Montapoyos hoy y siempre:
vi pintado en el espejo
y me miré y me remiré
estupefacto y perplejo
Hasta que me di cuenta
de la trampa, del vil juego,
que no era mi espejo ¡oh no!
que me equivocaba de dueño
¿Montapoyos yo? ¡Pobre Krohn!,
!Pregonero de mil sueños!
La cabeza en las nubes, sí,
y los pies bien el suelo
Se equivocaban conmigo,
cual paloma (la del cuento):
mi sombra y mi sino fatal
¡que ese no era mi número!
¿Número uno? No, no lo fui
¿Número dos? Lo pensé (es cierto)
Muchedumbres sin número
¡eso es lo que más me temo!
No que me quiten la vida,
sino la memoria (el recuerdo)
el saber quien soy (semper idem!)
y también de donde vengo
Fuera de eso, todo en orden
dijo BAEZ (estando preso),
lo que oí en la Argentina
(que se las dan de despiertos)
Y a fe mía que sí lo son
¡tendríamos que aprender de ellos!
rumiaba Ulises (o sea Yo)
de versos lleno el talego
El alma en paz
con el ánimo sereno
y la mirada a lo lejos
(y riéndome por dentro)
Cuando de golpe yo te vi,
mirándome derecho
de tus ojos de gatita
siempre fijos, siempre serios
Y es que al final comprendí
el Oráculo (en verso)
-y el enigma de la Esfinge (...)-
In principium erat Sexum

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