Plaza del Trocadero, en el barrio más elegante de Paris -XVIème district-, escenario obligado de los más sonados mítines recientes de la derecha francesa -de Nicholas SARKOZY, a Francois FILLON-, tal y como se merece una batalla victoriosa de franceses contra españoles (31 agosto 1823), justo después de que Napoleón mordiera en España el polvo de la derrota. Del nombre de una isla en la Bahía de Cádiz que tomaron por asalto los Cien Mil Hijos de San Luis, al mando de LUIS ANTONIO DE BORBON, Duque de ANGULEMA -primogénito de Charles X, y heredero del Trono-, bajo la Restauration
Diserté ya aquí en más de una ocasión sobre la Argelia francesa y su trágico fin -tras el desenlace de la guerra de Argelia- y le doy ahora a la tecla no aún reestablecido del todo de la ultima de mis lecturas de la que cuento hablar próximamente aquí, mi palabra, y de la fuerte impresión que me habrá producido, por el relato o la narrativa -de lo suelto y ágil de la misma,- y de lo memorístico y visual al borde propiamente de lo cinematográfico. Y por la cargazón histórica evocadora de muchos de los pasajes que la surcan, y el contexto particularmente crucial y decisivo en que aquella se encuadra, el de un tramo cronológico de la historia de aquel país de África del Norte bajo un régimen colonial en su última fase -años treinta- al borde del estallido de la guerra y de la independencia. "La Argelia francesa había cumplido cien años (*). Nadie cuestionaba su legitimidad y su futuro", se puede leer a modo de digresión en uno de sus párrafos (p. 41) Y es que con esta novela best-seller, a la vista en permanencia (doy fe) en mostradores y vitrinas de grandes almacenes y librerías, mezcla o exponente de un género hibrido entre la novela histórica y la de intriga, se habrá producido una especie de milagro (literario) en mí, y es que habré conseguido -desde hace mucho por primera vez-, hincarle el diente -hasta el final- a una obra de narrativa, lejos del género ensayo, del relato histórico propiamente dicho, o de otro tipo (filosófico, político, ideológico etcétera) a los que -desde ya hace unos cuantos años- estaba acostumbrado y en los que hoy me siento (un pelín) restringido.
Y no es para menos porque con la obra que aquí comento a medida que me adentro en su lectura se me antoja encontrarme ante un testimonio mayor -en los planos tanto histórico como literario-, de la memoria (óptica en gran medida, visual) de la Argelia francesa, y es de los pied-noirs españoles, testigos de aquella en primera fila y protagonistas principales del relato que aquí nos ocupa. Y con el cual se habrá activado mi memoria personal -y con ella y en ella me habré puesto las pilas, como en España ahora le decís- y pari passu también, mi back-ground cultural francés, de prestado of course, fruto de mi afrancesamiento, y legado fatal este a su vez de mis largos años de expatriación, en parte voluntaria -en su primer tramo-, y en parte forzosa o semi-forzosa tras mi gesto de Fatima-, y mayormente discurridos (aquellos) , como ya lo tengo aquí repetidamente señalado, en países y zonas de francofonía Y en corolario de este legado se traduce mi preferencia por ciertos capítulos o episodios de la Historia de Francia, y por una memoria histórica francesa que se puede definir como la de los vencidos, o de los del lado incorrecto de su historia, con la que me familiaricé y de la que me aficioné en mis años del seminario de Ecône. Ubicados los referidos capítulos o episodios, en un tramo histórico definido, contemporáneo, léase a partir de la Revolución francesa (ésta incluida) Yo y mi "pasión francesa"
Lo que me permite (o eso creo) el aclarar o echar mi cuarto a espadas en episodios oscuros o necesitados de esclarecimiento como lo es el de los Cien Mil hijos de San Luis del que se ocupa la prensa (española) de hoy. Un episodio propiamente a contra corriente de la Historia europea contemporánea, y no sólo francesa, y botón de muestra emblemático a la vez -en mi opinión- de lo que tuvo de guerra civil europea la Historia de Francia a partir de la Revolución francesa. Un episodio propiamente español de la Historia de Francia contemporánea que habrá marcado la memoria francesa, en alguno de los lugares mas emblemáticos de la capital francesa como el de la plaza del Trocadero, del nombre de una de las victorias de aquella expedición militar francesa -al mando de Luis Antonio de Borbon, duque de Angulema, e hijo y heredero de Carlos X, ultimo monarca reinante en Francia bajo la Restauración- para reponer en el trono a Fernando VII tras el pronunciamiento de Riego -¿héroe o villano?- y el trienio liberal (1820-1823), al que franceses y españoles absolutistas y contra-revolucionarios consideraban prisionero de la facción liberal -civil y militar- que le obligaron a jurar la Pepa, constitución de las Cortes de Cádiz, de 1812 durante la guerra de Independencia. El escritor romántico CHATEAUBRIAND habría por su parte forzado al primer ministro de la Restauración -VILLELE- a la intervención militar en España.
Trocadero aparte, las tropas francesas, aún reciente la guerra de Independencia contra Napoleón, no encontraron resistencia en la Peninsula Y sin embargo la expedición militar aquella no vino menos que a abortar las primeras manifestaciones de la rebelión berebere (con la Constitución del Doce) -José Antonio dixit-, de nuestra Historia
(*): La conquista de Argelia -en su inicio- tuvo lugar en 1830, con la toma de Argel y la de Oran, al mando del general (monárquico) de Bourmont, bajo la Restauración (borbónica)







.webp)




