Ángel Herrera Oria, uno de los personajes más influyentes en la política española durante la II República desde la redacción del Debate y de su puesto de dirigente máximo de la Acción Católica (que acabaría ordenándose sacerdote y nombrado cardenal por Pablo VI) Fue el principal artífice de la política religiosa del Vaticano en relación con España tras la proclamación de la II República y la expulsión por el nuevo régimen del antiguo Primado, el cardenal Segura. Y lo justificó en particular por cuenta de la distinción célebre (capciosa por demás y sibilina) entre la hipótesis (republicana) y la tesis (monárquico/tomista) que esgrimieron el Vaticano y el papa Pío XI buscando así legitimar el nuevo régimen ante las conciencias de sus fieles. No hay -o no recuerdo- la menor alusión (beligerante al menos) a Ángel Herrera en las Obras Completas, como si un pacto de no agresión hubiera sido sellado entre aquél y José Antonio. Significativo por demás si se piensa que Ángel Herrera -estrecho aliado (nota bene) de Gil Robles al que José Antonio profesaba abiertamente admiración en el plano personal- era en cambio el escándalo hecho carne para las derechas monárquicas que le acusaban -a él y a la CEDA de la que aquél era a no dudar uno de los principales mentores (en la sombra)- de apuntalar con la adhesión (en conciencia) que propugnaba en favor de las autoridades constituidas, al régimen republicano. Ángel Herrera era a su vez (nota bene) el hombre de confianza del nuevo Nuncio Tedeschini (aún mas abominado entre los monárquicos si cabe, que llegaron a poner su cabeza a precio) ¿Veto del Nuncio al pedido de ingreso de Calvo Sotelo en la Falange? ¡Vivir para ver fantasmas míos!Calvo Sotelo y José Antonio. Una rivalidad personal aún hoy por elucidar en sus causas y motivos auténticos o verosímiles tan siquiera. En mi entrada anterior comenté -de oídas, sin haberle echado todavía la vista encima- el último libro de Stanley Payne donde a tenor de la presentación del mismo que hace su propio autor en unas recientes declaraciones, se realza la figura y el protagonismo de Calvo Sotelo en los meses que precedieron al estallido de la guerra civil (tras el triunfo del Frente Popular)
¿Desavenencias ideológicas, resumidas en el neo monarquismo (critico) de Calvo Sotelo -partidario no de una restauración pero sí de una instauración (sic), formula que le tomó prestada por cierto el régimen de Franco)- frente al filorrepublicanismo de José Antonio? ¿Rivalidad puramente personal, reacción de celos incluso de José Antonio por detrás del rechazo que le mereció el pedido de ingreso de Calvo Sotelo en la organización falangista?
¿O resentimiento hacia el antiguo colaborador de su padre -como lo sostuvo en su libro “Fascismo en España” Ramiro Ledesma- por haber escogido la vía del exilio? Todas esas hipótesis habrán sido barajadas por los más diferentes autores. Una sin embargo hasta ahora inédita se me antoja plausible de pronto, y me estoy refiriendo a un factor de política religiosa, y concretamente a los lazos (de notoriedad publica) que Calvo Sotelo había trabado durante sus años de exilio francés con Charles Maurras y su movimiento de la Acción Francesa, para entonces (desde 1926) objeto ya de una condena pontificia







