El profesor Robert JOLY, que fue mi amigo y mi maestro. Así es exactamente como yo todavía le visualizo y le oigo (en el recuerdo) Que dejaría publicar uno de sus libros post mortem con el titulo (provocador) "Dios os interpela, a mí me evita". Y se me antoja visualizarle perfectamente es cierto. En esa frase (y entre tanta risa)
En entrada anterior evoqué de una mención expresa a une serie de personas -influencers-, figuras publicas por lo general que habían gozado de una ascendencia cualquiera o ejercido su influencia sobre mi. y caí después rápido en la cuenta que me olvidaba de una de ellas, por lo que en esta entrada quiero raudo colmar ese lapsus u olvido, por un deber de memoria o de justicia a secas. Y se trata de una figura quizás no tan publica o tan mediáticamente expuesta como los anteriormente evocados, por tratarse de un profesor de universidad -de la Universidad (ULB) Libre de Bruselas- pero de una innegable irradiación y no menor prestigio, y de una igualmente innegable presencia en la Memoria. Y me refiero a Robert JOLY, que impartía un curso de análisis de los textos evangélicos, en la Licenciatura (especial) de Histoire du Christianisme -que yo seguí (*)-y donde le conocí hasta el punto de entablar amistad con él, a base sobre todo de encuentros que teníamos antes o después de la clase en su despacho, donde abordábamos toda suerte de temas, particularmente en relación con las lecciones que él nos impartía (...)
Y recordándole y evocándole aquí, no quiero ocultar o dejar en la sombra su más destacada faceta (en mi opinión) que hace que al recordarle me cueste tanto trabajo el contener la risa y es por el temperamento burlesco del que en sus clases daba muestra a veces, hasta el punto de poder calificarle sin el menor tono peyorativo -al contrario, presa del respeto y de la admiración- de un gran histrión de la enseñanza universitaria de la Bélgica de su época. En estridente contraste por lo demás con lo serio de los temas por él abordados, en consonancia con lo religioso, filosófico y teológico de la materia en las clases que él nos impartía. Robert JOLY era un librepensador anti--clerical -e incluso anti-cristiano forzando un poco la expresión a decir verdad- pero de una variante un poco rara, sui generis, a la belga o a la salsa belga. Y era quizás antes que nada un filólogo, de vocación, hasta extremos de pasión, de lo que a veces nos daba muestras, sobre todo cuando evocaba polémicas dentro de su ámbito investigador en las que se había visto envuelto -como por ejemplo sobre una obra del cristianismo primitivo en la que él había trabajado, "El Pastor" de HERMAS-, no pocas a lo largo de su brillante carrera.
Y lo conocí, di con él, de pura casualidad, lo que venia a ocultar como ocurre tantas veces la fatalidad más desnuda, y es que pienso a toro pasado que no podía haber sido de otra forma, que el cruce de nuestros caminos estaba marcado en los astros, por culpa o por la gracia (con perdón) del papa WOJTYLA, que había rendido visita a aquel país dos años apenas antes de llegar yo. Cuando el profesor JOLY había sido una de las pocas figuras de la intelectualidad belga -el único, en su país, yo diría- que osó levantar la voz en tono de critica y requisitoria hacia un papa polaco plebiscitado hasta entonces en los medios del mundo entero y en el tribunal de opinión publica del conjunto del planeta. Por motivos o considerandos -los del mencionado profesor- opuestos e incluso en las antípodas de los míos, pero eso es ya otra historia.
Porque fue precisamente aquello, en aquel país desconocido para mi -por los ecos de aquello que en el momento de mi llegada hasta mí llegaron-, lo que me llevo hasta él, y a ser receptivo a su pensamiento, a sus ideas. Robert JOLY era librepensador y ateo militante, pero era a la vez tolerante (de verdad), lo que proclamaba y a la vez practicaba, sin ese sectarismo al que estamos acostumbrados (¡ay dolor!), en otras latitudes. De lo que doy constancia, y me erijo yo mismo en prueba de lo que afirmo, alguien que decía lo que pensaba, una maldita costumbre que no perdí todavía. Políticamente era él -como no podía faltar- de izquierdas, socialista, a la belga, de justicia el recordar. Pero una cordialidad desbordante -otro de los trazos descollantes de su personalidad (tan cultivada)- hacían que me olvidara yo de ello, como de otras facetas (de sus ideas)
Y en ese punto concreto además -el de la política- vino a limar aristas entre los dos, una confidencia que tuvo conmigo en uno de nuestros encuentros en su despacho, y fue que había impartido clases en la Universidad de Barcelona, en tiempos de FRANCO aún, en compañía de Louis ROUGIER, filósofo y profesor universitario francés, mentor y fundador de la Nueva Derecha -Nouvelle Droite (y emisario del mariscal PETAIN y del régimen de Vichy en Londres durante la guerra)- y me explicaba aquello, que podía sonar a una anomalía de su parte. Y era por la preferencia de la que daban muestras las instancias rectoras en aquella universidad catalana, a libre pensadores laïques (laicistas) como él y su colega francés, frente a otros integrantes del estamento universitario de confesión católica -en aquellos tiempos del posconcilio temprano- que por un sinfín de razones fáciles de entender, aquellas instancias rectoras (catalanas) no soportaban, Así fue como me lo explicó él.
Sus clases, si hubiera que etiquetarlas de una manera cualquiera, eran de un racionalismo desmitificador (dentro de un orden) en materia de investigación bíblica y evangélica. Con una figura mayor de las que gravitaban visiblemente en sus enseñanzas, pero que no creo haberle oído nunca mencionar, y era la de NIETZSCHE, y otra en cambio mucho más visible que le oí mencionar alguna vez, y era del teólogo protestante -estrella del Concilio y uno de los padres fundadores de la Nueva Teología -, Rudolf BULTMANN -especie de ogro mayor en las enseñanzas que me impartieron en Ecône-, pero de esos diablos -como acabé por concluir- mucho menos diablo de como los pintan. El y con él, su distinción capital entre el Cristo de la Fe y el de la Historia -típicamente modernista ¡si (San) Pío X levantara la cabeza!-, en lo que me descubrí un punto de interés común con él, y era el de mi pasión (inextinguible) por la Historia, en la que aquel teólogo protestante tan progre se revelaba un gran y autentico revisionista. Pero eso eran las ideas que el profesor JOLY nos exponía, sus clases en cambio eran otra cosa muy distinta. Y era por ese carácter histriónico de toda su persona, a la que hice alusión mas arriba.
Lo que le llevaba a afirmar de una voz (histriónica) inconfundible, con completa seriedad pero perfectamente consciente de la cargazón de hilaridad a punto de explotar que sus palabras transmitían, que la única (verdadera) aportación (novedosa) del cristianismo al acerbo de la moral (pagana) de la Antigüedad clásica (greco-romana), lo había sido el principio de la indisolubilidad del matrimonio. Lo que (fatalmente) causaba una avalancha de risotadas entre sus jóvenes oyentes (la mayoría), y la rabia mal contenida ante aquella afrenta/suprema de otros cuantos (en franca minoría)
Y todo aquel estruendo era a todas luces lo que el profesor JOLY buscaba (y lo que más le divertía), seguro de su golpe de efecto que debía haber repetido ya en tantas clases a lo largo de su carrera. Un redomado histrión ante el Altísimo el (querido) profesor JOLY, ya digo. Genio y figura
(*): Licence spéciale (troisième cycle) en "Histoire du Christianisme et de la Laïcité", ULB (Université Libre de Bruxelles) (1987-1989)

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