MÉJICO. Un combate -sin cuartel- al que asistimos, como el de dos hembras reinas (salvajes, de la Sabana), entre la presidenta de Comunidad -de Madrid- y la presidenta mexicana. Entre la mujer, madrileña, mas votada y plebiscitada -y odiada a la vez y atacada y vituperada- de la política española, y otra mujer, catalogada por la revista estadounidense FORBES, de negocios y finanzas, como "la más poderosa de la tierra", su rival mexicana. Una trifulca nada trivial, que por su enorme cargazón simbólica, política, histórica e ideológica se merece que le prestemos espacio y todo nuestro interés y atención en estas entradas. En torno a la Conquista de América en sus paginas mexicanas, y al principal protagonista del lado español de aquella, Hernan CORTES, alabado sea su santo nombre aunque el cielo se hunda en nuestras cabezas.
Conscientes no obstante del mundo que vivimos, muy distinto del de hace ochenta años cuando se veía al ilustre conquistador -entre españoles- como un dios (sic) nacido en Extremadura, al de hoy cuando se le puede (libremente) estampillar y catalogar como un criminal de guerra el mas grande quizás de toda la Historia sin que parezcan inmutarse lo mas mínimo las conciencias. Ordenes militares y Conquista de America. Que hay esté la clave tal vez de resolución del enigma de nuestra gran confusión en el plano de la Memoria, que nos habrá transmitido una imagen de aventureros y criadores de puercos (extremeños), en vez de lo que realmente fueron, caballeros cruzados de una nueva y última Cruzada que la Iglesia no quiso reconocer como suya (*). Blanco y en botella (que se dice en España de nuestros días) Como lo ilustra ahora de la manera más flagrante la negativa del arzobispo de la Ciudad de México al pedido de prestarles un templo, su basílica, la CATEDRAL de la capital mexicana, para honrar al héroe español de la Conquista, y a Isabel la Católica. Hay no obstante que rendirse a la evidencia. Y es la de encontrarnos ante un diálogo de sordos como el que habrán protagonizado la presidenta madrileña y la mexicana (y correligionarias suyas) No otra cosa que un síntoma más del enigma -como los de la Grande Esfinge- que ofrece el choque de culturas subyacente en la Conquista de América, comparable mutatis mutandis al que nos sigue ofreciendo desde que MARX lo sacase a la luz, la lucha de clases (...)
Isabel no obstante lleva razón. ¿Abusos? Los de aztecas (o mexicas) y mayas contra su propio pueblo (o pueblos hermanos) Frente a los que España impuso un nuevo orden -de la Cruz-, en defensa de la Vida (y contra los sacrificios rituales) Consciente no obstante adoptando esa postura, del muro en apariencia infranqueable que se erige ante nós, y es el de todo un consenso cultural, académico y universitario que tuvo su punto de arranque el siglo antepasado en las universidades alemanas, en el que se rehabilitaba el valor intrínseco de las culturas destruidas o desaparecidas, y el que se asignaba a España el rol de predadora cultural (ad vitam aeternam) Lo que el nazismo elevó al paroxismo, señalando a España (de la Reconquista) con el dedo acusador, exaltando al primer plano las culturas amerindias, precolombinas (en particular la religión y los libros sagrados del pueblo maya), lo que se puso especialmente de manifiesto -por razón sin duda de lo hispánico del pais ocupado- en Bélgica en la II Guerra Mundial, durante la ocupación alemana.
No reconocemos pues -en lo referente a los presuntos abusos, ni tanto así. Lo diga quien lo diga, y por muy alto o reconocido que se vea. Porque nos va la Vida en ello. Nuestra propia identidad, individual y colectiva o sea
(*) Como sí lo hizo en cambio con la IV Cruzada (1202-1204), quienes apartados de su destino original, acabaron desviándose de su ruta con el desastroso resultado final, a manos del Dux de Venecia, Enrico DANDOLO, del saqueo de Constantinopla (13 abril 1204)