Mil mataduras por dentro,
como un burro viejo ¡qué gracia!
Las que me deparó el Amor
de los míos, de la Patria
Que Amor no es mas que Dolor,
rezó el oráculo (que no erraba)
y caí tarde en la cuenta,
al cabo de mi jornada
de huida y de expatriación,
huyendo de mil fantasmas
mil sombras, mil espectros,
y entre ellos y Yo, la Nada.
Un fantasma aún más atroz
cuando ya ni me acordaba (...)
¡qué noches negras aquellas!
negras, sí, y del Pavor, blancas! (...)
Que me salvaron y ayudaron
no obstante a largar amarras
a vencer mi timidez
(mi compañera de infancia)
Cuando ya no me servía,
que era ya la hora llegada
de dejarme de timideces,
temprano, muy de mañana,
cuando el Sol amanecía,
tras los montes, ¿en Cegama?
¡Amaneceres desiertos!
(en mis tristes alboradas)
Atlántico soy, siempre lo fui,
nocturno (y boreal ¡vaya!)
¡Salve al Solsticio de estío!
¡Noches de San Juan ! (de mi alma)
Que mi alma desnuda ¡ahí va!
sin trampas, ¡las cosas claras!
Hijo de una Noche de estrellas
viejas y novas, rojas y blancas
Que sabrá aún sobrevivir
en la noche más cerrada,
¡al fuego de ti, Mujer!
(y de mi Amor, todo en llamas)

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