viernes, octubre 09, 2026

MARI CARMEN, ¿DE CLASE OBRERA?



MARI CARMEN ABASCAL. Víctima (trágica) de instrumentalización por los indignados, Entre ellos, Manuela BERGEROT (Más Madrid) -argentina, ex-terrorista montonera-, quien acaba de declarar -en tono de amenaza- en el Congreso de Diputados, "no va haber paz en las calles de Madrid"  Y en nombre de Mari Carmen, han anunciado huelga general para el 11 de Noviembre, los sindicatos de clase (UGT, y CCOO) Por cuenta de la relación entre el problema de la vivienda y los bajos salarios. Y digan lo que digan los dirigentes de esos sindicatos, o los niñatos y niñatas indignados, el problema de la vivienda no tiene relación exclusiva con los bajos salarios, ni Mari Carmen -que acusó de su desahucio al gobierno de Pedro SANCHEZ- es tampoco de clase obrera. Ni ella ni sus progenitores que le legaron el piso del que habrá sido desahuciada. Y a las pruebas me remito 

Tiranía sindical. O por lo menos -que ya estoy oyendo a algunos increparme-, prepotencia, arrogancia y abuso de poder por parte de los sindicatos, y cuando hablo de ellos, hablo -salvo aclaración de mi parte , de sindicatos de clase. de los dos sindicatos mayoritarios y hegemónicos en España, la UGT y Comisiones (CCOO) Y sé de lo que hablo. Con lo que paso a contar aquí -al calor del clima de efervescencia y agitación callejera reinante en Madrid (y otras capitales) las horas que corren- mi odisea en el terreno laboral o del empleo, de los que tengo a las organizaciones mencionadas como primeros y principales por no decir únicos responsable. Políticamente responsables, por no decir moralmente también pero eso aparte de no venir (propiamente) a cuento, es ya otra historia. No soy de clase obrera, ni yo ni mis progenitores, ni mis antepasados en una línea de ascendencia que se pierde en la noche de los tiempos, que es lo que parece que no se me perdona, y de lo que a toda costa se me quiere pasar factura a mi y a tantos, una mayoría de jóvenes de mi generación, de afiliación sindical por decirlo así, como por derecho de nacimiento. 

Un pequeño burgués, así es como me debería definir o eso creo,  natural de un clase media/baja o no muy alta, léase de esas clases medias que levantó el régimen anterior, y de las que FRANCO declaró al embajador USA Vernon WALTERS -presidencia EISENHOWER-, que  España no volvería a vivir una guerra civil, gracias a ellas, "nacidas bajo su régimen" Y así creo plantear debidamente el problema del que el caso de Mari Carmen habrá servido de subterfugio para incendiar las calles y comprometer gravemente la Paz social y la Concordia. Afrontando así -en el terreno a la vez histórico e ideológico, o sociológico como mucho, de preferencia al socio/económico)- el desafío a cara o cruz que nos plantea la crisis de la vivienda y la izquierda a la vez que quiere sacar partido de ella a toda costa. 

Así, privado por razón de mi origen, agravado éste por lo atípico de una trayectoria (la mía) lastrada mi gesto de Fátima -de todos conocida-, a falta como digo, de un trabajo asalariado declarado, me encontré (fatalmente) ante la barrera de la falta de cotización (sic) suficiente a la Seguridad Social que me privó por así  decir de la pole position que a todas luces me parecía asignada en razón de mis estudios y mi preparación (*), en los inicios de la carrera -como de Fórmula Uno-, en dirección de la reintegración, y de la reinserción social. Es decir, al lado de mi situación de desempleado -y de ex-presidiario-, tuve que cargar con la circunstancia gravosa y agravante de la falta de un derecho tan general por no decir universal al subsidio del desempleo, que me sentenció a una larga travesía del desierto, por los circuitos propiamente infernales por momentos, de la Asistencia Pública (CPAS) -allí no había CARITAS-, y de la reinserción social y profesional, lastrada por mi nacionalidad extranjera (española para más señas), por mi edad y sobre todo por no disponer de una tarjeta o carnet acreditativo de una afiliación sindical cualquiera. A lo que me siempre me negué,  sintiéndome en el ejercicio  de un pleno derecho de un libertad -de afiliación- amparado por la Constitución (del 78) Así durante años y años de mi estancia en Bélgica me vería impuesto en cambio el transitar -al hilo de mi búsqueda de empleo- por lugares de trabajo manual con contratos sociales, precarios y discriminatorios por propia definición, sin derecho al preaviso, a titulo de ejemplo. 

Fui pues mecánico en un centro subsidiado, de reparación, montaje y venta de bicicletas, y después, obrero agrícola -dos temporadas- en una plantación de agricultura biológica -sin pesticidas- en la periferia (flamenca) de Bruselas. A lo cual añadiré (aún), meses -tres- de jornalero en campañas de recogida de fresas (zona flamenca) . Y transitando en paralelo -además de las colas interminables de la Asistencia Pública (CPAS), horas y horas desde la madrugada en condiciones de hacinamiento con inmigrantes de todos los países y refugiados-, además como digo, por las colas de las oficinas laborales, de búsqueda de empleo y de cobro del subsidio de empleo, viendo pasar justo al lado -y siempre delante de mí- españoles inmigrantes ufanos, sonrientes y despreocupados -de clase obrera, presumo, todos o casi todos ellos-, con la tarjeta sindical -CCOO o UGT- como Dios manda en el bolsillo. Por todo eso, cuando al cabo del tiempo estipulado -alargado por razón de mi edad-, con vistas a alcanzar el número -que fue in crescendo en aquellos años, de horas de trabajo declarado (en régimen asalariado) , conseguí pues alcanzar el estatuto (tan ansiado) de obrero en paro por completo subsidiado  (chômeur complet indemnisé), lo viví como digo igual que una realización personal, y como una revancha frente a las centrales sindicales -de clase-, responsables visibles de mi infortunio.

Todo lo que precede, lo alego aquí -¿a destiempo? no lo creo-, y es en abono de mi fuerza moral a la hora de decir NO a la huelga general que los sindicatos de clase -UGT y CCOO-  (catastróficamente) nos anuncian (para el 11 de noviembre), coincidiendo con el inicio de la campaña electoral, a favor de la ola de indignación, aventada por el desahucio y la muerte de MARI CARMEN, y con todos los visos (aquella) de huelga política, como las prohibidas expresamente por la Constitución (art. 28.2). Lo que habrá abierto -¡albricias!- una grieta en el frente sindical, por el rechazo de participar en la huelga general, de un nuevo frente de sindicatos profesionales -CSIF, FETIMO, VALORIAN-, o simplemente alternativos -CGT, USO-, con medio millón de afiliados en total. ¿Un eco lejano como voz de ultratumba, de los gremios -corporations de metiers-, a los que dio la puntilla  (1791) la Revolución francesa? La pregunta del millón.


Anuncio de huelga general -11 de noviembre- al calor y a favor de la ola de indignación aventada por el desahucio y muerte de MARI CARMEN (ABASCAL)- convocada por los sindicatos mayoritarios -de clase-, UGT y CCOO. Tildada pues de huelga política. Y acusada en consonancia de ser una huelga ilegal prohibida por la Constitución (art.28.2)

(*) Soy licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas, por la Complutense madrileña. A lo que debo añadir un título de Licence spéciale (3ème cycle) En Histoire du Christianisme et de la Laïcité. Un título (éste)  -en la Universidad Libre de Bruselas (ULB)- 1987-1989-, equivalente a un máster, que aparecieron sólo más tarde, tras los acuerdos de Bolonia (1999). A añadir, un  diploma especial en Traducción Literaria (español-francés) del ISTI (Institute de Traducteurs et Interpretes) de Bruselas 


 


     

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