El del estraperlo fue uno de los errores más trágicos de la Falange de antes de la guerra. ¿Denunciar al banquero (judío) Strauss obligaba acaso a atacar al jefe del gobierno de centro derecha, Lerroux, con las consecuencias que ello traería consigo? Mutatis mutandis, la fiebre anti-corrupción de algunos ahora hace el juego a la izquierda anti-española y separatista. En CataluñaAquí ya dejé sentado no hace mucho en alguno de mis artículos -y en uno de mis poemas creo, incluso- que la Ciudad Universitaria -léase el campus de la Complutense- tal como se muestra hoy al simple transeúnte ofrece un aspecto de siniestro y de derrumbe total, como abrumada y derrengada por el peso abrumador (más que otra cosa) de la historia más o menos reciente.
Por allí entro la Victoria -tras tres años de espera- en el 39 y por allí entro también -aunque con el retraso o desfase cronológico de una década (más o menos)- la derrota del 45. Y por eso -algo de lo que no acabaría dándome cabal cuenta hasta no hace mucho- fue tan traumático mi paso por ella y por esos cada vez que vuelvo ahora -en mi viajes fugaces de ida y vuelta Madrid-Bruselas- siento tanto y tan enorme el peso de la historia -y el de mi propio pasado personal e intransferible- adentrándome en sus claustros, circulando por sus explanadas y alamedas incluso.
Era la sensación (un tanto agobiante) que me embargaba días pasados desde luego, en mi vista a la facultad de Filosofía B primero y a la de Filosofía (a secas) justo a seguir con un libro debajo del brazo, precisamente el mío. Iba allí con la esperanza que resulto vana al poco rato, de que me cogieran (a la venta) "El padre falangista de Francisco Umbral" antes de que me mandaran como de rebote a la otra facultad (Filosofía A) y después de haber preguntado en al librería de Filosofía B.






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