los oídos de algunos (como en los míos se remontaba ya (no nos duelan prendas el admitirlo) a los tiempos de la República y de la guerra civil. O acaso -y me expreso así sin ánimo, mi palabra, de escandalizar a algunos- ¿cabe entender o interpretar de otra forma -con la perspectiva (histórica) del tiempo transcurrido-, esa (enigmática) acusación -de la izquierda-, de dar caramelos envenenados a los niños (sic), de la que (amargamente) se quejaba en su Carta a los militares de España (1936) -en vísperas del estallido de la guerra civil-, José Antonio PRIMO DE RIVERA?

Ajeno o no directamente relacionado con el celibato sacerdotal -una enfermiza a fuer de irresuelta cuestión y eclesiásticamente "formateada" hace mucho, léase, puesta en relación directa con otras cuestiones debatidas a perpetuidad e igualmente irresueltas, como el sacerdocio femenino. Ajeno a todo ello como digo, el abuso de menores del que aquí estamos tratando, la cuestión se impone. Y es la de elucidar hasta que punto la (trágica) privación del don y beneficio de la paternidad no debería tenerse como factor a tener en cuenta, y es de la insensibilidad primordial o falta de empatía (elemental) con la infancia y en particular con la infancia desvalida e indefensa, que fatalmente traduce el abuso y más aún- el abuso sexual- de menores por parte de padres sin paternidad, víctimas de "la oscura noción -Miguel de UNAMUNO díxit- responsable de tantas tragedias existenciales", de la vocación religiosa  

Oliverio Twist. La novela que más me marcó de niño y que más recuerdo aún. Sin duda por la estampa imperecedera que su autor -Charles DICKENS- acierta en ella a plasmar de la infancia indefensa y desvalida. Lo que pone en foco la lacra eclesiástica de abuso (sexual) de menores a manos de eclesiásticos. Como una plaga bíblica. Lo que no pudimos soportar algunos que crecimos y fuimos educados en la fe en la Iglesia, Guardiana de la Infancia, y Maestra de Verdad. Y es que como dijo José Antonio, "¡es tan difícil volver a creer cuando se ha perdido la Fe!". Obligada glosa: ni creí en esta Iglesia (de hoy) ni tampoco perdí mi Fé

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