Fuerzas de la Legión aclamadas por multitudes en delirio a su paso por el Paseo de Gracia de Barcelona durante la entrada triunfal de las tropas nacionales en la Ciudad Condal (26 de febrero de 1939) La historia es la que es. Y no van a poderla cambiar los que siguen empeñados en seguir haciendo la guerra a los vivos como a los muertos, a estatuas y monumentos ochenta años despuésA moro muerto gran lanzada, reza el refrán castellano. Franco murió en la cama y podía haber seguido (artificialmente) en vida aún más tiempo si su yerno el marqués de Villaverde no hubiera decidido motu propio desprenderle el tubo respiratorio -como lo contaba Umbral- precisamente en un 20 de Noviembre, con lo que el yerno de Franco hacía así abiertamente profesión de sus convicciones joseantonianas. Comentando con un amigo italiano -hombre cultivado y además de eso perspicaz como sólo puedan serlo tal vez los italianos- la visita tardía (agosto de 1970) del general De Gaulle a España poco tiempo antes de su muerte y su encuentro histórico con Franco, aquél me decía que lo que admiraba particularmente De Gaulle de Franco a todas luces era lo que a aquél -gran estadista sin lugar a dudas- le faltaba, a saber una brillante trayectoria militar en el campo de batalla.
Franco ganó la guerra del 36 -o su primera fase si nos ponemos a hablar con propiedad en el contexto de la guerra interminable de los Ochenta Años que aquí vengo denunciando-, y la ganó brillantemente y sin compartir la jefatura con nadie ni en lo primeros meses de la contienda tan siquiera. “Tengo concentrado en un trozo de tierra lo mejor del ejército rojo”, era las palabras que rememoraría a menudo mi difunto padre,siempre en tono enfervorizado en mi presencia, que Franco había pronunciado desde su puesto de mando de la Venta de Camposines durante la batalla del Ebro que decidiría el desenlace de la guerra civil española. En una de sus obras mas divulgadas sobre el fascismo (y el nacional socialismo) el historiador alemán Nolte) ponía el triunfo del bando nacional en la guerra civil por cuenta de la ayuda aérea -y en armamento pesado- de la Alemania nazi durante la batalla del Ebro que a su juicio había sido decisiva.





