Nunca presté excesiva atención -confiteor- a sus idas y venidas y a sus apariciones y reapariciones en los medios. No es óbice que formó parte -como los franceses le dicen- de mi mobiliario, del mío como el de la totalidad de madridistas -como lo soy yo- y de un alto porcentaje de madrileños. Fui madridista desde niño -como él-, cierto pero ya hace tiempo (¡los años!) que no ejerzo, y fue que intercambié la fiebre del futbol al entrar en la Universidad, por la de la política, y dejé de sufrir a partir de entonces con encuentros de infarto -del Madrid contra otros grandes- y otras guerras de nervios. Pero no rompí el cordón umbilical de mi madridismo, y de mi infancia y adolescencia futboleras, y no dejé de seguir la actualidad deportiva en lo referente al Real Madrid sobre todo, aunque siempre o casi siempre desde lejos. Y por eso habré seguido ahora con atención, curiosidad, simpatía y empatía e interés, la conferencia de prensa de ayer de Florentino PÉREZ (que es a él, a quien me estoy refiriendo) Una conferencia, más que a otra cosa parecida a una declaración o proclamación de la ley marcial, en el entorno de su club y en el ámbito futbolístico.
Así es al menos como se lo habrán tomado (a la tremenda) la mayor parte de los medios, y con ellos un nutrido plantel de periodistas, comentaristas deportivos, todos o casi todos disparando -que me diga, tirando a matar- contra él desde los ángulos mas diversos. Y aunque sólo fuera por eso, esa alergia invencible, esa sospecha por principio en contra de la Prensa (mainstream) de la que da muestras el presidente del club blanco, sin rebozos ni complejos, me habrá alineado del lado de sus defensores y partidarios (que no de sus incondicionales adeptos) Victima como lo habrá sido -tal y como ayer lo consiguió demostrar- de un riguroso linchamiento, en la prensa del día siguiente. Y de una clamorosa operación de acoso y derribo desde mucho antes. Y eso -lo menos que puedo decir- es algo que me conozco. Darle por muerto, ¡por favor! , o condenar a la muerte civil -como me condenaron a mí (...)-, y salir a flote en el empeño (...) Sólo me echarán (de la Presidencia) a tiros, declaró ayer. Y todos los que siguieron la conferencia de prensa se darían cuenta que estaba hablando en serio.
El Madrid ¿no es ya -ni mucho menos- lo que era? El Madrid de las cinco copas de Europa, y de la sexta -años después- con la que me despedí de mis años de colegio antes de la bajada a los infiernos que fue mi entrada en la Universidad, de ahí tal vez que me venza aquel recuerdo. El del golazo de AMANCIO ("el Brujo") al Partisán (de Belgrado) -11 de mayo del 66-, ¡anteayer hizo sesenta años! (y a fe mía que no me veo tan viejo) Y por supuesto el Madrid de la delantera de oro, la del "DI 'STEFANO, PUSKAS y GENTO" El Madrid aquel, no tenía nada que ver con el de hoy, con el de Florentino, es cierto, pero no es una cuestión de ganador o perdedor, sino de la rueda -como un balón- de los tiempos.
Porque ayer no iba de eso, Florentino llevaba razón. Iba de él, de su puesto de presidente del Club, y los ataques iban por ahí, como habrán ido los análisis y comentarios del día siguiente en los medios. Contra su estilo (sic), contra su talante, polémico, beligerante, imprecador, "poco democrático" en resumidas cuentas. De manera que entró con una imagen, que me diga con un aura -el que presta la distancia o el pasar de incognito- que no llevaba ya al salir, estamos de acuerdo. Un hombre más humano en contrapartida, como otro cualquiera -l'uomo cualunque-, pero mucho más próximo de la afición y de la opinión, y por supuesto mucho menos lejano de mí mismo.
Un asunto le reviste como sea de un plus de credibilidad -si necesario le fuera- y es su ataque frontal contra la corrupción sistémica en la esfera del arbitraje, y su anuncio de una demanda judicial de su parte en el caso NEGREIRA, de pagos regulares a los medios de arbitraje futbolistico, por parte del club de futbol Barcelona, leña al fuego, o sea.
Un madrileño castizo, antiguo alumno de los Escolapios como yo. Yo, del San Fernando -Arguelles, calle Donoso Cortés-, él, del San Antón (calle de Hortaleza) Un hombre de negocios emprendedor y un enérgico capitán de empresa. ¿Reliquia de un tiempo que ya pasó? ¿O referente y modelo a seguir en un mundo global por venir, imprevisible e incierto por definición? Esta es mi apuesta