En un test electoral previo a las elecciones generales andaluzas, sus resultados registran -junto a un aumento en general de la abstención- un repunte de VOX en zonas litorales de agricultura intensiva ligadas a una mayor presencia de mano de obra migrante como lo es la comarca almeriense del Poniente, con los mares de plástico y las localidades emblemáticas de Roquetas de Mar y sobre todo, el Egido, teatro de graves incidentes hace veinte años a seguir a la violación y muerte de una joven almeriense a manos de un obrero agrícola marroquí. Y también en zonas de Huelva, especialmente en torno a la localidad de LEPE, donde predomina el cultivo de la fresa.
Y ahí tercio yo con la experiencia a rastras de mi periodos de trabajo agrícola en Bélgica, precisamente en la recogida de fresas al lado de nutridos colectivos migrantes marroquíes. De lo que debo decir a modo de balance de mi experiencia aquella, y de lo que yo en Bélgica vi, que el problema que plantea la inmigración de confesión musulmana no es o no lo es mayormente del orden de la delincuencia, sino en el plano cultural de la guerra cultural que traen ellos a rastras con su back-ground cultural, y no la reacción entre la población autóctona que aquella (fatalmente) provoca. Y la prueba por el nueve la ofrece la corriente migratoria hispanoamericana que no plantea problemas de integración y hablo de la mano de obra migrante y no la inmigración joven, fuera de control en zonas urbanas.
Los marroquíes con los que yo trabajé, ellos siempre en grupo, yo solo, no me crearon problemas (mayores) Y hasta llegamos a entablar conversaciones en tono pacifico de las que no dejé de tomar nota, y era sobre todo por la creencia o convicción inquebrantable que traslucía en todos ellos, en lo ácido de sus palabras, y en sus sonrisas irónicas con las miradas puestas fijas en mí (of course) Y era la convicción adamantina en todos ellos de tener, por decirlo así, -como decía de la Iglesia el personaje del Inquisidor en "El nombre de la Rosa"- todo el tiempo por delante" O sea que el tiempo -así lo creían todos ellos a pie juntillas-jugaba en favor de ellos, léase del colectivo musulman -no solo marroquí, y no sólo en Bélgica, sino en el conjunto de los países europeos, escenario de la inmigración en masa. léase de la invasión silenciosa. Y reforzaban su "profecía" con datos y cifras decisivos, comparativos, de tiempos y lugares, de sus curvas de crecimiento, que mostraban saberse al dedillo, de un promedio no obstante -a todas luces- todos ellos, de un bajo nivel de cultura. De lo que salían ellos, con un futuro -de mayoría inmigrante en Europa- que tocaban ya con los dedos de las manos, y Yo, no el rabo entre las piernas of course, pero sí con la moral a la baja -en defensa de nuestra identidad-, por los suelos, pero por unos instantes apenas, aunque sólo fuera.
Y el otro momento en la proyección sobre la guerra cultural (en curso) que aquí estoy ofreciendo a mis lectores, lo habrá sido la cohabitación forzosa - los dos juntos, varios días, en la misma celda- con un joven detenido marroquí, durante el tiempo que estuve preso en una prisión belga -en Bruselas- de lo que habrá dado cuenta fuera y dentro de este blog, repetidamente: Una experiencia iniciática como así lo califiqué, que me permitió de adentrarme en la cultura musulmana (marroquí) y en la mentalidad, la psicología y en el comportamiento de aquel joven, representativo por muchos aspectos del conjunto -numeroso, de altos porcentajes- de presos musulmanes en las cárceles belgas.
¿Será posible para el conjunto de la sociedad española de superar con éxito la prueba (sic) que para ella supondría -como lo fue para mí- la experiencia de cohabitación forzosa con la inmigración (musulmana), que yo conseguí al precio de esfuerzos casi heroicos, finalmente de superar, y que parece esperar fatalmente a los españoles, siguiendo verosímilmente hojas de ruta de las conferencias internacionales de paz que sellaron el desenlace de la II Guerra Mundial?
Ante la incertidumbre de lo que aquello nos podría deparar ¿no sería mas sensato, y sabio y prudente de evitar a los españoles, por todos los medios a su alcance, la fatídica cohabitación,, de corolario fatal de la invasión silenciosa? Mi respuesta ya la conocen todos aquí, De la que le den las instancias dirigentes decisorias -con beneplácito de la Zarzuela y la Moncloa- depende el futuro en paz y en concordia. Lo que no nos parece realista ni posible, en claro menosprecio de la prioridad nacional como así parecen apostar en la Moncloa. Ese es el reto que nos plantea a todos la inmigración en masa y la invasión silenciosa