sábado, febrero 07, 2026

ALCALDE DE MÓSTOLES, ¡OTRO CULEBRÖN!


Tertulianos de la Noche en 24 horas (TVE la Uno) En todo su esplendor. Con el telon de fondo de la desinformación. Del linchamiento y el acoso y derribo mediáticos. Contra el alcalde (PP) de Móstoles (qué obsesión!) Isabel AYUSO, lleva (otra vez) razón 

Acusaciones de acoso (sexual) llueven sobre el alcalde de Mostoles. ¡Otro culebrón! Como quien oye llover, aunque le acusen de juez y parte, pardiez! Y ante una situación así, de acusación -anónima, sin pruebas- y de negación -en francés deni, horreur!- por parte del acusado, echo de entrada el freno de mano y me pongo a leer y escuchar todo avizor las declaraciones, de entrada resonantes y brillantes como el sol del secretario general del PP madrileño, defendiendo el derecho a dar la batalla cultural. y denunciando a los que deciden lo que es acoso y lo que no lo es, quien es creíble y quien no. Nos llaman reaccionarios -concluye- por defender la presunción de inocencia. Y el tiro en la diana lo puso Isabel AYUSO como de costumbre, denunciando que una mujer tenga que ser victima por el hecho de ser mujer, y preguntándose donde queda la presunción de inocencia ante los diarios insultos -los que le llueven a ella-, de los que doy fe con sólo seguir por razón de fuerza mayor a diario la TVE (¡obsesión!) Y aquí me distancio una vez más de VOX, ante esa operación de acoso y derribo de manual (¡por favor!) 

¿Derribo? Del alcalde (de Móstoles), sí señor. El acosador como acosado o el alguacil alguacilado, cuento de nunca acabar en la democracia que vivimos y en su variante sanchista en particular. Como en cualquier otro país europeo (u occidental) se me dirá. Con una salvedad, y es esa punta guerra civilista de polarización tan proverbial y tan nuestra. Mejor esa escalada verbal (se me dirá)  -España milenial, años 80 y 90- que la espiral de violencia fratricida y callejera -primavera (madrileña) del 36, de la que aquí ayer traté. Con tal -respondo yo- que aquella exacerbación lingüística y mental no nos acabe llevando al enfrentamiento, que el aguante humano en insultados y acosados (y acusados) es algo duro y difícil (en sus límites) de precisar. Y hablo por experiencia, a riesgo de posar o de ir de victima, disyuntiva fatal.  

Experiencia de una gran parte de mi vida yo diría, y sobre todo de mis años de Universidad, donde esa palabra -bullying- y ese concepto por propia definición, en democracia (aún) no existían, lo que hizo de aquella experiencia un suplicio más atípico y más atroz. Y no existía -seamos realistas- porque no podía, porque discriminación -que es lo que aquel anglicismo traducía- era una palabra mayor. Especie de pecado contra el espiritu de los que no se perdonan (en democracia) Ni en esta vida ni en la otra, ni en el día de hoy ni en el día de mañana o sea. Condenados (quiero decir) a una pena como dirían los escolásticos, eviterna, no eterna, pero interminable o como si lo fuera, a la damnatio memoriae o sea. Como le ocurre en Bélgica a Leon DEGRELLE (de lo que aquí ya hablé) Y en eso incurrí sin darme siquiera cuenta, poniendo un acto, ni eso, un gesto tan siquiera, y fue el llevar (yo) en la solapa de aire ufano y tranquilo -que la procesión, léase la tensión, el freno de mano, la puesta en guardia iban por dentro- una insignia con el yugo y las flechas, como si tal cosa (¡) Universitaria, Complutense madrileña, años sesenta (y principios de los setenta), ¡santo horror! O sea que en materia de acoso me conozco un poco, léase que no me falta el discernimiento en la materia: lo que es acoso de lo que no lo es, léase -puntualizando- el acoso a secas. 

Y del acoso sexual, pues tres cuartos de lo mismo. A condición de tener las ideas mínimamente claras sobre el SEXO, y sobre sí mismo. Ser o no ser. SEMPER IDEM. Y asi, ya pueden llovernos -como a Isabel AYUSO- los infundios las maledicencias y las calumnias. Como quien oye llover. Acoso sexual, ¡lagarto, lagarto! como diría García Lorca. Y de broche final de este artículo, escrito (como acostumbro) el corazón en la mano, valgan estas palabras de Catherine DENEUVE fuera de toda sospecha, con ocasión de la escandalera aquella del MeToo: estamos hoy suficientemente al día como para poder admitir que la pulsión sexual es por definición ofensiva y salvaje, pero somos también clarividentes lo bastante como para no confundir el torpe galanteo –ligue, “drague” en francés- y la agresión sexual. Palabra de Mujer


Bullying. Acoso (escolar) Que no acaba en la escuela o en el colegio y se da también -doy fe- en la adolescencia, léase en la Universidad. Fuente principal -por lo oculta y escondida- de sufrimiento infantil, y forma la más frecuente  de discriminación, lo que se desconoce en democracia (por propia definición) De ahí que el tabú -y por ende el sufrimiento- sea mayor

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