Isabel AYUSO, que habrá recibido hoy la visita de Emmanuel MACRON y su esposa (ver foto), se habrá puesto (hábilmente) de perfil en la cuestión -embarazosa- de la crisis de la vivienda y de los alquileres. Cargada no obstante en ello de argumentos ante una crisis de dimensiones (casi) planetarias que plantea (a ella como a todo el mundo) un dilema equiparable a los enigmas de la mitología antigua, y es el referente a la vivienda y a los precios de alquiler. Y ante una campaña -a costa de la crisis- de la izquierda española que la habrá tenido nota bene a ella (sola) de blanco prioritario y privilegiado (por no decir el único) Reemplazada y representada eficazmente sin embargo, en brillante intervención televisiva RTVE, la Noche en 24 horas, frente a la ministro (socialista) de la Vivienda, del consejero de Vivienda de la Comunidad autónoma de Madrid, Jorge Rodrigo Dominguez
Es solo un anécdota, se me objetará, y lo registro aquí curándome en salud, pero no dejo de pensar que no es solo eso, y es una escena retransmitida por la RTV sobre la acampada de la Puerta del Sol de un joven que se encaramaba en una plataforma donde se destacaban un grupo, todos jóvenes- enarbolando aquel una bandera roja que los del grupo se resistieron con éxito a aceptar en su seno, obligándole a bajarse del entramado, a el, con su bandera roja, sin el menor eco o reacción de la muchedumbre circundante: Y como para confirmar o rubricar mi (sombría y aprensi) impresión vino la cámara de la retransmisión televisiva a mostrar de nuevo a aquel joven intentando y logrando su remontada, plantando de nuevo su bandera roja ondeando al viento y junto con ella otra bandera, tricolor, republicana. Como si los fantasmas nunca dormidos del todo, de la interminable guerra civil (del 36), se soliviantasen de nuevo en la acampada multitudinaria, apolítica en teoría, sin (casi) pancartas ni banderas (pero de puños cerrados) -al contrario de lo que fue la regla en su matriz autorizada como lo fue el 15-M-, pero de una cargazón ideológica latente -de una ideología (sic) de clase- que ratifican sus portavoces espontáneos o autorizados -entre los (chicos y chicas) jóvenes acampados, y que no me puede negar nadie.
Lo que no deja de ser el telón de fondo omnipresente e inamovible de la explotación política y mediática tan espectacular y tan estruendosa, que de la acampada de Sol está consiguiendo la izquierda española, a cuenta o en nombre de un derecho (constitucionalmente amparado) a una vivienda digna. Detonante a su vez de un largo debate en la opinión publica de la clase política, y a la vez -last but not least- de tratadistas en la ciencia económica. Por culpa de un fenómeno -la crisis de la vivienda y de los alquileres- de tal amplitud, de tal alcance y envergadura, comparable mutatis mutandis sin exagerar a la Gran Depresión (1929-década de los 30) Y de unos consensos -imposibles de obviar por mínimos que sean- en torno al mercado de alquiler (en crisis) y a la escasez y el déficit en la oferta y en la construcción de viviendas. Que no excluyen el dilema -que reviste trazos de enigma en la mitología griega- entre el derecho a la propiedad privada (reconocido en la constitución española) y el desafío que plantea la especulación inmobiliaria. Lo que abordaron sin éxito tanto los sistemas de libre mercado como los de economía estatalmente intervenida. Y como lo intentarían en vano los nazifascismos vencidos tras la II Guerra Mundial (en el 45)
Grupos de ultra derecha protestan -ante la escandalera de los medios de la Prensa mainstream- por la acampada de la Puerta del Sol. Testimonian así de la cargazón ideológica (y sectaria) innegable de esa acampada callejera que los medios de la prensa mainstream se obstinan -negando las evidencias- a presentar como apolítica y de reivindicación social, a-ideológica







.jpg)








