¿Le gusta la fruta a ISABEL de ESPAÑA? ¡Toda la que quieras, mi princesa! Que oyéndola expresarse en tan ardua cuestión y denunciar valientemente la operación de Estado (sic) de la que ella -con los suyos- se habrá visto víctima, me movió (convencido) a volcarme y a informarme (por fin) en la cuestión. Tan descolocado y desconcertado como en ello me vi (¡mi palabra de honor!) España-Bélgica: ¿cualquier parecido con la realidad, pura coincidencia? (...) Y el humor (en fin) como respuesta a los ataques y a los tiros en enfilada y al acoso y a la provocación. De los que llevan la guerra de los Noventa Años en sus sienes y en sus entrañas, única clave a la hora de descifrar ese fenómeno sin precedentes ni parangón en la política española de polarización y enfrentamiento, de fiebre y de crispación. Por todo eso (y más) te comprendo. ¡Animo ISABEL, no decaigas! ¡¡¡ Nuestra ARCA DE SALVACIÓN !!!
¿Me gusta la fruta? Sí por cierto, ¡y a quién no? Aunque confieso que (casi) nunca lo había pensado antes de ahora cuando esa frase parece haberse convertido entre españoles y más concretamente entre (ciertos) madrileños en una verdadera obsesión. En los participante por lo menos del programa -incluido su director- "La Noche en 24 horas", rayando en el absurdo lo que alegaban hasta el punto que me habrán movido a mover ficha o a meter baza en tan melindrosa cuestión. Decía Francisco UMBRAL -en su estilo, tajante, a modo de acta notarial- que el humor (auténtico) estaba ausente de la literatura española -de España (y de Valle Inclán a esta parte) - y nos preguntamos qué hubiera dicho o pensado si hubiera llegado a conocer a Isabel AYUSO, en su salsa (madrileña) y en su garra tan castiza y en su desparpajo sin complejos, siguiéndola en los videos que nos trazan el origen -en su contexto- de esta (afortunada) expresión. Y digo lo de afortunado porque así lo pienso, y porque no veo ni comprendo la escandalera que se habrá montado al respecto, por lo que no es en suma más que utilizar el humor como arma (suprema) en política. Y como recurso supremo (atención!) en aras de la Convivencia y de la Concordia antes de que la sangre llegue (otra vez) al río. Como si fuésemos lores sin reproche de su Graciosa Majestad. Humor "british", socarrón -en francés "pince-sans-rire" (a la madrileña)-, así cabe definir la afortunada expresión.
Que la Isabel de España no dijo más que eso. Que no es en absoluto culpa de ella si el insulto -a base de las cuatro letras, o, que me diga de las cinco sílabas- se habrá corrido como un reguero de pólvora en todas las capas y esferas y a todos los niveles de la opinión publica española -en las calles, en los campos y estadios de futbol, incluso hasta en el Senado- derivando así de forma puramente espontánea en un auténtico clamor. Y así, los incondicionales del inquilino de la Moncloa en vez de rasgarse las vestiduras y de señalar culpables en busca de complots, deberían preguntarse por las causas y factores de tan insólito fenómeno: algo de lo que ese insulto -el de las cinco/letras- no viene a ser más que un mero síntoma. A saber, de polarización sin remedio de la política española (con el actual gobierno) traducible a unos niveles sin parangón en la posguerra española, de fiebre y de crispación.
¿La culpa a la extrema derecha como nos atronan los oídos "Xabier" FORTES y sus acólitos? (qué obsesión!) Eso es la respuesta fácil, impropia de periodista del (muy) alto nivel, de los que cabría esperar un pelín más de empatía -sí, hacia la extrema derecha, ¿por qué no?- de objetividad y ecuanimidad en sus análisis y conclusiones, en vez de servilismo y de sectarismo (a raudales) como lo denuncia de su proverbial verborrea -sin miedos ni coplejos ni tapujos- la Cayetana ALVAREZ DE TOLEDO, ¡a tus pies mi Señora!, sí ¿por qué no? Que además aquí ya saben lo que pienso, por haber dedicado a esta cuestión tan engorrosa una de las últimas entradas de este blog. Que si sigue tan desafiante y tan pertinaz, con su cuento de buenos y malos sobre la (interminable) guerra de los Noventa Años, qué de extraño que los malos se derramen en (desafortunados) insultos e improperios en contra suya, rezumantes en suma de frustración?












