Ejercito Insurgente Ucraniano (UPA) Válgame unos santos de palo, como hubiera dicho Valle Inclán (y su trasunto de Luces de Bohemia) La prensa de hoy trae la noticia de los choques delante del parlamento ucraniano de ocho mil militantes radicales ligados al partido Svoboda y al Sector Derecha en un acto de protesta y reivindicación de la memoria del Ejercito Insurgente Ucraniano que lucho contra alemanes y soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial y en la inmediata posguerra, especie de mirlos blancos ni rojos ni pardos, que se vieron objeto de culto iconográfico en la memoria (escindida) de los ucranianos (o ruso/ucranianos) hasta nuestros días.
Sé poco de ese movimiento pero me hace de pronto pensar en movimientos de tipo guerrillero que pulularon en suelo europeo durante la segunda guerra mundial y justo después en la Europa del Este, como el Ejército Polaco del Interior (A.K.) que protagonizó la insurrección de julio y agosto del 44 contra la Wehrmacht –con el visto bueno de Stalin (…)- y que se vieron aplastados a sangre y fuego y sus integrantes deportados –y ejecutados en masa- en los campos de concentración, Auschwitz, el principal de todos ellos. Un símbolo de ese problema irresuelto de los nacionalismos eslavos, factor del primer orden de disgregación y de agitación y de descomposición social en la historia europea de los dos últimos siglos. Polonia fue “el enfermo de Europa” en el siglo XIX y en parte lo siguió siendo –por culpa de Danzig y demás reivindicaciones polacas- en el período de entre guerras. Y hoy su papel se diría que se ve asumido por el nacionalismo ucraniano, factor de distorsión y fuente de conflicto abierto o latente como lo llevamos presenciando desde hace ya casi un ano. El Sector Derecha que hace pensar por su nombre a los Ultra Sur de por estos lares, habrá ejercido gran fascinación en ciertos sectores de extrema derecha más o menos minoritarios de los países occidentales. Su bagaje ideológico parece así a primera vista desde luego tan escaso y ambiguo y confuso como la imagen de hooliganismo que dieron mayormente a observadores y comentaristas de la situación en Ucrania desde que estalló el Maidán (en noviembre pasado) Ni fascistas pues ni comunistas, lo que alimenta la retórica de su (contra) propaganda contra la propaganda pro rusa –retroalimentándose de ésta a su vez- que no hace más que hablar de “los fascistas” y de “la junta fascista” de Kiev. De noche todos los gatos son pardos, y en la política de los países eslavos para una óptica española hoy como ayer sigue siendo noche cerrada, quiere decir que no vemos ni comprendemos nada. O peor aún, creemos que lo comprendemos todo cuando lo estamos viendo justo al revés, de cómo ocurren y son allí realmente las cosas- ¿Quiénes son los fascistas y los antifascistas, los griegos y los catalanes en el conflicto ucraniano? ¿Quién es quién en la política de otro país eslavo vecino, Polonia ? Y me hago la pregunta y la hago aquí en voz alta porque me llegaron hace algún tiempo enlaces por la red en los que se venía a resucitar un viejo fantasma del periodo de entre guerras, el movimiento fascista polaco que llevaba en aquel país los rótulos tan poco anodinos para españoles de Falange (Falanga)- ONR (Organización Nacionalista Revolucionario) En las horas que corren un grupo o partido con esas siglas anda operando en la política polaca –y estrechando lazos a lo que parece con grupos españoles de extrema derecha- y apuesto lo que sea que estén en primera línea del combate en defensa de los nacionalistas ucranianos y del gobierno de Kiev y en contra de los pro-rusos de la cuenca del Don y de Vladimir Putin.
En política la memoria es de una importancia capital y sin embargo suele brillar por su ausencia por paradójico que parezca. Y más aún si se no se ve asistida de una historiografía prolija y esclarecedora por poco que lo sea. Y el fascismo polaco del período de entreguerras fue siempre un (ilustre) desconocido entre españoles, incluso entre los de la misma tendencia, y apuesto también que su pasado se ve rodeado aun en historiografía polaca actual sobre la segunda guerra mundial de espesos y pesados tabúes. Y eso se explica en parte porque la historia del fascismo polaco lo es la de un polvoriento fracaso. Un partido que no pasó nunca de una formación estrictamente minoritaria y marginal en la Polonia de antes del estallido de la segunda guerra mundial –lo que se dio en llamar allí el periodo "de los coroneles"- y que perdería prácticamente toda razón de existir con la ocupación y la partición del país por soviéticos y alemanes primero y por los soviéticos tras la terminación de la guerra. Pero el fracaso del fascismo polaco se ve ilustrado mejor que nada en el fracaso no menos polvoriento, personal y en el plano político a la vez, de su líder, Piasecki que a las nuevas generaciones no les dirá nada pero que a los que alcanzamos a vivir no tanto el concilio como el posconcilio inmediato no lo era en modo alguno en la medida que su nombre aparecía estrechamente asociada a un movimiento que jugó un papel de espantajo al interior de la iglesia y del catolicismo en el periodo conciliar, y me refiero al movimiento Pax, de posturas católico/progresistas (como se decía antes) y que arrastraba una imagen en negro vox populi –como lo denunciaría el escritor francés Michel de Saint Pierre- en su best-seller de aquellos años (finales de los sesenta) “Los nuevos curas” Durante la guerra y la ocupación alemana Piasecki formó un grupo de partisanos –del estilo (mutatis mutandis) del Ejército Insurgente Ucraniano- que acabó integrándose en el Ejercito (polaco) del Interior(AK) poco antes de la sublevación del 44, y más tarde sería hecha preso por los soviéticos –y del decir de muchos torturado-, y a partir de ahí sufrió un drástica y brutal metamorfosis pasando a colaborar estrechamente con el régimen comunista en Polonia –y con su policía política- sobre la base de unas posturas de dialogo católico/marxista que vendrían a ser hechas suyas a penas pocos años más tarde por el conjunto de la iglesia polaca, entre ellos el joven Karol Wojtyla (futuro Juan Pablo II) y un poco más tarde por el conjunto de la iglesia universal (en el concilio) y no sigo que me figuro que aquí se conocen ya todos de sobra la película.
Por eso el resurgir (milagroso en apariencia) ahora de un movimiento de extrema derecha polaco con aquellas mismas sigilas nos suena ahora algunos a cuento moruno o a truco de titiritero, como si no hubiera pasado nada en los sesenta o setenta años transcurridos desde la desaparición de su predecesor y referente ideológico. Y como si los no/polacos fuéramos todos -en cuestiones de religión o e ideología- tontos del bote y prestos a tragarnos (otra vez) el anzuelo que es la (penosa) impresión que siempre me quedó de mis contactos con polacos –católicos todos por definición- antes de mi gesto de Fátima. Tal vez engañaron a la humanidad toda entera, a través de "su" papa (como ellos siempre le dijeron) y sus artes de prestidigitador y de flautista mágico. Pero al que esto escribe, no, entonces no y ahora por cierto todavía menos. En mis trece, mi apuesta es por los pro-rusos en el conflicto de Ucrania. Aunque me ponga en malas compañías
martes, octubre 14, 2014
"SECTOR DERECHA" EN UCRANIA Y FALANGE POLACA. HACIENDO MEMORIA
SECTOR DERECHA EN UCRANIA Y FALANGE POLACA. HACIENDO MEMORIA
lunes, octubre 13, 2014
¿DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MI? ¡LAGARTO, LAGARTO!.../...
DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MÍ ¡LAGARTO, LAGARTO!
“Dejad que los niños se acerquen a mí” Esa frase evangélica –de los evangelios canónicos- viene fatalmente a la mente leyendo la entrevista publicada anteayer a toda página y en primera plana del diario ABC con un misionero agustino recoleto, expatriado hace ya décadas y con diez años de estancia ya en Sierra Leona donde reside, y es sobre todo por la foto que acompaña a la entrevista donde se le ve risueño y animoso rodeado de un montón de negritos en una imagen emblemática de la tradición misionera, si se exceptúa su atuendo y en particular la gorra que luce, completamente secularizado.
Me he estado leyendo detenidamente las declaraciones de ese misionero español que me inspira personalmente el mayor respeto del mundo él lo mismo que sus declaraciones de las que no puedo remediar no obstante verlas surcadas de lo más negros y trágicos de los presagios. “Me he pasado un monto de años diciendo la gente que se acerque a mí, y ahora no voy a cambiar” “No quiero vivir encerrado” “Los misioneros no queremos crear polémica” Y la entrevista se concluye con un frase enigmática en extremo “Hay que vivir tratando que el otro nos duela”
¿Masoquismo? Dejémoslo en espíritu de sacrificio rectamente/entendido. Sin duda conforme a aquello del Kempis (¡aparte de mí ese cáliz!) “cuando llegaras a tanto –y cito de memoria de mis años jóvenes (…)- que la aflicción te sea dulce y gustosa por amor a Cristo piensa entonces que te va bien porque hallaste el paraíso en la tierra” Perdónales dios de las batallas (y de las epidemias) porque no sabían lo que decían, o lo que escribían, ni de lo que hablaban. El Kempis es no obstante una autoridad (espiritual) de segundo orden, la frase que se cita al principio de estas líneas es en cambio palabra de evangelio. Nietzsche en su “Anticristo” arremetía directamente contra un serie de versículos evangélicos (canónicos) que no dejaba de enumerar y glosar uno por uno, todos de una actualidad enigmática hoy como hace veinte siglos, y tan desconcertantes y ambiguos y cargadas de interrogantes como hace siglo y medio cuando Nietzsche escribió esa obra. Entre ellos no figuraba no obstante el versículo por el que viene ahora el escándalo –me refiero al Ébola y la polvareda de escándalo y de polémica que habrá suscitado en la opinión pública española. “Dejad que los niño se acerquen a mí” Desde nuestra más tierna infancia bañada en una educación rigurosamente católica tanto en el ámbito familiar como en el de los centros de enseñanza por donde mi vida y la de muchos de mi generación transcurrió desde párvulos, tuve que soportar –y tantos otros de mis compañeros de generación- las bromas más o menos pesadas por cuenta de ese versículo bíblico, que en lo que me concierne confieso que no me hicieron nunca mella, y así mi infancia trascurrió jalonada de acciones y gestos (“supererogatorios”, en lenguaje antiguo) de respeto hacia la religión y sus ministros como cuando andábamos jugando por los parques y jardines de la Universitaria –donde transcurrieron mis años niños- y era ver un eclesiástico y salir a su encuentro todos pitando para besarle la mano o el crucifijo que nos tendía, y a lo que el susodicho solía responder haciendo obsequio de una estampa o a veces de objetos más sustanciales, chocolatinas o caramelos. Los tiempos y lo vientos cambiaron. El concilio puso en solfa y se llevó de calle todos aquellos viejos hábitos (seculares) que aun sobrevivían en España en un caso atípico y prácticamente único ya por entonces en el mundo enero. No sólo eso, la oleada de escándalos en materia de abusos sexuales –que se declararía (sin interrupción desde entonces) en los inicios del Milenio –en la fase final del pontificado (interminable) de Juan pablo III- pondrían en entredicho la reputación y la imagen de la institución y de sus ministros, y traería consigo fatalmente a la vez un cuestionamiento (de raíz) del mismo mensaje evangélicos en sus puntos o aspectos mas neurálgicos e intocables (y sagrados)
Y así ese versículo del evangelio relativo a la infancia se ve hoy puesto en la picota al calor de la formidable sacudida originada en la opinión pública por culpa del virus Ébola. De forma tácita, o explícita como en el caso que nos ocupa de las declaraciones de este misionero navarro. Un mandamiento evangélico que como otros se ve sometido una puesta en duda o en tela de juicio, por razón de la epidemia de Ébola y de esa otra no menos temible de tipo no físico o material sino estrictamente espiritual de los abusos sexuales de menores a manos de eclesiásticos. Y ni el misionero interrogado ni los autores y difusores de la entrevista pueden honestamente obviar o hacer abstracción el contexto en que fatalmente esas declaraciones se ven situadas. Hay otro aspecto en la presentación tan propagandística de esta entrevista que se merece aquí mi glosa, y ese el cuestionamiento en paralelo que la crisis por la que atravesamos trae (fatalmente) consigo del ideal misionero, y más allá, del concepto o de la noción –que Miguel de Unamuno acusaba de ser responsables de “grandes tragedias existenciales”- de la vocación religiosa. Aparte de mí (de nuevo) ese cáliz. Y me inspiran estas líneas ciertos comentarios leídos a cuento de este tema que me hacen dar literalmente botes en el asiento. Perdónales, sí, porque no saben lo que dicen ni de lo que hablan. Esos que tienes esas palabras -de sacrificio y de servicio- en la boca (como los que tienen la de Hispanidad sin haber puesto un pie en su vida del otro lado del charco) recuerdan demasiado a fe mía la oración del fariseo traducida en términos posmoderno como sigue: te doy las gracias señor de no haberme dado la vocación religiosa (como a todos esos pobres infelices que se ven condenados –como reses que llevan al matadero- a una situaciones humanamente -o “existencialmente”- imposibles, sin salida en el mundo fatalmente secularizado que vivimos) Todos esos que condenan ahora a la hoguera (de las penas del infierno) a media España por egoísmo (insolidario), por hedonismo y no sé cuántos otros clichés omnipresente en la prédica del papa polaco que a lo que se ve tanta mella hizo entre españoles ¿saben acaso de lo que hablan. ¿Saben acaso lo que es una experiencia misionera en sentido estricto (eclesiástico me refiero), si no es de oídas? El que esto escribe, sí desde luego, todos aquí ya lo saben. Hablan como quien ve lost oros desde la barrera, si son tan católicos, tan falangista/católicos o católico/falangistas (todo junto) ¿por qué no dan ni dieron ejemplo en su vida en ese punto, abrazando ese estado religioso/eclesiástico que ensalzan como lo más perfecto bajo la capa de la tierra. No me hace falta su respuesta porque ya me la conozco: “no tenían vocación”, léase “les gustaban las mujeres” (…) –y querían casarse obviamente y tener hijos-, léase no podían soportar la disciplina (insoportable) del celibato, con lo que en vez de cuestionar directamente, valientemente –y a las claras- esta última, acababan haciendo (hipócritamente) de los “otros” –de los “elegidos”- seres anormales o seres aparte, de una perfección que no es de este mundo, tan perfectos tan perfectos que les veían ya (en la práctica) enterrados en vida de una forma u otra. Y con los que había que contar de todas formas –como eso, como unos muertos en vida- solamente a modo de coartada moral (e ideológica y religiosa), léase de asesores o capellanes, porque sin ellos el entramado intelectual y mental en el que viven todos esos hijos/fieles de la iglesia/madre se les derrumbaría de pronto estrepitosamente. ¿Una caricatura? Que se lo pregunten a sí mismos. Muy cercana a la realidad, como quiera que sea.
No condeno al misionero de más arriba, le compadezco simplemente, como lo que es, una pobre víctima del judeo cristianismo que arrastramos los católicos y en particular los católicos españoles como una de las grandes fatalidades sino la mayor de nuestra historia. Pero no tiene derecho en modo alguno a poner en peligro a la sociedad por su ideal o sus ideas. ¿Quiere morir con los suyos como los toros (“que van a morir las tablas”)? Que se vuelva ya antes de que sea demasiado tarde. Que en la vida del hombre lo que cuenta es saber lo que se quiere. Y algunos –a tenor de sus propias declaraciones- no estamos convencidos que eso lo tenga claro este misionero pamplonica. ¿Dejad que los niños se acerquen a mí? ¡Lagarto, lagarto! (como decía García Lorca)
domingo, octubre 12, 2014
Poeta y Testigo ¡Presente! (poesía en domingo)
¿Qué te importa a tí poeta
qué piensen de tí las gentes?
¡Que se cuezan mil leyendas
por cuenta tuya, valiente!
¡Que imaginen lo que quieran
de tu vida, que inventen!
¡Que a falta de pan candeal,
igual alimenta el viento!
¡Tan harto ya de comerme
la comida de los perros!
¡Canta poema, reza fuerte
la honda verdad de tus versos!
Que el silencio así se rompe
y así me gano el respeto
de los vacuos ¡Mequetrefes!
Del cercano y del extraño,
de los que me odian o temen.
De una memoria enemiga
e íntima a la vez ¡Qué fuerte!
Que al calor de mi poema
se diría que se vuelven
-¿extrañados, espantados?-
por vez primera en sus vidas
mirando hondo y sin rencores
Qué hondo que me míraste, sí,
a la vez seria y alegre,
mujer de negro –y de clase-
¡Oriunda de mis dolores!
Me duele España ¿Se siente?
¡Más de lo que se merece!
¡Poesía en mi idioma a chorros
antes que el mundo reviente,
antes que se le haga tarde
a la Poesía que promete!
¡Canta y no pares, poeta,
bajo techo o a la intemperie!
Que si tu poesía no nos salva
¿quien velara nuestra suerte?
¡Canta y grítanos tus versos
que algunos si no, no entienden,
si no ven vibrar por dentro
tu pasado y tu presente,
y el pasado que no pasa
¿Porque estaba esperando a verte
(sí esa va a ser la clave)
a cruzarte, a conocerte?
Poeta fuiste, serás, lo eres,
me susurró el duende al oído
contigo al lado (¿me quieres?)
en el lance aquel divertido
entre musas y papeles,
entre risas y desplantes
y murmullos (y quereres)
Que pongan en mi epitafio
los que de veras me quieren
“Un poeta a vuela pluma
en la vida, y en la muerte,
en sus versos y sus gestos,
sus odios y sus amores”
(Poeta y Testigo ¡Presente!)
En el aire o en el trapecio,
por tu amor vivir,
pensar, peligrosamente
sin miedo a morir…ni a tí
Esa es mi norma de vida,
mujer ¡Ten piedad de mí
¡Monstruo sin corazón!
Que los poetas a veces
también llevamos la razón
con el alma o con la mente
Y tu corazón se te fue
en una noche de luna
sin poder amar ni querer
¿No? ¡A que fue así, niña bruja!
Y te dejó más bella aún
Y más dura y cruel y más fría
Y menos segura de tí
¡Flor de melancolía!
Y por eso le tienes miedo
a observarme frente a frente
sin lunas y sin espejos
que te distraigan la mente
Con el miedo y sus consejos
no irás, mi amor, a parte alguna.
Anímate, relájate
¡Que mi alma es todo tuya!
Y tú lo sabes muy bien
aunque finges, disimulas,
con tus aires de inocente
y tus mañas de sibila
Por tí espabilé por fin
de esa modorra escondida
-¡sin verla, sin sospecharla!-
que arrastraba de una vida
de azares y sobresaltos,
de trajín y de fatigas
¡Porque no me daba cuenta
y caí en mí gracias a tí
y a tu estrella, vida mía!
qué piensen de tí las gentes?
¡Que se cuezan mil leyendas
por cuenta tuya, valiente!
¡Que imaginen lo que quieran
de tu vida, que inventen!
¡Que a falta de pan candeal,
igual alimenta el viento!
¡Tan harto ya de comerme
la comida de los perros!
¡Canta poema, reza fuerte
la honda verdad de tus versos!
Que el silencio así se rompe
y así me gano el respeto
de los vacuos ¡Mequetrefes!
Del cercano y del extraño,
de los que me odian o temen.
De una memoria enemiga
e íntima a la vez ¡Qué fuerte!
Que al calor de mi poema
se diría que se vuelven
-¿extrañados, espantados?-
por vez primera en sus vidas
mirando hondo y sin rencores
Qué hondo que me míraste, sí,
a la vez seria y alegre,
mujer de negro –y de clase-
¡Oriunda de mis dolores!
Me duele España ¿Se siente?
¡Más de lo que se merece!
¡Poesía en mi idioma a chorros
antes que el mundo reviente,
antes que se le haga tarde
a la Poesía que promete!
¡Canta y no pares, poeta,
bajo techo o a la intemperie!
Que si tu poesía no nos salva
¿quien velara nuestra suerte?
¡Canta y grítanos tus versos
que algunos si no, no entienden,
si no ven vibrar por dentro
tu pasado y tu presente,
y el pasado que no pasa
¿Porque estaba esperando a verte
(sí esa va a ser la clave)
a cruzarte, a conocerte?
Poeta fuiste, serás, lo eres,
me susurró el duende al oído
contigo al lado (¿me quieres?)
en el lance aquel divertido
entre musas y papeles,
entre risas y desplantes
y murmullos (y quereres)
Que pongan en mi epitafio
los que de veras me quieren
“Un poeta a vuela pluma
en la vida, y en la muerte,
en sus versos y sus gestos,
sus odios y sus amores”
(Poeta y Testigo ¡Presente!)
En el aire o en el trapecio,
por tu amor vivir,
pensar, peligrosamente
sin miedo a morir…ni a tí
Esa es mi norma de vida,
mujer ¡Ten piedad de mí
¡Monstruo sin corazón!
Que los poetas a veces
también llevamos la razón
con el alma o con la mente
Y tu corazón se te fue
en una noche de luna
sin poder amar ni querer
¿No? ¡A que fue así, niña bruja!
Y te dejó más bella aún
Y más dura y cruel y más fría
Y menos segura de tí
¡Flor de melancolía!
Y por eso le tienes miedo
a observarme frente a frente
sin lunas y sin espejos
que te distraigan la mente
Con el miedo y sus consejos
no irás, mi amor, a parte alguna.
Anímate, relájate
¡Que mi alma es todo tuya!
Y tú lo sabes muy bien
aunque finges, disimulas,
con tus aires de inocente
y tus mañas de sibila
Por tí espabilé por fin
de esa modorra escondida
-¡sin verla, sin sospecharla!-
que arrastraba de una vida
de azares y sobresaltos,
de trajín y de fatigas
¡Porque no me daba cuenta
y caí en mí gracias a tí
y a tu estrella, vida mía!
¿POR QUÉ SOY PRO-RUSO?
Esta litografia, "El orden reina en Varsovia" (1831) -con un cosaco en el centro de la imagen y la cabeza (degollada) a sus pies de un insurrecto polaco-, del dibujante francés de ideas republicanas, Grandville, fue un poco el Guernica de Picasso del siglo antepasado. Tan sectaria y beligerante y partidista -y mendaz- como este útimo. Entre los que sufiririán su influjo se encontró sin duda el español Juan Donoso Cortés, y su célebre Discurso sobre Rusia (y Europa) que tanto impacto y repercusion alcanzó en España y por cima de los Pirineos. La Rusia de los zares no era un amenaza para Europa, si acaso para el Imperio británico, en eso sí estamos de acuerdoDe "pasión española" habló en un su libro tardío “Le passé d’une illusion” el historiador francés François Furet refiriéndose al apasionamiento que inspiró la causa de los rojos republicanos españoles durante la guerra civil en la opinión pública y en particular en la izquierda internacional, y que según él se pondría de manifiesto en la actitud y en las declaraciones de algunos de los comisarios y consejeros rusos presentes en zona roja y encausados en los procesos de Moscú –a partir de 1937- tras su vuelta de España, y en particular uno de ellos que habría declarado ante el juez, “mientras haya fascismo, somos todos españoles”
Setenta años después la pasión/rusa que despierta de pronto un sector –significativo- de la izquierda y de la extrema izquierda española (jóvenes y menos jóvenes) parece haber cambiado la consigna aquella en otra no menos guerracivilista, de “mientras haya fascismo somos todos rusos” (de la cuenca del Don), como un eco del ¡Viva (o ¡Biba!) Rusia! de la guerra civil o del “¡Viva Rusia manque pierda!” que le oi yo hace ya mucho (a finales de la década de los ochenta) a unos rojillos (con gracia) del barrio de Malasaña ufanos y alegres y no muy convencidos en lo que decían (…) Rusia para esos antifascistas (de nacimiento, la mayoría) es un pasión visceral más que ideológica, para la inmensa mayoría no deja de ser un enigma hoy como hace un siglo y dos, por lo lejana y (relativamente) desconocida.
viernes, octubre 10, 2014
MARIANO RAJOY, EN SU SITIO
MARIANO RAJOY, EN SU SITIO
Mariano Rajoy ha hecho –en fin- lo que había que hacer, personarse en el Carlos III, en primera línea de frente de la lucha contra la epidemia que estamos enfrentando la sociedad española las horas que corren, al precio de tener aguantar insultos y “guantazos” (de lejos) de un grupo de “trabajadoras” (que dejaron su trabajo para insultarle) Fraga –su mentor y padrino político- hizo lo propio cuando el a accidente de Palomares que género (casi) tanta alarma social que la de ahora en la España de entonces. Su decisión de nombrar un comité de gestión de la crisis sorteando a la ministra del ramo puesta en la picota por los medios y por la histeria de un sector de la opinión también nos parece hábil y acertada. No sé, nadie sabría predecirlo si la enfermera contagiada saldrá del trance tan dramático por el que atraviesa pero está claro como en la parábola del rey Salomón que esta crisis de confianza colectiva está poniendo a prueba el patriotismo verdadero, el de los verdaderos patriotas, de de los que quieren y defienden a su país y a sus habitantes con razón y sin ella y no les quieren mal ninguno , frente a los que les importa una higa el destino de todos y del de cada uno –y a comenzar, la suerte de la enfermera entre la vida y la muerte-, y les trae al fresco a lo que parece su país y su buen imagen. ¿O es que les importa mucho a Pablo Iglesias y sus adeptos? No lo parece. Todavía resuenan en nuestros oídos los lamentos y maldiciones e imprecaciones de sus amigos indignados acusando al gobierno español –el que sucedió al socialista Zapatero- de cesión de soberanía por culpa de la política de austeridad y de los recortes, y ahora aquél por su cuenta y riesgo se atreve a poner en la picota al gobierno español en las instancias rectoras de la UE a cuento del virus Ébola. ¿En Venezuela, en Bolivia, en Cuba se cuida acaso la salud pública y la salubridad más indispensable con más celo y cuidado que entre españoles? ¡Que venga el dios de la biblia –el de la teología de la liberación- y lo vea! Peor que el Ébola es esa epidemia de autodenigramiento y de autodesprecio que siguen despidiendo en torno suyo –contagiado aun a tanto incauto- esa plaga de indignados y perro flautas que parecen haber encontrado en Pablo Iglesias su portavoz y mesías que a falta de pan buenas son tortas. Con tantos corifeos –e incendiarios- como les bailan el caldo y les hacen el juego. Arturo Pérez Reverte, por ejemplo, académico de la lengua (un respeto) que se compadece (desafiante) de la suerte del perro Excalibur porque sabe que eso trae rédito de cara a la galería y le ayudara más y mejor a vender sus libros. O los traidores que están denigrando a España a través de las páginas de la Vanguardia de Barcelona o de ese parlamentario separatista que se permite (impunemente) hablar de peste española ¿Hasta cuándo?
Tras la primera guerra mundial colgamos con el sambenito de la epidemia europea de gripe en gran parte por culpa nuestra, de los españoles de entonces me refiero, de esa actitud de autoflagelación y de autodenigramiento, y de ese síndrome de autodesprecio en suma que parece nuestro sino mientras el mundo sea mundo. El error de raíz ahora fue la repatriación de los religiosos contagiados –diga lo que diga (en tonos indignados) el arzobispo de Toledo. Como sea, el mal esta ya hecho, y no se trata de volver sobre nuestros pasos sino de atajar el mal cuanto antes, por todos los medios. Que se salve la enfermera contagiada –con o sin el suero de Bruselas- es lo que ardientemente le deseamos yo y tanto españoles sin criminalizar a ella y sin admitir tampoco que se nos criminalice de rebote los que no admitimos que se criminalicen a otros chivos expiatorios. ¿Que lo tomo por el lado personal como dirán algunos? Sin duda un poco, sí, por todos lo que algunos –como el que escribe- nos sentimos injustamente criminalizados durante décadas
jueves, octubre 09, 2014
PUEBLO ASOCIAL Y FEROZ Y VIRUS ÉBOLA.../...
PUEBLO ASOCIAL Y FEROZ Y VIRUS ÉBOLA
No sé a quién se lo leí -ni de quien hablaba- aquello de que “le gustaba aquel escritor porque no le dolía España” Qué suerte que tenía. Yo llevo casi cuarenta años expatriado –en parte por fuerza mayor en parte por voluntad propia (todo aquí ya lo saben)- como un apátrida, visto y tratado a menudo como un extranjero por propios y extraños y me sigo preguntando por qué me tomo tantos pollos a pelar, por qué me tomo tan a pecho la actualidad española en su capítulos más tristes y penosos como el que estamos presenciando las horas que corren por cuenta de la enfermera contagiada con el virus Ébola. ¿La reacción del hijo prodigo, del que se sintió rechazado en mayor o en menor medida por los suyos? La psicología de profundidades alberga con certeza respuestas juiciosas y de agudeza extrema a ese y otros profundos enigmas de la conducta y de los comportamientos entre humanos. Decía Umbral de José María Pemán –evocando la “tercera” de ABC que dedico el célebre escritor poeta y dramaturgo al libro de Umbral sobre Lorca- que “lo escribió con esa generosidad que sólo tienen algunos hombres con los que nadie había sido generoso” El patriotismo que siento en lo más hondo -tal vez más por vivir fuera- y del que pongo por testigos a los que aquí me leen habitualmente ¿hijo de ese sentimiento de rechazo que arrastro de antiguo entre mis compatriotas? ¿Igual que un apestado o un enfermo contagioso? Es posible. ¿Explica acaso la fogosidad que le habré puesto –un vez más- a estas entradas sobre los casos de Ébola en España (entre españoles)? Algo de eso debe haber sin duda. Y lo que más me duele en el caso que nos ocupa no son los riesgos reales de pandemia o de propagación del virus entre españoles, mínimos del decir de los especialistas –por más que pueda darse algun caso más todavía- sino la reacción (¿minoritaria?) de muchos de mis compatriotas. España no es el pueblo español, y si así fuera, de verdad que me borro, si como español tuviera que identificarme con reacciones a nivel de calle o de opinión pública como algunas que se están dando en las últimas horas.
Y a algunos le suene tal vez a blasfemia esa puesta en entredicho del pueblo español (como suena), a los que remito con mucho gusto –y sin acrimonia alguna- al escrito tardío de José Antonio (fuera de toda sospecha en materia de patriotismo) “Germanos y bereberes” en el que hace objeto de una criba rigurosa y de una crítica frontal y sin contemplaciones a la noción de "pueblo" tal y como fue germinando en la historia española desde las honduras del siglo XIX. Y José Antonio, a esa reivindicación del pueblo que identificaba con lo que él llamaba “la rebelión berebere”, le ponía nombre y apellidos, los de Mariano José de Larra, el malogrado escrito liberal decimonónico, a quien el fundador de la Falange parece otorgar en ese texto la paternidad de toda una intelectualidad de izquierdas en la España contemporánea, pero es obvio que la cosa venía ya de antes, y no de la Ilustración sino de la guerra de la Independencia y del liberalismo naciente entonces, y por supuesto de las Cortes de Cádiz. Y me vienen todas estas elucubraciones a la mente tras la lectura de la colaboración en el Mundo de hoy de Arcadi Espada que ya habré citado alguna vez en mi blog, y al que quizás pudiera extrañar que el umbraliano convencido (y critico a la vez) que esto escribe tenga entre sus lecturas a alguien al que separó una enemistad tan notoria (‘e irreconciliable) del autor de la Leyenda del César Visionario. Arcadi Espada arremete hoy escribiendo sobre el caso Ebola contra el pueblo asocial y feroz (sic) tal y como se estaría revelando las horas que corren, buscando a toda costa no errores sino culpables. Y en unas exhortaciones de innegable aliento profético que no habrían desmerecido de su gran enemigo Umbral, emplaza a los responsables a hacer oír –sin temblores- la voz del buen gobierno (sic) frente al griterío del populismo infecto. Y si no, dice, que se dediquen a sus labores. Lástima que su autor se llame o se haga llamar Arcadi porque tengo entendido que es originario de Leon (como lo era Umbral también por la rama materna) No importa. Palabra de dios te alabamos señor.
miércoles, octubre 08, 2014
ARIAS CAÑETE APROBADO. MI APLAUSO
Miguel Arias Cañete, tras un reñido proceso de selección –y con el voto en contra de los socialistas españoles y de la extrema izquierda y también (nota bene) de la extrema derecha de la Eurocámara- ha sido finalmente elegido comisario de Energía y Medio Ambiente. Y yo me alegro, y me explico ipso facto. Soy tan euroescéptico como el que más con las credenciales que me da además el conocerme de cerca el paño, por el llevar ya tantos años –veintitrés de los veintiocho que llevo en Bélgica- residiendo en la capital de las instituciones europea. Vi aquí pasar –una tras otra- a sucesivas promociones de euro funcionarios españoles con los que me cruzaba en la calle y con los que raramente alcancé nunca a liar la hebra, como si fuéramos doblemente extranjeros ellos para mí y yo para ellos, si se exceptúan mis contactos –borrascosos y que acabaron como el rosario de la aurora- con el colectivo Coordinadora por la Paz (en el País Vasco) que funcionó aquí en Bruselas entre los funcionarios españoles de la UE, al final de la década de los noventa e inicios del milenio, como aquí ya lo dejé abundantemente registrado. No me caso con nadie además, con el PP tampoco, y podría demostrarlo mucho más fehacientemente tal vez que otros que tienen la boca llena en permanencia contra los “traidores” del partido en el poder, el caso es tener traidor a mano, como tuvieron a Franco y a Solís, y a Raimundo y a Girón y paro de contar. No es óbice que me alegro de este nombramiento, ya digo, de un español en unas instituciones europeas con sede en Bruselas. Como me insurgí contra la campaña infame -de un tinte anti-español inconfundible y con un tufo a leyenda negra más inconfundible todavía- contra "las mentiras" (¡vaya por dios!) de José María Aznar tras el 11 de marzo aquí en Bélgica. No soy un enemigo del PP ¿Podría decir lo mismo del PSOE? No lo sabría negar ni afirmar tampoco en cambio. Quiero decir sobre todo que no tengo cuentas pendientes con los “populares” del tipo político o simplemente personal, como parece ser el caso de algunos. España no es Grecia, ya lo di claramente a entender en mi anterior entrada, y yo comprendo no obstante que haya algunos en España deseosos de emular –en tirón electoral, en capacidad de audiencia y seguimiento, y en presencia y protagonismo en la vía pública- a los griegos de Amanecer Dorado y que por vía de consecuencia acaben dejándose arrastrar a comparaciones un tanto odiosas y que no proceden con formaciones punteras del espectro político en Grecia, en claro y crudo, con el partido Nueva Democracia.
Porque todos aquí me reconocerán que las cosas en España no llegaron a los extremos que alcanzaron entre griegos que explican (y justifica) la explosión social que acabaría traduciéndose en la emergencia espectacular de Amanecer Dorado. El test crucial lo es hoy por hoy Cataluña en donde hay líneas rojas a no traspasar, y en el momento que lo fueran -caveat rex!- está claro que ni yo ni otros muchos seguiríamos sintiendo ligados en lo más mínimo por obligaciones de comedimiento o de respeto y acatamiento del orden establecido como así me siento, hasta prueba de contrario ya digo. Por todo lo que precede se comprenderá pues que me alegre sinceramente por el nombramiento de un comisario (UE) español –patrocinado además por un luxemburgués (¡manes de la memoria española en Flandes!) y que me indigne a la vez del espectáculo que habrán dado los socialistas y los verdes españoles fieles a una triste tradición de autoflagelación que tanto nos habrá pesado y tanto habrá condicionado nuestro destino. Y la palma (de mi indignación) se la lleva la portavoz del PSOE –de nombre euskera Iratxe) y de apellidos españoles García Pérez (y no sé cuántos apellidos vascos también)- con la boca llena de acusaciones de machismo en contra del nuevo comisario. Machismo es un dicterio con una carga de peyoración inevitable, que se declina (fatalmente) en español en todas o casi todas las lenguas del planeta. Pero tal vez sea pedir peras al olmo el que consideraciones o denuncias de ese matiz puedan ser tenidas mínimamente en cuenta por socialistas españoles, y españolas (por bellas y atractivas que sean)
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