21 de abril de 1967. Golpe de estado en Grecia, que implantó el régimen de los coroneles. En el centro de la foto, el rey Constantino que sería derrocado más tarde por la junta militar, y condenado al exilio. El golpe de los coroneles fue inspirado e instigado por la CIA –en el marco nota bene de un contexto internacional de recrudecimiento de la guerra fría- y sin duda estaba abocado al fracaso, como lo hubiera estado en España –caso de haber triunfado- un hipotético régimen surgido del 23-FNo son un posicionamiento inamovible –aunque sí una apuesta, lo admito- las líneas que aquí siguen sino que se pretenden más bien una concatenación de interrogantes en voz alta sobre una situación que nos afecta también a los españoles y no solo a los griegos de cara a las elecciones generales a las que ellos se ven abocados en el plazo de diez días. España no es Grecia, lo dije y lo mantengo, los paralelismos entre una otra no dejan de gravitar de cerca no obstante en la política española ante las citas electorales que se anuncian en un futuro próximo.
Los griegos de Amanecer Dorado me merecieron –y me siguen mereciendo- elogios y muestras de adhesión aun después de que toda su cúpula dirigente se viera inculpada y encarcelada, por aquello sin duda de que mientras que no se vean juzgados ni condenados prevalece la presunción de inocencia. La maniobra política de altos vuelos –de alcance internacional- que llevó a sus principales dirigentes a la cárcel es algo que seguí con el mayor interés y atención –e indignación- y no me retracto ni una jota de todo lo que escribí en su momento denunciado una grosera maniobra de intimidación, mientras que los rumores no dejarían de correr desde entonces que ponían en la picota al actual jefe de gobierno griego, que habría apostado por la manera más expeditiva de verse libre de unos rivales políticos tan directos y tan peligrosos.






