Vieja foto -de hace más de 10 años- del encuentro de PUTIN con el hoy fallecido Alí JAMENEI, la muerte del cual, el mandatario ruso se habrá limitado a condenar. La prioridad de prioridades siendo para él, el llevar a término, a buen puerto, a feliz desenlace su "operación patriótica" en Ucrania
¿PUTIN frotándose las manos? Es lo que algunos comentaristas ven diseñándose tras el fárrago de noticias en la crónica de actualidad mas rabiosa y candente sobre la guerra del Irán. Y es que en la fase de guerra de desgaste en que se encuentra su operación patriótica, con un avance imparable de sus tropas pero kilometro a kilometro, a cámara lenta, qué otra cosa podía el mandatario ruso desear más que un acontecimiento por nimio e intrascendente que fuera, capaz de desviar la atención de la opinión pública global y permitirle a la vez de ganar tiempo en la prueba contra reloj que tienen montada los principales actores en el conflicto -primero de todos ellos, el mandatario ucraniano- y los principales países testigos u observadores del mismo, en la perspectiva de un acuerdo de paz o de un previo alto el fuego incluso, en el marco todo ello de unas negociaciones impulsadas y orquestadas por Donald TRUMP y los Estados Unidos?
Ello sin contar con otro elemento del análisis que es el de la guerra económica -de alzas y caídas de los precios del petróleo o sea- a la que presto menos atención e importancia como mis lectores aquí sin duda ya se habrán dado cuenta, que las guerras se pierden o se ganan en los campos de batalla y lo demás como dirían en Argentina no son más que milongas. Como lo son las vanas esperanzas de algunos puestas en una estrategia que privilegiaría el frente económico-financiero del conflicto, en los precios del petróleo, en las sanciones, y en los activos congelados rusos.
Y es lo que explica la actitud a la expectativa de Rusia en el conflicto en llamas. Que Paris bien vale una misa -y Moscú, que me diga Kiev, una (bella) ceremonia ortodoxa (del Patriarcado ruso) (...)-, y la prioridad de las prioridades en la diplomacia y en la política exterior rusas lo es hoy por hoy el llevar a un buen puerto, a un feliz desenlace, la guerra en Ucrania. Al precio de tener que sacrificar lo que sea, como lo es la alianza iraní que les habrá decisivamente ayudado -a base de los drones SHAHED 136, tal y como ya lo tengo apuntado aquí- a estar (finalmente) ganando la guerra.
Que obras son amores -como las del Irán en Ucrania- y no buenas razones -como las (enérgicas) protestas y las palabras de condena por parte del mandatario ruso del ataque norteamericano/israelí. Dicho todo eso, es cierto que la guerra de Irán parece estar (finalmente) enfilando una deriva que -desentendiéndose (o lo parece) y desviando así la atención de la guerra terrestre en Ucrania- favorece netamente a Moscú, a saber, lo que los iraníes parecen (claramente) dar a entender con su bloqueo, hasta conseguir -acorde a las últimas noticias- detener por completo el trafico marítimo en el Estrecho de Ormuz, y con ello, su ataque a barcos petroleros, como los (dos) de ayer frente al puerto de Basora -en el Irak-, que parecían hacer las delicias del presentador (ojos en blanco) del programa informativo de noche en la Televisión pública. En lo que parecía -informando y comentando una y otra vez los ataques aquellos-, o se asemejaba a un último parte de guerra (el del Primero de Abril o sea)
Estrecho de ORMUZ. Su cierre al tráfico marítimo mundial, a base de ataques a barcos petrolíferos -como parecen haberlo conseguido- era tal vez el arma secreta del Irán que parece colocar en un punto muerto a la ofensiva norteamericano/iraní. En espera de una insurrección generalizada de la población iraní que se hace esperar (¿y qué no llegará?)












