lunes, marzo 01, 2021

ATEISMO Y GUERRA CIVIL

 

 

Philippe Jaccottet (1925 en Suiza, cantón de Vaud) Poeta de la Última Noche (“La Dernière Nuit”)  y de la Mar oscura y traductor literario profesional (un respeto) la mayor parte de su vida. Figura emblemática en la literatura europea contemporánea de pesimismo existencial en su obra, y de individualismo radical –como el de Umbral- en su trayectoria. ¡Como una revelación la lectura de su necrológica, una mañana triste y lluviosa de domingo en el viaje en tren Bruselas-Lieja (ida y vuelta)! Que me ayudó a conjurar por la fuerza y la magia y la poesía del pesimismo existencial de sus versos, signo en suma de una época, la tristeza de Bélgica (o “de los Belgas”), y de los (bellos) paisajes belgas. Y signo magno también de la gran mutación de la civilización europea. ¿Él también, Jaccottet, un superviviente (rescapé) –semi perdido o extraviado en el enclave suizo- de su época? ¿Y un hijo de la Derrota?              

         

La mar está de nuevo oscura ¿no lo ves?

Es la última noche, ¿pero a quien invoco yo al gritar?

Mi eco aparte, no le hablo a nadie ¿me entiendes bien?

Donde se estrellan las rocas, la mar es negra y ronca

en campana de lluvia (gris). Y hay (¡hííí!) un vampiro

Que se estrella contra las barras del aire en su vuelo, sorprendido

Por sus días, en sus alas negras rotos, perdidos.

Sus aguas siempre fieles y su majestad me dejan frío,

y es que nunca le hablo a nadie, ni a ti. ¡Abajo ese “tiempo feliz”!

Cada vez más viejo, no me importa, me voy ya:

tras quien se va, la mar sabrá dar el portazo (final) 

(Ph. Jaccottet, L’Effraie –La Lechuza-, 1953)

Tantos años de francofonía a mis espaldas sólo ahora me doy cuenta que yo habré tenido (sólo) acceso a la lengua francesa por una puerta o compuerta digamos lateral. Gracias a mi tránsito y mi estancia por la francofonía limítrofe, me explico por los países de lengua francesa por los que discurrió mi expatriación (treinta y tantos años ¡casi cuarenta ya!) Por la Suiza francesa -o “Romandía”- y por los Países Bajos (latu sensu) –vertiente Sur- y su mosaico bilingüe -y trilingüe- y multicultural. Al hilo -sólo ahora me doy cuenta también- de aquel viejo camino español –el de los Tercios de Flandes, “The Spanish Road”, como no podia ser  de otra forma puestos así a pensar (rodeando el Hexágono de Norte a Sur al pasar). Como un rodeo o una finta -ese francés "periférico"- con lo que sólo pude abordar o sortear –sin deshonra o vergüenza patria o lacra de desarraigo (espurio) y más- el foso infranqueable con el que la historia más lejana y la mas reciente nos separa a los españoles del país galo vecino, de su lengua y de su literatura y de  su cultura y mentalidad (como una aversión visceral)(…).

Y lo que explica el que autores de esos países hayan tenido tanto influyo y fuerza de imantación sobre mi, comparado al reconocimiento escaso o nulo del que gozan en la cuna o matriz de la lengua francesa y en el área mayoritario y dominante de su esfera de irradiación universal. Es lo que me ocurrió con el autor suizo de expresión francesa, Charles Ferdinand Ramuz (pronunciado con ú) al que hice (gratamente) un sitio en el índice de autores de mi libro sobre Umbral y fue por la evocación llamativa y significativa a fuer de esporádica y fugaz de la guerra civil española –y de su tono nota bene absolutamente neutral- en una de sus novelas medio costumbristas y medio históricas ambientada en los Alpes suizos, un pueblo de alta montaña,  a mediados de los años treinta, y a mil años de la tragedia española como así –craso error- se nos antojaba el pensar. 

Y me abrí al francés también en todos los años que llevo aquí en Bélgica, mayormente del lado francés de la frontera lingüística, por razón de las circunstancias o de fuerza mayor y no por una opción o preferencia en particular. ¿Lo que me encasilló -dirán algunos también- y me lastró de localismos –o “belgicismos”- y de un sello “limítrofe” o “periférico” rayano en lo provincial o regional? No lo excluyo, me da igual, porque así la puerta –"de la lengua" (y de la “civilisatión”)- me quedó abierta de par en par (…) Y es lo que siento ahora ante la necrológica literaria que me llega un poco por sorpresa en la edición de ayer del diario Liberation, emblemático de cierta izquierda (francesa) y fuera pues de toda sospecha, y es de un autor suizo y de su obra poética sublime, sin par, que me habrá hecho por primera vez el retener un poema en francés, pudiendo de corrido memorizarlo y saborear. ¿Por qué me habrá causado tanto impacto ese poema con el que el diario galo presenta al poeta suizo y a su obra? Sin duda por su contenido, pero también por su fecha (de 1953) como señal infalible de toda une época, que me diga de unos cambios de época.  Como los que marcaron aquella que sigue siendo la nuestra. Y por el pesimismo existencial y la negra que me diga gris melancolía que destilan esos versos.

Testigo y hombre de su tiempo, Philippe Jaccottet, el poeta suizo y heroico superviviente además, (auto) expatriado –desde “la bella y fría” Lausanne donde vivió su primera juventud-  por tierras de Provenza, con lo que logró gracias a su aliento poético transmutar “la ultima noche” de aquel poema –a sus 28 años de edad- en más de la mitad de sus (largos) años de vida –muerto a los 95 años-, en un entorno y unos paisajes de su gusto, y en un clima y un ambiente de belleza –doy fe de ello- de conjuro o antídoto eficaz de aquella melancolía y de aquel pesimismo existencial. Como si todo el largo tiempo transcurrido desde el lejano año aquel (de 1953) –contaba yo cuatro años de edad (…)- hubiese quedado en suspenso como por arte de magia (poética) en la mente y en la vida del poeta y en la memoria del lector.

Y eso es lo que da mayormente la fuerza de agarre a esos versos y los reviste como por sorpresa, de irresistible encanto y también de sorprendente optimismo y ganas de vivir y de esperar. Y es que confieso no haber leído hasta hoy unos versos tan emblemáticos del desespero y de angustia existenciales que son, se quiera o no se quiera reconocer, componente esencial de la modernidad (me explico de “esta” y de “la Otra” Modernidad) Un canto o ensalmo o exorcismo mas bien de la Muerte y de la Nada sin más equivalente o eco en lo que llevo leído hasta hoy que en la prosa más angustiada y desesperada de un Francisco Umbral.  

Y botón de muestra a la vez -¿para qué lo iría a callar?-, del ateísmo o del agnosticismo existencial contemporáneo, que fue componente esencial –por encima de un anticlericalismo iconoclasta y homicida- del bando de los vencidos de nuestra (tramposa) guerra civil: ¿Se ve lo que –en señal de reconciliación (nacional)- quiero aquí decir?

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