Un pequeño burgués, así es como me debería definir o eso creo, natural de un clase media/baja o no muy alta, léase de esas clases medias que levantó el régimen anterior, y de las que FRANCO declaró al embajador USA Vernon WALTERS -presidencia EISENHOWER-, que España no volvería a vivir una guerra civil, gracias a ellas, "nacidas bajo su régimen" Y así creo plantear debidamente el problema del que el caso de Mari Carmen habrá servido de subterfugio para incendiar las calles y comprometer gravemente la Paz social y la Concordia. Afrontando así -en el terreno a la vez histórico e ideológico, o sociológico a la rigueur, de preferencia al socio/económico)- el desafío a cara o cruz que nos plantea la crisis de la vivienda y la izquierda a la vez que quiere sacar partido de ella a toda costa.
Así, privado por razón de mi origen, agravado éste por lo atípico de una trayectoria (la mía) lastrada mi gesto de Fátima -de todos conocida-, a falta como digo, de un trabajo asalariado declarado, me encontré (fatalmente) ante la barrera de la falta de cotización (sic) suficiente a la Seguridad Social que me privó por así decir de la pole position que a todas luces me parecía asignada en razón de mis estudios y mi preparación (*), en los inicios de la carrera -como de Fórmula Uno-, en dirección de la reintegración, y de la reinserción social. Es decir, al lado de mi situación de desempleado, tuve que cargar con la circunstancia gravosa y agravante de la falta de un derecho tan general por no decir universal al subsidio del desempleo, que me sentenció a una larga travesía del desierto, por los circuitos propiamente infernales por momentos, de la asistencia pública -allí no había CARITAS-, y de la reinserción social y profesional, lastrada por mi nacionalidad extranjera (española para más señas), por mi edad y sobre todo por no disponer de una tarjeta o carnet acreditativo de una afiliación sindical cualquiera A lo que me negué, sintiéndome en el ejercicio de un pleno derecho de un libertad -de afiliación- amparado por la Constitución (del 78) Así durante años y años de mi estancia en Bélgica me vería impuesto en cambio el transitar -al hilo de mi búsqueda de empleo- por lugares de trabajo manual con contratos sociales, precarios y discriminatorios por propia definición, sin derecho al preaviso, a titulo de ejemplo.
Fui pues mecánico en un centro subsidiado de reparación, montaje y venta de bicicletas, y después, obrero agrícola -dos temporadas- en una plantación de agricultura biológica -sin pesticidas- en la periferia (flamenca) de Bruselas. A lo cual añadiré (aún), meses -tres- de jornalero en campaña de recogida de fresas (zona flamenca) . Y transitando en paralelo -además de las colas interminables de la Asistencia Pública (CPAS), horas y horas desde la madrugada en condiciones de hacinamiento con inmigrantes de todos los países y refugiados-, además como digo, por las colas de las oficinas laborales, de búsqueda de empleo y de cobro del subsidio de empleo, viendo pasar justo al lado -y siempre delante de mí- españoles inmigrantes ufanos, sonrientes y despreocupados -de clase obrera, presumo, todos o casi todos ellos-, con la tarjeta sindical -CCOO o UGT- como Dios manda en el bolsillo. Por todo eso, cuando al cabo del tiempo estipulado -alargado por razón de mi edad-, con vistas a alcanzar el nümero -que fue in crescendo en aquellos años, de horas de trabajo declarado (en régimen asalariado) , conseguí alcanzar el estatuto (tan ansiado) de obrero en paro por completo subsidiado (chômeur complet idemnisé), lo viví como una realización personal, y como una revancha frente a las centrales sindicales -de clase-, responsables visibles de mi infortunio.
Todo lo que precede, lo alego aquí -¿a destiempo? no lo creo-, y es en abono de mi fuerza moral a la hora de decir NO a la huelga general que los sindicatos de clase -UGT y CCOO- (catastróficamente) nos anuncian (para el 11 de noviembre), coincidiendo con el inicio de la campaña electoral, a favor de la ola de indignación, aventada por el desahucio y la muerte de MARI CARMEN, y con todos los visos (aquella) de huelga política, como las prohibidas expresamente por la Constitución (art. 28.2). Lo que habrá abierto -¡albricias!- una grieta en el frente sindical, por el rechazo de participar en la huelga general de un nuevo frente de sindicatos (profesionales) -CSIF, FETIMO, VALORIAN, USO- con medio millón de afiliados. ¿Un eco lejano como voz de ultratumba, de los gremios -corporation de metiers-, a los que dio la puntilla (1791) la Revolución francesa? La pregunta del millón.
Anuncio de huelga general -11 de noviembre- al calor y a favor de la ola indignación aventada por el desahucio y muerte de MARI CARMEN (ABASCAL)- convocada por los sindicatos mayoritarios -de clase-, UGT y CCOO. Tildada pues de huelga política. Y acusada en consonancia de ser una huelga ilegal prohibida por la Constitución (art.28.2)
(*) Soy licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas, por la Complutense madrileña. A lo que debo añadir un título de Licence spéciale (3ème cycle) En Histoire du Christianisme et de la Laicité, un título -en la Universidad Libre de Bruxelles (ULB)- 1987-1989-, equivalente a un máster, que aparecieron sólo más tarde, tras los acuerdos de Bolonia (1999). A añadir, un diploma especial en Traducción Literaria (español-francés) del ISTI (Institute de Traducteurs et Interpretes) de Bruxelles











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