"De otra parte Rusia (soviética) se ha convertido en un Estado nacional, atento a sus preocupaciones de orden interno.../...Además de esto, en la Rusia actual se tiende a un tipo de Estado que se aparta cada día más del patrón comunista.../...Es el transito del Estado comunista incipiente que surgió de la Revolución de Octubre, al Estado Nacional que la Europa pos-liberal comienza a adoptar también. Véase la Italia fascista" ("El reconocimiento de los Soviets", de Ramiro LEDESMA RAMOS, en "La Conquista del Estado", 04-abril-1931)
"¡Viva la Alemania hitleriana, Viva la Italia fascista! ¡VIVA LA ALEMANIA DE HITLER, VIVA LA RUSIA DE STALIN! (ibídem) (*)
Vista, en vísperas electorales en Rusia, del congreso de "Rusia Unida", el partido de Vladimir PUTIN (dirigiéndose a los congresistas, en la foto) Cualquier parecido -en el decorado, en el decoro del orador, de los asistentes, en la bandera (...) y en el ambiente de exaltación patriótica (nacionalista) - con un mitin de los rojos españoles, pura coincidencia (...)
"Guerra hasta la Victoria", este es el mensaje que habrá mandado a sus partidarios, al pueblo ruso en su totalidad a partir del congreso de su partido- y que habrán sabido difundir urbi et orbe los medios de allí- Vladimir PUTIN. Como un parte (último) de guerra. Y ante la ausencia estruendosa de posturs contra la guerra en Ucrania en el seno de la clase política y de la sociedad rusas. Lo que me refuerza en mi apuesta -en solitario- al inicio por uno de los bandos, de la guerra en Ucrania. Que ¿qué había o qué vi yo en el otro bando? Casi nada (de valor), o nada más que un movimiento insurreccional desembocado en un golpe de estado (sic), el MAIDAN -tal como ya lo expliqué detalladamente dentro y fuera blog-, un sostén sospechoso (en un longevo y precoz, como lo fui, al menos, lector de toda clase de revistas y periódicos) -a fuer de unánime y apoteósico en los medios de la Prensa mainstream- y un nombre -y un rostro- del líder ucraniano Volodimir ZELENSKI, rodeado de un halo de corrupción, como lo vi yo y muchos otros como yo- siempre de visita en continuas giras fuera de su país en guerra -entre risa, aplausos y apretones de manos de un sinfín de mandatarios, en países de Europa occidental, y en pedido de fondos (en saco roto) y de ayuda militar, canalizando y aprovechándose del río de dólares de la ayuda internacional. Y que en su visita a España no dio mas muestras de conocer nuestra historia, que el bombardeo de Guernica (of course)
Pero había algo mas, algo más que una simple anécdota -como aquí algunos les podría parecer lo que les paso a contar- y fue el (inopinado) encuentro en la residencia de mayores aquella, en la ultima etapa de mi estancia de casi cuarenta años (sic) en Bélgica- y en el único sitio de alojamiento después de meses (inexplicablemente) en la calle, sin techo (tal como lo expliqué aquí ya), que los servicios sociales (aparentemente) fueron allí -en Bruselas- capaces de encontrarme. Y fue con un viejo emigrante español, que se quejaba sin parar de sus dolores y de su suerte y contaba a voz en grito por los pasillos aquellos que se quería matar-, objeto de mimo y de un cuidado especial por parte del personal (belga) en la residencia aquella. Como es aparentemente la regla (por lo demás) con la comunidad emigrante española allí, en Bélgica -años 50 y 60 (...)-, por motivos y razones -ese privilegio, esa discriminación (positiva)- que tal vez sólo ellos sean hoy por hoy capaces de explicar (y de descifrar).
A quien -mi palabra- aún a sabiendas que iba a dar de nuevo con un hueso duro de roer, me decidí a tratar y ayudar con el corazón abierto de par en par, como un compatriota, como un español más, hasta que tuve que rendirme a la evidencia al hilo de los esporádicos contactos y conversaciones que tuve con él, que estaba -¡ingenuo de mí!- dándome de cabeza contra un muro (¡otra vez!), por culpa de la interminable guerra civil, léase de la memoria de los vencidos de la guerra del 36, faltaría más. Y fue al cabo de todos aquellos (tristes) testimonios de su (traumático) pasado -y de los suyos-, destilando a chorros rencor y culpabilización e imposibles -por propia definición- de verificar, que me dedicaba a cada conversación, cuando acabé mentándole -como un test, a caso hecho, la verdad (...)- el nombre de la discordia -el de Vladimir PUTIN- sin poder olvidar, y visualizando al contrario, perfectamente, hoy por hoy, el gesto y la mueca de desprecio y repulsión y la mirada de (h)odio que me devolvió como toda respuesta. Y fue aquello el cáspita (¡!) que encendió una lucecita en mi cabeza sobre los enigmas que me planteaban el nombre del mandatario ruso y el medio/emigrante medio/refugiado político aquel como formando un binomio inseparable los dos.
Porque fue sobre todo la carcajada y la mirada de desafío -¿asesina, alienada, de un insano mental?- que me reservó, como broche final de nuestros contactos, el viejo aquel que no era (¡oh no!) otro compatriota cualquiera, lo que me llevó en resumidas cuentas, a embarcarme sin billete de vuelta, sin retorno en una jornada a través del desierto de los tártaros -sin la menor compañía, o sea- enarbolando la bandera (2) y la postura (pro) rusa, como habré sabido (contra viento y marea) mantenerlas hasta hoy. Y lo que me habrá obligado a un explorar -y a una revisión-, en busca de mis orígenes ideológicos, y a ensayar nuevas vías -transversales, pero de verdad-, donde aquellos desembocan, de acercamiento a ese mundo desconocido -para mí y para la inmensa mayoría de los españoles, que es la Rusia de hoy, de PUTIN, en plena gestación. Y buscando en suma, el cruzar o el rebasar las barreras y las trincheras que nos dejó como legado -y barrera de separación- a rusos y españoles- la interminable guerra civil (del 36)
Y en esa estamos. En una fase (aparentemente) de estancamiento del conflicto, no otra que a base de bombardeos y ataques de atrición -de la población civil- contra objetivos logísticos- y en una clara estrategia ucraniana de internacionalización a todo precio del conflicto -¿señal que están perdiendo la guerra?- que nos recuerda fatalmente la del bando de los vencidos en la fase final de nuestra guerra civil. Con un refuerzo de la postura anti-rusa del gobierno francés de Emmanuel MACRON que parece haber ligado su suerte a la de Zelenski, y una intensificación de la ayuda militar anglo-francesa a Ucrania y con el espectro siempre presente, por culpa de los misiles balísticos rusos -y ante la falta, del lado ucraniano- de misiles interceptores Patriot- de un colapso de la defensa anti-aérea ucraniana. Ante las restricciones y la postura expectante, en pos de un alto el fuego que no llega, de Donald TRUMP. Una lucha contra el tiempo pues, que visiblemente favorece a Vladimir PUTIN
(*): Los subrayados son nuestros
(*): La bandera actual es la bandera imperial rusa desde 1696 en los tiempos de Pedro el Grande (1672-1725) que se reestableció tras el periodo soviético (1922-1991), con la caída del Muro (9 noviembre 1989) y fue oficialmente reestablecida el 11 diciembre 1993
























