Ciento veinte aniversario hoy, 31 de mayo 1906-, del atentado -31 de mayo de 1926- contra Alfonso XIII y su esposa la reina Victoria Eugenia, a manos del anarquista Mateo MORRAL que dejó un elevadísimo saldo sangriento de victimas (veintiocho muertos y mas de cien heridos). Venía a engrosar la lista de magnicidios -atentados mortales casi todos ellos- de aquel periodo histórico de la Restauración, del pasado y antepasado siglos -contra Antonio CANOVAS DEL CASTILLO (20 de junio 1893) contra José CANALEJAS (12 noviembre 1912), Eduardo DATO (8 marzo 1921, y de nuevo (mortal esta vez) contra CANOVAS DEL CASTILLO (8 de agosto 1897) Perpetrados por anarquistas -españoles o extranjeros- todos ellos: una plaga social el anarquismo o anarcosindicalismo en España. De la que nos veríamos sólo libres al precio de la guerra civil como se habían visto en Francia anteriormente, al precio de la Primera Guerra Mundial que la limpió de aquella escoria como por ensalmo o arte de magia. Los españoles en cambio-neutrales en la Gran Guerra- tuvimos que esperar al flagelo de la guerra civil y de la dominación en zona roja con todas las laceraciones y flagelos y sufrimientos que traerían consigo.
El mayor protagonismo del lado de la izquierda en la violencia callejera en la espiral de violencia de los meses que precedieron al estallido de la guerra civil, no fue socialista ni comunista, sino anarquista del lado de la CNT-FAI. Focos de violencia e insurrección lo fueron los Ateneos libertarios y las escuelas que les eran asociadas: como la Escuela Moderna de Francisco FERRER (I) GUARDIA, que acabó vinculándose al anarquismo, lo que pesaría en su posterior juicio y condena (*), igual que las sospechas de su vinculación -em relación con el atentado- con Mateo MORRAL, bibliotecario y traductor de la Escuela (...) E igualmente funestos (doy fe) lo fueron el apoyo que encontró en el plano internacional, y la campaña -con pocos parangones- de protestas por la ejecución del pedagogo anarquista catalán, en todo los países europeos especialmente en Bélgica, donde a mi gran sorpresa y perplejidad (y frustración) pude atestiguar el culto iconográfico y de martirologio del que el pedagogo catalán, oficialmente librepensador -y oficiosamente masón- y anarquista y agitador goza, los años que allí viví. Hasta el punto que la única o una de las pocas efigies en busto de cuerpo entero erigidas en la capital belga, está dedicada a él a escasa distancia de la ULB (Universidad Libre de Bruselas) faro de la laicidad y del movimiento librepensador dentro y fuera de Bélgica.
En un clamoroso botón de muestra, de la capacidad de convocatoria, y last but not least de la fuerza y arraigo de la leyenda (e imagen) negra anti-española por cima de los Pirineos, especialmente en Bélgica el único país europeo hispánico e hispanizado en diversos aspectados, legado de nuestra presencia siglos atrás allí, por paradójico que todo ello parecer pueda. ¿Irregularidades en su juicio, en violación (flagrante) de la presunción de inocencia? No más ni mayores que en muchos procesos políticos en los países europeos los últimos siglos de historia. No más por ejemplo que en el caso de Pierre LAVAL, jefe de gobierno del régimen de Vichy, ejecutado tras ser -previamente- declarado culpable en los medios y en la opinión, y tras su detención, con posterioridad a su tentativa de encontrar refugio en España, lo que le negó FRANCO, quien a la vez consintió -confrontado a un dilema insoslayable- en su extradición.
Y el protagonismo violento, desenfrenado, salvaje del anarcosindicalismo durante la guerra civil, me habrá sido evocado por una entrada leída ayer en la Red, sobre las circunstancias que rodearon la muerte de RAMIRO LEDESMA -pretendidamente acuchillado y ya cadáver, descuartizado- y presentado todo ello por un documento grafico obtenido a todas luces con ayuda de la AI (Inteligencia Artificial) -la efigie en sí y presumiblemente también los informes e informaciones que respaldan la tesis expuesta-, fácilmente (re)utilizable todo ello con propósitos guerra civilistas evidentes, claramente beligerantes o sea. En donde se defendía, contra la tesis comúnmente admitida, que el (heroico) líder jonsista habría sido conducido tras su detención a un Ateneo libertario -de la Elipa-, en donde encontró la muerte en los términos referidos, en el transcurso de su interrogatorio. Una hipótesis perfectamente gratuita y relativamente creíble a la vez, y es en la medida que parece avalarla (solamente) la imagen y reputación -de desenfreno y salvajismo- del anarcosindicalismo, que les legó la memoria de la guerra civil. Que no olvidamos of course, aunque no nos intimidan
(*): En los años -treinta y ocho- vividos en Bélgica, no vi ni oí nunca, entre las múltiples referencias, evocaciones y recordaciones de Francisco FERRER, de su condena y muerte, jamás -soy categórico en lo que afirmo- me llegó la menor alusión al contexto de violencia terrorista -de signo anarquista- en el que se produjo aquella condena y ejecución, que tanto sigue escandalizando e indignando a las más bellas/almas, las de más compasión y misericordia ("a geometría variable") llenas, en un país de una memoria selectiva y reconstruida, en lo que se refiere sobre todo a la presencia española.