La victoria de Bashar al-Assad tras el hundimiento de la rebelión en Alepo y en el resto de Siria a que habremos asistido (jubilosos) las últimas semanas es una bofetada al conjunto de los medios y a los analistas y comentaristas de la prensa internacional más brillantes y prestigiosos, en España y fuera de ella. A su credibilidad e incluso a su solvencia moral (o ideológica) Y los que apostamos por aquella y mantuvimos siempre nuestra apuesta -en público- contra viento y marea, nos arrogamos el derecho de proclamarnos pro-rusos a la vez. En Siria como en Ucrania. Sin tapujos, y sin que se nos endosen lazos inconfesables o financiaciones, las que sea. La victoria de Assad es la derrota de la indignación callejera (hija de las primaveras árabes) Es la derrota del Miedo y del Miedo al miedo. Fantasmas de tiempos de guerra. De la guerra civil española que no se acabaMarine Le Pen acaba de ser declarada persona non grata en Ucrania. Y lo habrá sido tras unas declaraciones en la que reafirmaba la soberanía rusa sobre la península de Crimea, blanco de intervención militar rusa tras el triunfo del Maidán de Kiev (en marzo del 2014) y teatro a seguir de un referéndum en el que la población de aquella república (autónoma) se pronunció masivamente en favor de su anexión a Rusia. Y los medios franceses no habrán dejado de especular ahora asociando la reciente toma de posición (que no es nueva) de Marine Le Pen en el asunto en ascuas y el pedido de préstamo que el Frente Nacional habría surcado a un banco ruso. La financiación por parte de la Rusia de Putin a grupos populistas (sic) -léase de extrema izquierda como de extrema derecha (para entendernos)-en los diferentes países europeos es un tema favorito en ciertos análisis y comentarios de actualidad desde hace y tiempo.
En España, lo sacó a relucir hace un año el periodista Herman Tersch, figura emblemática de toda una generación (por razón de edad grosso modo la mía) de conversos o neo conversos -de la democracia y de un anticomunismo de guerra fria- que tuvieron su bautismo en política a la izquiera y a la extrema izquierda de muy jóvenes, a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta, como fue el caso de Herman Tersch, de Jímenez Losantos, de Arcadi Espada, de Pío Moa incluso y de tantos otros. Y el periodista primero mencionado se vería envuelto de nuevo hace pocos meses en un rifirrafe a través de las redes sociales con la (valiente) joven Inma Seguí -a la que ya aludí aquí en algunas entradas- por cuenta de los nombre de Putín y de Assad y de la guerra en Siria.




