martes, julio 18, 2006

CARTA ABIERTA A MACIEJ GIERTYCH, EURO/DIPUTADO POLACO

Apreciado amigo, la prensa nos sorprendia hace unos dias con tu magnifica intervencion en solitario en defensa de la memoria del General Franco cuando se cuplen setenta años del Alzamiento nacional que liberó a España de la amenaza comunista encarnada entonces en la figura de Stalin. Que un polaco sea el unico en ese areópago del Parlamento Europeo en osar tomar partido, tan valiente, en solitario en defensa del antiguo jefe de estado español es algo sin duda que nos honora como españoles...y que se sitúa a la vez en la más pura logica de las cosas...de la historia aún viva del siglo XX que me diga.

Se "equivocó" la Polonia con España? ¿cayeron (otra vez) los polacos del lado "de los malos" como les ocurrio con Napoleon, victimas de un error trágico colectivo que trazó genial su compatriota el célebre cineasta Andrzej Wajda? ¿Les ocurrio (en el 36) lo mismo (sólo que al reves) que a los voluntarios italianos alistados con Franco que se "equivocaron" de bando o si se prefiere cayeron por pura equivocación del lado de los buenos como lo lamentó amargamente (" a posteriori") el escritor siciliano (de izquierdas) Leonardo Sciascia?

Pienso sinceramente que no, que los miembros del la brigada Davrowski -al contrario de los italianos (antiguos mineros de Sicilia muchos de ellos) alistados por fuerza o de buen grado en la Brigada Littorio- no eran representativos en absoluto de su propio pueblo como seria denunciado en la Dieta polaca poco después de la caida del Muro, y sí victimas más o menos aisladas y minoritarias en cambio de fascinación (ideológica) o de espejismo por culpa de una guerra de propaganda a todo arder hoy como ayer...sobre la guerra civil española.

La Polonia católica -hablo a golpe de corazonadas o presentimientos aunque no creo que seria muy difícil el demostrarlo- fue sin duda el país de Europa oficialmente neutro donde la causa de la España de Franco tuvo un seguimiento y una adhesión más franca y entusiasta, por mucho que la presencia (nutrida) de polacos en las Brigadas internacionales pudiera hacer pensar lo contrario, y por mucho que el estallido de la segunda guerra mundial -que los polacos vivieron y sufrieron más trágica y más intensamente que otras naciones- en ese tema mas que en otro, en Polonia lo mismo que en otros paises de Europa, confundiera o "camuflase" todas las pistas....

¿Nos equivocamos en cambio algunos? Yo mismo en concreto con el enjuiciamiento de la situación y de los envites que allí se vivían, y de la conducta y de la actitud que seria la de las elites y la de la población unánime y en particular la de la Iglesia polaca en una simbiosis perfecta (en apariencia) con el pontífice reynante (entonces) como pocas se habrán dado entre un pueblo y sus dirigentes? Ese es el "tema" precisamente, el objeto y motivo principal de esta carta abierta a un euro/diputado polaco de convicciones abiertamente anticomunistas (por lo que se ve sin tapujos y sin complejos), de parte de un español que por suerte o por desgracia es conocido en Polonia, por mucho que algunos -como en España me habrá ocurrido- aparenten no acordarse o no querer acordarse como si me hubieran borrado del libro de los vivos.

Cuando me detuvieron en el santuario de Fatima en la noche del 12 de mayo de 1982 con ocasion de la visita de Juan Pablo II, su secretario personal y guardaespaldas en funciones el (entonces) cardenal Paul Marcinkius llego a decirme en el momento que me detuvieron que estaba convencido que ya me había visto en otra parte y siempre desde entonces pensé que tal vez ello tuviera que ver con mi visita por lo menos insólita y un tanto atípica (vista con mirada retrospectiva) en Julio del 1981 durante la llamada "primavera de "Solidarnosc" a un año escaso de la declaración del estado de guerra, cuando me recorrí la Polonia yo solo efectivamente, de cabo a rabo, vestido de hábito eclesiástico (...) . Como quiera que sea, en los dias que se siguieron a mi detención, la prensa en Polonia y fuera de ella (por no decir en el mundo entero) se explayó todo lo que pudo sobre mi persona las motivaciones -ideológicas mayormente- que se me prestaba y también sobre mi "tournée" polaca un año antes.

Pero al contrario de lo que me ocurriria aquella noche (negra) en Fatima cuando tuve -y arrastré hasta hoy- el sentimiento de no tener testigos (a penas) entre cielos y tierra, de mi "tournée" en Polonia, sí puedo citar algunos en cambio, todos ellos del "buen lado" de la línea de divisoria -de trincheras que llegaría a serlo casi- que separaba a los polacos en aquellos tiempos tan decisivos de la historia de la liberación o del final de la pesadilla al cabo del túnel del régimen o del periodo de dominación del comunismo en Polonia.

Todos, absolutamente todos ellos, del lado de "Solidarnosc" y de sus aliados a los que tuve ocasion de mencionar en algunos de mi anteriores testimonios que vieron la luz, sobre todo en mi libro "Le fou de Dieu", de entre los que me debo de recordar a Lecz Walesa con el que tuve un breve encuentro en presencia de testigos en un congreso regional de Solidarnosc en Gdynia junto al Baltico, y de los que me honro también en mencionar sobre todo a Jan Rulewski dirigente de Solidarnosc, de la ciudad de Bydgoszcz (en alemán Bromberg) y figura de gran realce a nivel nacional, en foco en la prensa europea en los meses sobre todo que precedieron a la declaración del estado de guerra, que me ofreció alojamiento a través de amigos y conocidos y con el que tuve ocasión de hablar largo y tendido -con intérprete y en presencia de testigos- en los días que hice escala en su tierra.

Y tuve sobre todo ocasión de conocer personalmente en Varsovia a través de jóvenes -chicos y chicas- próximos al sindicato Solidarnosc que me lo presentaron (y que también me ofrecieron alojamiento), al padre Jerzy Popieluszko que seria asesinado a penas tres años más tarde por individuos teleguiados o dirigidos por la Policía política del régimen comunista, al que me acabo conduciendo la imagen de sacerdote o capellán de Solidarnosc que era la suya por entonces, en un barrio del centro de la capital donde residía, en su propio domicilio incluso -una roulotte- en donde permanecí unos minutos en compañía de una chica joven que me acompañaba y que me sirvió de amable intérprete

Vivos y muertos, es cierto en el banco de los testigos (polacos) -en mi defensa-, de esta deposición en forma de carta abierta sobre la toma de posición que fue la mía entonces acerca de los acontecimientos dramáticos -repercutidos "urbi et orbe" sin pausa casi en la prensa- que la Polonia vivió en aquel periodo convulso de su historia y de la historia del Siglo XX. Testigos anónimos también a millares, presentes en la sala de audiencias del Vaticano, justo a seguir a la declaración en circunstancias tan dramáticas del estado de guerra de Polonia cuando el papa entonces reinante omitió -ante el desencanto visible plasmado en el rostro de los escaso polacos asistentes- cualquier referencia o alusión (condenatoria o de simple reprobación) a los acontecimientos que se vivían en su propia patria...

Nunca me retracté, en el fondo pienso hoy lo que pensaba entonces sobre el tema: la iglesia en Polonia predicaba -en momentos tan álgidos y tan decisivos- la concordia y la conciliación entre los polacos y el régimen comunista imperante, mientras que el pontífice (polaco) a la vez que se andaba con paños calientes en su propia patria no hacia más -en la imagen que de el acertó a dar entonces al menos- que echar leña al fuego en América Central y en general en toda esa zona abrumadoramente mayoritaria en el seno del orbe o de la zona del mismo habitada por católicos que era y es el mundo (luso) hispánico, blancos unos como otros entonces de una misma embestida de la subversión comunista organizada a escala planetaria, por detrás de "la cortina de hierro"( a casi diez años como aún lo estábamos de la caida del Muro)

Los tiempos y los vientos cambiaron, es cierto. La Polonia "nollens vollens" se acabó liberando y el pontífice anterior falleció hace poco mas de un año al cabo de una cruel agonía presenciada "in visu" por la inmensa mayoría de los habitantes del planeta. Karol Wojtyla primer polaco de la Historia con el nombre de Juan Pablo II es y lo seguirá siendo sin duda un mito nacional polaco...como lo es "mutatis mutandis" entre españoles la figura del generalísimo Franco.

Y yo me permito el poner por testigos a los polacos que aquí habré citado junto a la memoria del generalísimo Franco en esta deposición publica a modo de descargo en defensa de mi honor años y años entredicho -en los medios del mundo entero sobre todo- por culpa de un malentendido "polaco", subyacente (algo que nunca se me habrá negado) en las motivaciones de mi gesto de Fátima.

Testigos de excepción (aún) antes de concluir estas líneas: a saber los familiares, muy jóvenes entonces, y de lo más próximos, a todas luces, del destinatario de esta misiva -de nombre Giertych con el que firmaban, imborrable en mi memoria hasta hoy- residentes por entonces en Francia y más o menos cercanos de medios próximos a Monseñor Lefebvre gracias a los cuales sin duda entré en contacto entonces con ellos.

Un cordial saludo desde mi autoexilio en Bélgica.