domingo, junio 11, 2017

Sonrisa Divina

(¡Noche agradable de Junio
de luz y de luna llena
que le echó un guiño a la ciudad
y a mi alma de poeta!)



Te vi por la calle al pasar
más tú y más mujer que nunca
en tu rutina diaria
¡y la tarde te sonreía!

Mujer importante (¡tan joven!)
de sonrosadas mejillas
que sabe ponerse seria
y prendar con su sonrisa

esa sonrisa tan mágica
como una cajita de música
que se enciende amor y se apaga
y vuelta (cuando me miras)

y que se vuelve a apagar
sólo por el que no digan
pero ya comprendí yo amor
el juego de tus pupilas

que se abrieron como platos
asombradas y prendidas
cuando te disparé mi amor
como una flecha encendida

en la calma de la tarde
(de la tarde de mi vida)
y en el silencio de dos almas
que se espiaban (y reían),

y en el cruce de miradas
se encendió amor esa chispa
que no se apagó hasta hoy
siempre en ascuas, siempre viva

que arderá cuando tú quieras
amor, cuando tú me digas
¡fuego sagrado que gime
entre brasas y cenizas!

Eso es lo que al pasar te dije
de una mirada furtiva
y tú lo captaste al vuelo
de tu intuición femenina

y tu silueta embelleció
y te trasfiguraste ¡hermosura!
cimbreándose (al alejarte)
ese cuerpo, esas anchuras

y di un suspiro de amor
de verte mi amor tan linda
tan dulce amor, tan fragante
tan sabia y a la vez tan niña

y mientras te contemplaba
mi ánimo amor renacía
signo amor de buen presagio
para un alma decaída

y se me antojó de pronto
el confiar en ti hada madrina
que sabrás sacarme a flote
¡de esa sonrisa divina!


¡Qué bella que eres, mujer!
exclama en éxtasis el poeta
viéndote brillar -¡que fulgor!-
en la noche turbulenta

entre sondeos a pie de urna
y estimaciones traviesas
de los medios (nuevos dioses)
rindiéndose a tu belleza)

que quién nos salvará si no,
sino las mujeres bellas
del encanto de sus ojos
y de sus facies tan tersas

que esa es nuestra esperanza,
la última que nos queda
después de haber visto caer
a los grandes de la tierra

en los montes de Gelboé
de una moderna Odisea
del mundo y la mía propia
perdido en tierras desiertas

por eso ya no creo en nada amor
mas que en ti, en ti y tu estrella
que refulge de ese fulgor
de tus ojos de diosa y reina

en las horas más aciagas
y en la noche de tormenta
como la que yo atravieso
proa a la marea gruesa

sin mas faro que tus ojos
que me escrutan de muy cerca
más cerca de lo que creo
¡hasta en mis horas más negras!

Que no se te van de la mente,
estoy seguro, mis problemas
mis cuitas y sinsabores
aun fingiendo indiferencia

y te veré reaparecer
la hora que menos se piensa
cuando vea todo perdido
¡apuesto amor lo que quieras!

¡Que esa es mi fe, mi amor
mi fe en la Mujer más bella!

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