miércoles, abril 01, 2026

"¡ MUSULMAN EL QUE NO BOTE !"

 

Mar de banderas y un atronar de cantos -entre saltos- y al grito de ¡Musulmán el que no bote! Ayer, en Cornellá (provincia de Barcelona) Con la regularización masiva -al nivel de cientos de miles- de inmigrantes (clandestinos) de telón de fondo. Como un SOS (angustiado) de la sociedad española. Y en señal de desafío

¡Musulmán el que no bote , oé, oé! gritaban ayer, dando saltos, una verdadera multitud de miles (¿cuántos?) de hinchas (jóvenes) enardecidos y enfervorizados en un flamear de banderas españolas -y otras inconstitucionales (y emblemas del Español)- en el partido de fútbol -de selecciones nacionales- España-Egipto- en Cornellá, provincia de Barcelona (nota bene) Bote, y no, vote, como (erradamente) lo repetían ayer hasta la saciedad, en un descarado empeño intoxicador (y partisano) -de confusión-, los diferentes canales y programas de la RTVE (para variar). Un incidente o incidentes todo menos triviales que nos están pidiendo a gritos una glosa o relectura, y por lo arduo y difícil (de resumir o explicar), todavía más trabajosa. Y lo es el interpretar lo ocurrido en sí, y last but not least, las circunstancias, o la circunstancia -de lugar- del que aquello se vio rodeado. 

En Cataluña, donde una manifestación tan entusiasta y tan arrolladora, de patriotismo (español) no se exime de un análisis desprovisto de tabúes, complejos y prejuicios. Si se tiene en cuenta además, el sentimiento anti-inmigración y en particular anti-musulmán que habrá acabado aflorando en la sociedad catalana como lo muestra el fuerte empuje -y auge electoral- que habrá experimentado en la política tanto a escala nacional como catalana el partido AC (Alianza Catalana) el partido anti-inmigración de Silvia ORRIOLS, rival directo y en extremo peligroso (por la sangría de votos) de JUNTS, el partido comodín de la coalición Frankenstein, la del inquilino de la Moncloa, al que iban dirigidos -por aquello sin duda de que las masas no son ni ciegas ni mudas ni sordas- algunos de los gritos que se corearon ayer en el estadio. No hubo insultos, dicho sea de entrada, y diga Lamine YAMAL lo que diga. Insultos, me refiero, a la religión musulmana.  

Que como fenómeno social y político -léase político/religioso- no deja de ser (libre) objeto del derecho a la libertad de expresión registrado en la Constitución al mismo titulo y nivel que el de la libertad religiosa. De lo cual, de esta última ya diserté en abundancia en este blog, en una de las entradas que dediqué aquí a la inmigración, y en particular a la inmigración musulmana (clandestina, y en masa) O sea que las acusaciones de racismo (y xenofobia) que habrán llovido en los medios tras lo de ayer, ni nos convencen ni nos obligan a sentirnos o a darnos por aludidos. La libertad religiosa (constitucional) no nos obliga en efecto, a aceptar que la confesión musulmana -que es la que aquí nos atañe- ocupe -e invada-  el espacio público de una sociedad no musulmana como la española. Que invada o que amenace (seriamente) con ello, por razón de fuerza mayor, léase de simple reemplazo, o presión demográfica. Y con eso creo sinceramente que queda bien expuesto y planteado el problema. No es una hostilidad -ni rechazo, ni aversión-, ni por razón religiosa o confesional, ni racial o étnica. En mi caso al menos -como aquí ya lo tengo suficientemente explicado y demostrado- y si es algo que no puedan decir algunos o serles extrapolado, quiere ello decir que estén necesitados de una suerte de terapia social, más que otra cosa (y no de hechos consumados, me explico) Es, como sea, una simple cuestión de Identidad, para los que lo tienen claro -lo que aquella comporta y significa- como para los que lo tienen, y no ven ello claridad ninguna. Lo que tampoco es nuestra culpa.

Como quiera que sea, nos tomamos muy en serio lo ocurrido ayer en el estadio de una localidad catalana. Que nos lleva a auscultar y a escrutar las pulsiones y pulsaciones mas hondas del cuerpo social, y mas aun si cabe, tratándose del estamento joven, prenda y garante del futuro colectivo. Como un signo de los tiempos, o un fenómeno matriz de nuestra época

Lamine YAMAL es musulmán, a lo que tiene todo el derecho (en un país que no es, no obstante -aún- tierra de Islam) Pero eso no le da derecho a insultar -de "racistas" e "ignorantes"- en respuesta a unos gritos que eran de (jovial) libre repulsa o disentimiento, pero no eran insultos. Una respuesta todo menos trivial (se nos antoja) la suya. "No puedes esperar que todo el mundo te quiera", (cruelmente) me dijo en una ocasión -en un fregado (sin violencia), no sé bien a cuento de qué- un belga durante mi estancia allí. Y me vienen a la mente sus palabras a cuento del jugador azulgrana. ¿Abusivamente? No lo sé. Pero Lamine YAMAL, (arrogantemente) orgulloso de su confesión, no puede pretender que todo el mundo comparta su orgullo, y que no puedan ejercer (libremente) el derecho de decir NO a su religión, en ejercicio de su derecho a la libertad de expresión, a la libertad religiosa y a su libre albedrío. En nombre todo ello de nuestra identidad europea y española (individual como colectiva)