España camisa blanca de mi esperanza
reseca historia que nos abraza.../...
.../...Navaja, barro, clavel, espada.../...
Cantando contra mí mismo. A la letra de aquella canción me refiero, gracias a aquella me reencontré con España, después de años de cárcel y expatriación. Su letra me acusaba y emplazaba, pero su música me gustó y me hizo vibrar. ¿Por algo será?
La música es cuestión de arte, NIETZSCHE en su primer libro escribió que era tragedia, cuanto más trágica, más auténtica, tragedia y (dionisíaco, orgiástico) desenfreno. Víctor MANUEL viene a decir que es (sic) ideológica. Todo bien, pero a mi juicio, la música es sobre todo cuestión de gustos, sobre todo la música moderna y lo digo ahora después de haber superado con energía, tenacidad, esfuerzo y tesón, la aversión, invencible en mí como en tantos otros, que despertaba la música clásica y eso después de haberme apuntado a un programa de conciertos semanales -de los que no me perdí ni uno- en el (Real) Conservatorio de Bruselas. Me acabó gustando (un poco) pero aquello me llevó a una conclusión a la larga arriesgada y comprometedora, y fue al acabar de darme cuenta al cabo de todos esos conciertos, que la musical clásica -o de cámara-, de Bach, de Vivaldi, de Taelemans, de Dumont -el de la Messe Royale-, de Cesar Franck, y antes siglos atrás, la musica polifónica (católica) de Palestrina o Cabezón (y cito de memoria a los autores representativos de ese genero o subgénero que me gustó) era como digo, una música fatalmente y sin remedio asexuada, lo que es lo mismo que decir mutilada (o manoseada, o tatuada). Música y Sexo, un binomio inseparable del que los dos polos o elementos vienen ineluctablemente a juntarse con el paso del Tiempo (señor) Y lo que aquí avanzo, no tiene desde luego nada que ver con exhibicionismo sexual, o con la pornografía. O lo que es lo mismo que decir, por lo menos para mí, Música y Poesía. Y quien dice Poesía, dice Amor, dice Belleza, dice sueños, ensoñación, del alma que vive, que gime, y que sueña, que ríe y llora, y ama y espera en una mente adulta o en el alma infantil. Que ama y espera y que cree, lo que ser creído merece (me explico), un mundo nuevo y mejor o un Tiempo ancestral y distinto, el de una Memoria de verdad (y feliz) El de una Eternidad del instante que no obstante dura tan poco "en el túnel de tus piernas, entre Córdoba y Maipú" , como canta (y reza) el cantautor que cito aquí.
Y lo que digo acerca de creer -de creencia o sea, y de la Fe- no tiene nada que ver con la religión, el misticismo, o la devoción, por lo menos lo que esas palabras (tan manidas) daban a entender en la educación que me enseñaron, en la que crecí. Blanco y en botella (como ahora le decís) Cuestión de gustos, la música pues, y a mí el que más me gustó en música -del género canción de autor- española en la letra y en la canción- fue como aquí ya lo dije, la de Joaquin SABINA, del que ya celebre la letra en verso de sus canciones -¡en versos de arte mayor!- y la honda emoción que me produjeron, como ningún otro cantante o cantautor, Que resume bien, recoge y representa de un modo fiel todo lo que de la música deje sentado aquí.
Y lo digo a cuento de declaraciones recientes de VICTOR MANUEL, que por su interés recojo y comento aquí. Como agua sobre mojado, lo que de él leí, por otros instantes contados de estos últimos días en los que me crucé o topé con este ilustre cantante, del que todo o casi todo me separaba (o eso al menos yo creí) Y primero fue su aparición en la tertulia La Noche en 24 horas, que me impongo a diario desde hace un tiempo -por rutina y una mera cuestión de cronometría (antes de irme a dormir) a guisa ( y a fe mía que no exagero) de un rito de autoflagelación (...) Y ahí me sorprendieron los participantes en el programa y el propio cantautor. Por aquello sin duda que la que cuenta es la primera impresión. Y confieso que Víctor MANUEL me cayó bien, que su intervención me gustó. Por su naturalidad, su franqueza espontánea, y por el tono amable, apaciguador, con el que se mostró. Y con la sinceridad y serenidad desarmantes con la que entonces se confesó también, cuando contó por ejemplo -la sonrisa en los labios-, el atentado o tentativa de atentado de lo que fue víctima, a base de Goma-2 (el explosivo del 11-M del 2004) ¿Por sus canciones, por sus declaraciones? ¡Por favor!
Y confieso en fin que lo traigo aquí a colación por sus más recientes declaraciones a cuento de la cantante Rosalía y del nuevo misticismo (sic) con el que la celebran unánimes -como obedeciendo a una consigna o como un lema o motivo de Propaganda FIDE,- los medios (españoles) de la prensa mainstream. A Victor MANUEL todo eso -ese "giro católico", en versión o a ritmo de rock- le parecen milongas (como los argentinos dicen) Como a mí también. Y me desazona sin remedio, como a él. Y lo que mas le preocupa -y escama- es la (rara) unanimidad que esa joven cantante encuentra (a derechas y a izquierdas). Como a mí también, y no es cuestión de polarización y de todas esas cosas polarizantes, que Victor Manuel (como cabía esperar) suelta en su declaración. Dile al justo que todo está bien (*).
Y eso es -lo bueno- lo que retengo de él. De él, y de su esposa, ANA BELÉN. No el Victor Manuel de la polarización, ese no me interesa. Sino al contrario, el de la Concordia Y ¿el de las milicias que resisten bajo el No pasarán?, ¿el del sueño eterno (que) como viene se va? No lo sé, lo que que sí sé es que me gustan esos versos, --que no me duelan prendas el reconocerlo-, a rabiar. Y con Ana BELEN, me pasa igual, me gustan sus "aires de libertad" Y ¿su revuelta de doscientos estudiantes (de los años sesenta)? Un poco menos, porque yo me conté con los treinta-y-siete (pobres estoicos) que sufrimos aquello (que, ay dolor! no éramos más)
No importa. Me gustó como a ellos "La Puerta de Alcalá" y me enamoré como ellos de su (eterna) canción en aquellos años inciertos -mediados los ochenta- cuando salí de la cárcel en Portugal y ya en las calles de Madrid, saboreé y aspiré la libertad recobrada -¡qué nostalgia irresistible cuando la perdí!- al ritmo y a los acordes de aquella canción. Y con su última canción, La España blanca, me ocurre más o menos lo mismo -por los sentimientos encontrados, y por el impacto dominante y la emoción-, que anunciaron en la TVE, ¿Como el himno de la Concordia, de la Reconciliación -de la España roja y de la España azul-? No lo sé, lo que si sé es que la escuché bañado en lágrimas -en nombre o por cuenta de mi España azul. Y por todo eso, vibré. Y por todo eso, escuetamente gracias, Victor Manuel, y Ana BELÉN
España Blanca de la Esperanza (Blas de OTERO). El canto a la CONCORDIA, de VICTOR MANUEL y ANA BELEN. Así lo interpreté, y lo aprecié y lo canté yo
(*): Isaías 3:10


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