Jugadores argentinos tras su victoria en el encuentro de semi-finales del Mundial, Inglaterra-Argentina. En una escena como la que borró -por los pelos- la retransmisión de la televisión (pública) española. ¿El fútbol sólo deporte? ¡Nunca nos lo creímos!
¿Sólo deporte el futbol? La cuestión que va y vuelve -dentro y fuera de aquí-, una y otra y otra vez. Y en estos días, con la atención -y la pasión- de la Nación entera volcada en el Mundial y en la actuación española en él, mucho más. Es lo que me venía a la mente sin parar, viendo y siguiendo -a prueba de infarto- el partido de ayer (de semi-finales) España-Francia y la explosión después de júbilo y alborozo desparramada en plazas y calles -la bandera roja y gualda flotando a todo flotar- a lo largo de toda la geografía española en una fiesta nocturna sin fin. Y sin embargo no conseguía desprenderme del todo de la idea o sentimiento de rivalidad presente en mí, igual -salvo prueba de lo contrario- que en tantos de mis compatriotas- entre dos viejas y grandes naciones, a las que separa la geografía -léase los Pirineos-, y también la Historia y sus vaivenes, y a las que en cambio unen, nos unen tantas cosas. Como el gusto por su geografía, sus paisajes -Francia es un vergel, le oi comentar enfático, mas de una vez a mi difunto padre, de un patriotismo sin reproche fuera de toda sospecha-, o el gusto por su gastronomía (y a la vez por su lenguaje gastronómico), por su lengua que suena bien a oidos españoles aunque a nostros nos cueste tanto el dominarla por culpa de la maldita fonetica, que es una barrera mayor entre ellos y nosotros de lo que lo es en la lengua inglesa, o la alemana o la neerlandesa incluso, por paradójico que parezca.
El gusto y el atractivo de la magia de sus nombres propios, de la magia y el glamur de sus nombres (franceses) de mujer -y que nadie se ofenda-, Anne, Carine, Sylvie, Nathalie, Joëlle, Isabelle, como ya lo declaró este afrancesado incorregible que soy, en uno de mis poemas. Y la magia y el atractivo del cine francés con el que vine a entablar un idilio los años (largos) que viví en Bélgica, en sesiones de domingo en las salas de un barrio céntrico de Bruselas (premios de Cannes incluidos, no me dejé sin ver ni uno). Y sobre todo, el atractivo y la fascinación que ejerció y ejerce en mi la canción francesa que evocaba nostálgico Jaime GIL DE BIEDMA en uno de sus (últimos) poemas. Canciones de Hughes AUFFRAY, de AZNAVOUR, de Mylène FARMER, de Coeur de Pirate (BEATRICE MARTIN), que arrullaron mis años de expatriación (y bohemia) y más lejos en el tiempo, de France GALLE y Sylvie VARTAN que marcaron los recuerdos de mi adolescencia. Todo ello sin menoscabo -no se me mal interprete por el amor de Dios!-, de Julio IGLESIAS (Con la misma piedra, entre otras muchas), de RAPHAEL (Mi gran noche), José Luis PERALES (y sus canciones "con corbata", como "Te quiero", "Canción de Otoño" "Compraré", "Cosas de Doña Asunción", "L(a) llamaban loca", y tantas otras), o "¿Donde estará mi carro?", de Manolo ESCOBAR, sin ir más lejos (y otros y otras grandes de la Copla) Todo esto -y mucho mas- me venía a la mente en tropel observando el discurrir en el campo de DEMBELLÉ, de MBAPPË, de Pedro PORRO o de Marc CUCURELLA.
Y como gravitando o planeando sobre todo lo que transmitía el televisor, lo estaban las declaraciones (polémicas) de Mariano RAJOY aún en el aire, y sus explicaciones de hoy llenas de humor, que lo revelan como un gran conferenciante y comentador deportivo. Humor gallego o a la gallega (el suyo) -¿de donde le viene eso, de ellos solos o de allende el mar?-, un género a parte que se merece un puesto a parte en la Historia de los géneros literarios. En serio. Y siguiendo en serio, y tomándome el futbol en serio como aquí explicar lo estoy intentando, no se me ocurre otra cosa a la vista de lo que nos acaba de transmitir (y justo de seguido borrar) la pantalla televisiva justo al final de estas líneas. Enhorabuena a la ARGENTINA y al guiño que le habrá brindado hoy el Destino y el gesto que le habrán reservado la Diosa CLIO de la Historia y MNEMOSINÉ, de la Memoria. De las Malvinas









