viernes, septiembre 27, 2013

¿"PROBLEMA ARGENTINO" EL MÍO? (entre Gibraltar y las Malvinas)

Bombardeo (o "masacre") de la Plaza de Mayo, en el principio del fin del régimen del general Perón (primera época) El balance particularmente sangriento, fue de más de trescientos muertos y setecientos heridos. Perón caería tres meses más tarde, y sería interesante averiguar qué tipo de cobertura prestó la prensa española de la época a esos sucesos en los que desempeñó un papel y un protagonismo innegable la jerarquía de la iglesia católica argentina
¿Tengo yo acaso un "problema argentino" como estarían tal vez tentados de hacérmelo observar algunos de mis lectores? A la medida o no menor -como quiera que fuese- del problema/español, con España su pasado y su presente que arrastran algunos -pocos, muchos- en Argentina. Y se me ha ocurrido deber plantearlo aquí ahora en público antes de ponerme a disertar del motivo directo o de lo que me habrá servido de acicate a la hora de ponerme a escribir de esta crónica, a saber, el acuerdo en Nueva York, entre los ministros argentino y español de exteriores por el que ambos países vendrían a aunar esfuerzos en sus respectivos contenciosos -con la Gran Bretaña de antagonista común a unos y otros- en el tema de Gibraltar y en el de las Malvinas.

Me fui de Argentina dos años y medio antes de que estallara el conflicto con la Gran Bretaña aunque ya se mascaba en el ambiente que las cosas podrían acabar degenerando de la forma en que lo hicieron entre los dos países, como estuvieron a punto de acabar, estando yo aún allí, en el tema del canal de Beagle, el contencioso histórico que enfrentaba a Argentina y Chile en el que los dos países acabaron aceptando la mediación papal del enviado de Juan Pablo II, el nuncio en Argentina Pío Laghi, de memoria discutida y controvertida en la medida que se ve estrechamente asociada en el recuerdo a las Juntas Militares y a la (llamada) "guerra sucia" (anti-terrorista) No conocí (bien) la Argentina, el tiempo que allí estuve tengo que acabar reconociéndolo (humildemente) O digamos que todo lo que viví y palpé y percibí allí lo sería bien de cerca, pero solo a través del balcón o del mirador que me brindaron (y permitieron) los amigos y bienhechores de la obra de Monseñor Lefebvre allí. Y por supuesto a través de los clisés o prismas ideológicos que eran los suyos y que sin duda me condicionaron en mi visión de lo que vi y viví allí aunque en mi fuero interno disentía no poco como lo prueba el que acabé dejando el país en señal de disentimiento precisamente con aquellos.

No me identificaba con ellos y con sus puntos de vista pero es obvio que influenciaron no poco los míos en relación con un país que no era el mío propio y que antes de llegar allí (hasta año y medio antes de decidirme a partir tras mi llegada) desconocía casi por completo. Y era en relación con la historia contemporánea argentina para comenzar que solo me sabía en retazos y de oídas también por los argentinos que conocí y traté estando allí o antes, viviendo en España aún. Y me refiero en particular a amigos argentinos o más exactamente españoles de origen, uno en concreto que había vivido y crecido allí, en Buenos Aires (en el céntrico barrio de San Telmo) - antes de regresar a España, que conocí ya en mis primeros tiempos de estancia en la facultad de Económicas, y al que conocíamos por "el Tacuara", por no hacer secreto ninguno desde el instante mismo que le conocí (y conocimos, yo y mis amigos) de haber militado en aquel movimiento nacionalista (argentino), de métodos de acción violentos no poco célebres y en torno al cual sigue gravitando un espeso tabú dentro y fuera de la Argentina.
Alberto Ezcurra, o el síndrome de la cárcel de Alicante transplantado del otro lado del charco. Primero (o segundo) jefe de Tacuara y discípulo del padre Meinvielle. Quien le había visto antes y quien le vería después. Cuando yo viví en Argentina -donde no le llegué a conocer (la verdad que porque no quise)- era ya un cura como dios/manda y en perfecta comunión con su obispo diocesano (estaría bueno) "Donde hubo nidos antaño no hay pájaros hogaño", debía decirse citando a Cervantes y evocando sus pecados (o locuras) de juventud, de cuando era jefe de Tacuara (...)
La historia de Tacuara es más o menos conocida del gran público -sobre todo (lógico) en Argentina-, su prehistoria e infra/historia (como hubiera dicho don Miguel de Unamuno) lo son mucho menos sin duda alguna. Sobre todo por la ubicación forzosa que se merece en el contexto de la historia contemporánea argentina en el siglo XX y de algunos de sus principales capítulos relacionados con la figura del General Perón y de su régimen justicialista, de los que se destaca uno particularmente cruento y doloroso -y escasamente conocido nota bene de españoles- y es el de los sucesos y acontecimiento que inmediatamente precedieron a su caída. Y a titulo de botón de muestra apenas, que brindo aquí a mis lectores, cabe mencionar el bombardeo de la Plaza de Mayo (junio del 56) -con mas de trescientos cincuenta muertos (civiles)- del que solo había oído hablar vagamente en mi vida y que no retuve desde luego, hasta hoy que lo habré vuelto a recordar por las razones o motivos que sean. Perón y su régimen acabaron cayendo tres meses después de aquella carnicería, y es un hecho aceptado por el común de los historiadores el papel decisivo de la iglesia (jerárquica) argentina en su caída.

Y entre peronistas descamisados y anti-peronistas (gorilas), entre la versión histórica de unos y otros de la historia del régimen y de su caída, surcaría hasta hoy las aguas de la memoria colectiva la corriente del llamado nacionalismo/argentino de la que Tacuara puede ser visto como una criatura (la más díscolas de todas) Y un dato innegable y todo menos trivial no obstante y cargado de significado -que confieso que desconocía- lo es el anti-peronismo inicial (furibundo por lo que cuentan) del fundador de Tacuara, el padre Julio Meinvielle, permanentemente en la boca de mi amigo hispano/argentino en los tiempos que le traté y al que reservaba una veneración sin límites a él como al padre Leonardo Castellani (a quien tanta devoción literaria parece guardar Juan Manuel de Prada) Obviando cuidadosamente siempre delante mía por cierto esa faceta innegable de su icono (anti-peronista), por las razones que fueran, familiares sin duda en parte, de lo que de él sabía. Sintomático en extremo desde luego, porque se puede afirmar sin caer en juicio temerario que la figura del célebre (y controvertido) presbítero -ejemplar arquetípico del cura/político si los haya habido- condicionó innegablemente la visión que mi amigo tenía de la historia argentina y de la que él mismo me comunicó a mí en consecuencia. Mi amigo hispano/argentino respiraba igualmente una admiración sin límites hacia Alberto Ezcurra (padre Ezcurra más tarde) jefe mítico de Tacuara, joseantoniano (puro) y a la vez y discípulo del padre Meinvielle, su protector eclesiástico tras ordenarse sacerdote (...)
Profesor Disandro o la Otra Argentina que no alcancé a conocer (sólo ahora caigo en la cuenta) Le acusaron de ser mentor ideológico de la Triple A, nunca pudieron probarle nada
Y ahora, el recuerdo de la figura (eminentemente eclesiástica) del fundador de Tacuara habrá venido a mi mente de nuevo, gravitando de cerca sobre las reflexiones que me he permitido en este blog días pasados por cuenta del profesor Carlos Alberto Disandro, y era sin duda en la medida que ambos, el profesor sedevacantista y el presbítero nacionalista -como el ego y el alter/ego- figurarían uno (justo) frente a otro en la línea de ruptura que trajo consigo el conflicto Iglesia y Estado en la fase final del régimen justicialista (segunda presidencia de Perón), de resultas de la profunda y dolorosa crisis de conciencia que aquello crearía entre muchos católicos argentinos (católicos y al mismo tiempo peronistas) En claro y en crudo: Meinvielle cayó del lado de la obediencia (clericatura obliga, se diría), Disandro en cambio, del de la ruptura (por motivos de conciencia y de convicciones ideológicas) Del lado del peronismo vencido este último y aquél en cambio, del de una Revolución Libertadora -como la que rompió nota bene con España- liberal, radical/socialista y nacionalista y católica (y no sé cuantas otras cosas)

Y es significativo en extremo para mí al menos como detalle nada nimio, el que de todas las corrientes políticas o ideológicas que se veían representadas entre los seglares (y presbíteros) que frecuentaban la obra de Monseñor Lefebvre en Buenos Aires -en sus inicios al menos, cuando yo me encontraba allí presente- la del profesor Disandro brillara por su ausencia, a comenzar por él mismo al que no alcancé a conocer más que de oídas. Y en una ocasión visitando a una familia que arrastraba aquella etiqueta (de sedevacantista y de partidarios suyos) no pude menos de sentir un fuerte impacto psicológico y era de la impresión de aislamiento y del aferramiento incondicional hasta el patetismo -que me dieron- a las posturas ideológicas y a la persona del profesor sedevacantista. Y era en parte sin duda por la presión anímica, emocional sobre todo que debía exigirles la situación no poco trágica aquella de desgarramiento interno del movimiento justicialista que trajo consigo, de corolario fatal, la vuelta del General Perón a la Argentina (¿por culpa en parte suya?) y que se vería agravada durante la llamada guerra (sucia) anti-terrorista, declarada bajo la presidencia de Isabel Perón y acabada bajo la primera junta.


Un puro, semper idem, fiel a sí mismo y a la idea que se había forjado del general Perón, Carlos Alberto Disandro, el profesor sedevacantista (peronista y anti-monotonero y anti-marxista y anti-comunista) Así es como se parece a mis ojos -y a mi gran sorpresa- en visión retrospectiva a partir de ahora. Y a través de él habré acabado abriéndome un mirador o agujero visual desde donde revisar mi visión global de la historia contemporánea argentina -y también la de su independencia (que entiendo seguir enfocando bajo el prisma de una rebelión criollo/mestiza)-, y desde donde poder volver la vista hacia aquellos sectores sociales que me permanecieron inéditos -o vedados- durante mi estancia allí a finales de los setenta

jueves, septiembre 26, 2013

¿LOCOS POR SER (UN POCO) DE DERECHAS?

El nuncio Pio Laghi (tan controvertido) presidió casi todo el provincialato jesuíta del futuro papa Francisco en Argentina, bajo el general Perón (tercera presidencia), bajo su viuda Isabelita, y bajo las dos primeras juntas militares (generales Videla y Viola) Son los hechos. De los que soy testigo directo que residí en Buenos Aires (julio del 78, diciembre 79), bajo las juntas (las dos primeras) ¿No fue nunca de derechas el nuevo papa argentino? (...)
La frase tan polémica de la reciente entrevista no menos polémica del papa Francisco -"no fui nunca de derechas"- va a traer cola me estoy temiendo. De momento ha suscitado ya una seria controversia en la prensa española en forma de artículos o crónicas del género periodístico y de no menos substancia sapiencial o filosófica como la augusta/figura a la que van dedicados se merece sin duda alguna. "Nulla Ethica sine esthetica" Así glosa a modo de conclusión Fernando Sánchez Drago la diatriba que dedica al nuevo papa argentino en su colaboración de hoy del diario el Mundo.

Y en él como en muchos españoles de su generación -un poco mayor que la mía- la cita latina evoca fatalmente a un catedrático (de Estética) de la Universidad de Barcelona que la esgrimió en tiempos de fronda universitaria del tardofranquismo (años sesenta) , un rebrote posterior -de una década- al brote primigenio de protesta estudiantil de mediados de los cincuenta que acompañaría y serviría de detonante a la vez a la mayor crisis interna del régimen anterior, y que tuvo en el autor arriba citado uno de sus protagonistas destacados. Aunque a fin de cuentas parece que el catedrático tardo/franquista la citó solo que al revés '"nulla esthetica sine ethica") Esa máxima -en la forma que recoge Sánchez Drago incontestablemente mucho más bella (y no menos filosófica)- es no obstante muy anterior al antifranquismo de los sesenta (o de los cincuenta) aunque muchos hoy, en España sobre todo, parezcan olvidarlo.

Y es en la medida que se trata uno de los aforismos que ilustran uno los pasajes cumbre del idealismo alemán, y en particular de la obra de Federico Schiller -contemporáneo de Goethe y su alter/ego en tantos aspectos, que le dio la vuelta a una cita de los clásicos -"nulla ethica sine aesthetica" Y es que para el autor de "Gárgolis y Hábidis" todo lo que el nuevo papa tiene de obrero -y de paupérrimo o de amigo de los pobres- se le echa (clamorosamente) en falta en cambio en el plano de la estética o simplemente del decoro (y casi casi cabria añadir de la decencia) Se le puede pedir más acaso a un papa argentino, es lo que venía a preguntarse a las claras un autor de aquella nacionalidad -ítalo/argentino como el papa actual- saliéndole al quite en en su defensa frente las criticas que ya le empezaban a llover en ese flanco, no tan acerbas sin duda y aceradas -y agudas y certeras- del autor que ahora nos ocupa.
Ordenaciones sacerdotales del seminario de Ecône (Alpes suizos) "Nulla ethica sine aesthetica" Fernando Sánchez Dragó lleva razón. Y se puede decir o pensar del movimiento de Ecône -del que formé parte- lo que se quiera, no se me negará en cambio que supieron resucitar en todo su esplendor el viejo genio litúrgico del catolicismo romano (en versión francesa), inédito o (completamente) enterrado entre españoles el tiempo que permanecí en su órbita. El nuevo papa argentino (antiguo jesuita) parece desde luego a años luz de esas formas de sensiblidad litúrgica y religiosa
Y no es que pueda yo decir que heredase yo también de aquella concepción majestuosa y sacra y ceremoniosa de la iglesia de antes del concilio porque no soy tan viejo, pero sí es cierto en cambio que en mis años de Ecöne y en contacto con el integrismo francés donde aquellas ceremonias brillantes y fastuosas de tiempos idos y completamente inéditas para el joven español de educación católica que yo era se veían resucitadas como por arte de magia -desaparecidas prácticamente "urbi et orbe", en todos los demás países desde hacía un rato (incluída España)- tuve ocasión de apreciar -en su justa medida- de conocerlas y apreciarlas y saborearlas y de calibrar también su impacto emocional y psicológico sobre la masa de los fieles (o mejor dicho del pequeño resto sobreviviente)

Y el espectáculo de ramplonería -"cochambre" escribe Sanchez Dragó- con el que algunos ardientes defensores del nuevo papa parecen deleitarse de antiguo -de una liturgia de la simplicidad y en la desnudez (contradicción "in terminis")- queriendo hacer sin duda juego con el ambiente de sordidez y de miseria (moral y material) de las villas/miseria donde el nuevo papa -de su propio testimonio- vivió una gran parte de su vida y donde transcurrió la mayor parte de su carrera eclesiástica -como una especie de lugar/teológico (magno), entre paréntesis, de ese evangelio de los pobres que el nuevo papa tiene a cada minuto en la boca- está a años luz desde luego de aquellos esplendores sacrales (del padre eterno) a los que la Iglesia de antes del concilio tuvo acostumbrados -y con frecuencia asombrados y atónitos- a sus fieles en el mundo entero.

"Nuestros gustos buenos o malos son nuestros" En unos países mas refinados y depurados que en otros, es cierto: y en materia litúrgica en Francia más acendrados que en España desde luego. Y así se podría enfocar el tema. Como una cuestión de gustos. A unos le tira mas la simplicidad, la desnudez, a otros en cambio el boato y la ceremonia. Mucho me temo no obstante -digamos que estoy casi convencido de ello- que la cuestión que subyace en esa polémica no es ni mucho menos tan simple y de planteamiento tan somero. Como sea, otro de los flancos que se prestan a polémica de las recientes declaraciones del papa, habrá sabido ponerlo de relieve sacándole punta con brillo y con la maestría que se le reconoce Juan Manuel de Prada con un articulo que habrá armado gran revuelo que habrá titulado con ayuda de una cita cervantina, "donde hubo nidos antaño, no hay pájaros hogaño", que el bueno de Don Quijote recita en su lecho de muerte, de vuelta de su locura.
Cada época, cada civilización, cada cultura trató de darle su propia respuesta al desafío de la locura humana. Y dentro del catolicismo o de la civilización occidental las respuestas no fueron siempre las mismas. De "la razón de la sinrazón" hablaron nuestros humanistas del Siglo de Oro, por ejemplo Ambrosio de Morales (y no me desmentirá el muy cervantino Juan Manuel De Prada) (...) El concilio vaticano segundo en cambio no trató más que incidentalmente el tema (como un subproducto de la explotación o alienación capitalista) (...) ¿Podrá pues un papa seguidor y devoto incondicional de aquél abordar -en su sano juicio- ese desafío milenario sin estigmas y sin usarlo de arma arrojadiza (contra desvíos y disidencias)?
Con lo que el escritor salmantino y columnista de ABC -vasco de nacimiento como él me precisó la única vez (casi) que nos cruzamos y hablamos- plantea en unos términos tajantes y radicales -y justos a la vez y verídicos- el dilema (derechas y izquierdas) que las palabras del papa les plantean a muchos en conciencia. Y es que Juan Manuel de Prada va (y es su derecho) de escritor de derechas -católico y de derechas- desde hace ya un buen rato en el panorama de las letras y del periodismo en España. Y las palabras del papa -soltadas y difundidas así de sopetón en la gran prensa española y extranjera le dejan a él así de pronto, en cueros vivos (y que se me perdone la expresión por su crudeza) como si fuera un loco, o lo hubiera sido todo este tiempo hasta ahora.

Una iglesia que se abraza al mundo por boca del nuevo papa -yo diría que a la modernidad (democrática) como ya lo hizo con toda la solemnidad y una difusión mucho mayor en el concilio vaticano segundo-, no puede ser efectivamente de derechas: por propia definición casi, se diría, por el sentido etimológico de esos términos (izquierda y derechas) remontándose a la revolución francesa. ¿El mundo enemigo del alma? Sin duda que no, que hay que arrumbar al cuarto de los trastos viejos -o a las alcantarillas de la historia- esas viejas definiciones de catecismo, lo que sí se reviste de un carácter hostil irreductible en cambio lo es la modernidad democrática, enemiga mortal y rival directa de otra modernidad aristocrática o postdemocrática (que no posmoderna, no nos engañan) y de esa otra/memoria que la alimenta. La que nos mantiene en vida a algunos (y en nuestro sano juicio)

Y con esa puntualizaciones indispensables, se merece mi aprobación y mi aplauso incluso artículo de Juan Manuel de Prada. Porque tiene razón en lo que da entender sobre todo, aunque no lo diga a claras. Y es lo del obrero de la primera y de la hora nona, una crasa injusticia (bíblica) y una aberración como otras muchas que enumeraba Nietzsche en uno de sus escritos mas célebres (y transgresores) aunque esa se le olvidara. ¡Si al final ni siquiera sabemos -como leo (partiéndome de risa) en un comentario digital sobre esta polémica)- si al obrero de la primera hora le dejaron entrar siquiera en el banquete en honor del hijo prodigo (el de la hora nona)! (Estoy de broma)

miércoles, septiembre 25, 2013

REY JUAN CARLOS: LE PUSO FRANCO (y punto)

Franco nombró a Juan Carlos de Borbón su heredero a título de rey y lo refrendó por testamento y ese fue el titulo de legitimidad (histórica) fundamental de este último para una gran mayoría de españoles. El de la Monarquía del 18 de Julio
La movida del 25-S ("s" de septiembre) -de "Ocupa el Congreso"- fracasó, pero fue de un tris, por los pelos, algo que nadie o casi nadie se habrá encargado en resaltar en su justa medida por las razones que sea, sin duda porque no interesa, porque no es político el resaltarlo, y es porque si así se hiciera habría que empezar a tirar de la manta y a extraer consecuencias, y responsabilidades en los hilos de loa conspiracion porque no se le puede llamar a aquello de otra forma. Conspiracionista o conspiranoico, ya estoy aquí oyendo a algunos. Con los que estarían no obstante concediéndome ese fono o poso de razón que subyace por debajo de mitos iu obsesiones o paranoias.

Y me viene a la mente una figura de la que me ocupé en mi crónica anterior no poco descalificado en su propio país y que al mismo tiempo --como me ocupé de explicarlo y demostrarlo ayer- se reviste de una actualidad no poco enigmática en el plano religioso -o eclesiástico- aunque solo sea pese a tratarse de un seglar, en los tiempos que corren, y me refiero al profesor y escritor y polemista ítalo/argentino -paisano y compatriota por partida doble se diría del papa Francisco- Carlos Alberto Disandro sedevacantista y peronista "post mortem" (ante/el/altísimo) que hizo de la noción clásica (filosófica) de sinarquia el centro o eje de su reflexión en materia histórica y también en el plano politico.

La sinarquía era el centro de todo en las reflexiones del profesor Disandro, el centro del mundo, o del poder o del gobierno mundial en otros términos que para él se veía simbolizado y condensado en las Naciones Unidas, una teoría que se ve hoy no poco puesta en entredicho tras las últimas evoluciones de la crisis internacional desatada en torno a la guerra en Siria, la historia en cambio se diría que se pone de su parte ahora, y en particular la historia de su propio país en ese capitulo crucial que fue el del régimen peronista de su ascenso y de su caída, durante lo que se llamó el segundo gobierno de Perón (o la segunda presidencia) Y es que está claro en la perspectiva del tiempo transcurrió -y también a a luz de acontecimientos de la mayor trascendencia que habrán surcado la actualidad política internacional estos dos últimos años -y me refiero en particular a las primaveras árabes- que el régimen peronista fue víctima de una vasta conspiración de dentro y de fuera en la que -como no dejaría el profesor Disandro de señalarlo- jugó un papel decisivo la iglesia católica. ¿La historia se repite, conforme a la idea del eterno retorno de los antiguos?
Franco gozó entre españoles de la "devotio ibérica" que otorgaban a sus caudillos los primitivos habitantes de la Península, y esa fue la clave sin duda de la supervivencia de su régimen en la posguerra europea y de que en la transición no se consumase la ruptura/democrática que hubiera acarreado fatalmente el derrocamiento de su sucesor, y una victoria (completa) tres décadas después de los vencidos de la guerra
Estuvo a punto de repetirse en España en estos dos años y medio transcurridos, eso es cierto, y algunos a lo que se ve se empecinan en que vuelva a repetirse este año todavía tan solo cuando coincidiendo (casi) con el primer aniversario del fiasco de la operación toma del congreso" se ve convocada otra "movida" -"Jaque al rey"- de corte insurreccional igual que aquella con llamamientos a una acampada sine die delante del palacio real, como la que dio inicio (y fuelle) al movimiento del 15-M. Ocurre que los tiempo y los vientos cambiaron o digamos que acaban de hacerlo, y si hubieran convocado su festejo (subversivo e insurreccional) tan sólo un par de meses antes, o justo antes del verano y hubieran beneficiado con toda seguridad de una cobertura internacional favorable.

A cambio de ello, se sucedió entre tanto la crisis de las armas químicas de finales del pasado mes de agosto y la crisis internacional consiguiente del más alto nivel que ha estado a punto de conducir a una nueva guerra mundial, pasó no obstante el peligro que de forma tan grave e inminente habrán acechado a la paz del mundo y ya nada será como antes en el plano internacional me refiero. Inicios de una nueva era multipolar, le llaman algunos a lo que estamos viviendo. Una época radicalmente distinta o una nueva/era, uno de cuyos signos (magnos) anunciadores lo es el eclipse (apoteósico) de una estrella (planetaria) y de la aureola mesiánica que la rodeaba, y me refiero al mesías negro Barack Obama, padre putativo -aquí todos o casi todos me habrán leído (en mi difunto blog) explicándolo- de la spanish revolution que fue la etiqueta publicitaria que le puso la prensa USA (y anglosajona) a la conspiración subversiva del 15-M. Cuyas aguas bautismales por llamarlo así fueron bendecidas durante el "desayuno de oración" que celebraron juntos el jefe de gobierno español y el presidente USA en la Casa Blanca un año antes día por día casi de la incubación y la eclosión del movimiento de los indignados.

Con ello, con "su" spanish revolution, el mesías negro pretendía ofrecernos a los españoles el regalo (bíblico) de la democracia -de la democracia/real que lo ue tenemos a sus ojos como a los de sus meulos indgnados españoles no tiene de aquella más que el nombre-, a los andalusíes que me diga, que a tenor de un discurso memorable (e inaudito) de los primeros tiempos de su primera presidencia demostró fehacientemente que entre la España histórica (y de hoy) y el Andalus con el que soñaban y siguen soñando sus amigos y aliados del mundo árabe -islamistas/moderados, muy islamistas y poco moderados (del Qatar, de los Emiratos, de la Arabia saudita) por lo menos en relación con España y con nuestro pasado- la cosa no estaba en su mente nada clara, y pase que los presidentes USA sepan poco de geografía y casi tan poco de historia porque siempre tienen asesores de los que echar mano de prisa -como ocurría con Georges W. Bush o con Roald Reagan (y sus lagunas y gazapos clamorosos)-, en el caso del mesías negro en cambio el problema, o el lapso aquel era mucho menos trivial y mucho más grave y sintomático en la medida que su sueño de expansión mundial de la democracia -en su versión islámica moderada (y todos los signos e indicios de su presidencia a ello apuntan)- pasaba (¡ay dolor!) por la península, de cabeza de puente en Europa (en la Vieja/Europa de la que la democracia americana desconfía por así decir desde sus prístinos orígenes)

Le tembló el dedo al ir a disparar el gatillo -de los drones y misiles- contra su enemigo personal Bachar-el-Assad ese fin de semana fatídico -de todas las amenazas y peligros- de finales de agosto pasado, sellando así la mayor derrota diplomática de los Estados Unidos en toda la historia de la posguerra, y abriendo paso al tiempo a la decadencia (irreversible) de la mayor potencia del planeta. Magnificat anima mea domine! (en versión pagana o secularizada, no se me malinterpete)
Sigfredo Hillers jefe del FES cuando yo milité en él nos inculcaba odio -o reprobacion por motivos ideológicos al menos- a la figura de Franco. Y en diciembre del 76, meses antes de su autodisolución, el FES (bajo su jefatura) propugnó la abstencion en el referéndum sobre la Ley de Reforma Política, "alineándose con la izquierda -según uno de sus antiguos militantes- frente a la negativa de los inmovilistas y a la afirmativa de los reformistas" Pese a ello, Sigfredo se destaparía mas tarde con su teoría de la "voladura controlada" acusando de "traidores" -o impostores y prevaricadores "en fraude a la ley"- a "los tres mosqueteros de la Zarzuela" (el Rey, Torcuato y Adolfo Suárez. ¿"Traidor" el rey a quién? ¿A Franco (según Sigfredo un "traidor")? ¿Quien "traiciona" a un "traidor" no tendría acaso cien años de perdón?" (...)
Fuera o dentro del quirófano pues, el monarca reinante no tiene muchos motivos -a fe mía- de inquietarse de la movida que (algunos) le preparan ahora, bajo el signo inequívoco (nota bene) de la rehabilitación de la ETA y de sus "mártires" por cuenta del anti-franquismo militante y de una memoria histórica de los vencidos que los indignados del 15-M sacan o esconden sigilosos en función de las circunstancias y de la coyuntura. Y en cierto modo no se equivocan, y se puede decir que tienen razón en nombre de la historia -como decía de los integristas un profesor librepensador belga ("tienen razón en el plano de la historia, pero no en el de los derechos del hombre y de la democracia")- a expensa de la democracia.

Porque es cierto que al rey le nombró Franco -y lo confirmo y refrendo en su testamento- y por eso precisamente suspendemos algunos -o digamos que acabamos llegando a esa conclusión al cabo de los años- nuestros juicios sobre su figura y su reinado viéndole puesto en jaque (y en la picota de los medios) Y que se piense de mí (una vez más) lo que se quiera (...)

martes, septiembre 24, 2013

¿PERONISTA EL NUEVO PAPA ARGENTINO?

En la foto, junto al general Perón en su residencia madrileña de Puerta de Hierro (1964), Carlos Alberto Disandro, intelectual atípico argentino (o ítalo/argentino) de abiertas posturas sedevacantistas en los años que siguieron al concilio vaticano segundo. Su sombra gravita -de cerca o de lejos- sobre la trayectoria del papa Francisco
Sedevacantismo, una etiqueta o apelativo que lleva circulando en el mundo de los medios desde hace décadas, ante la curiosidad de unos pocos y la indiferencia de los mas y la curiosidad de unos pocos. Sedevacantista me llamaron a mí en los medios cuando me detuvieron en Fátima.

Sedevacantismo viene (lógico) de "sede vacante", una formula teológica (tradicional) que alude al vacío de poder en la sede apostólica (catolico/romana) o, en otros términos, a la situacion en la que se veía periódicamente sumida la cristiandad (antigua) ante la ausencia de ocupante (legitimo) del solio pontificio. Sedevacantista lo era yo sin duda cuando me detuvieron en Fátima -como me lo llamaron en los medios- en la medida que por mi gesto demostré fehacientemente no reconocer autoridad ninguna a la figura del pontífice de entonces, Juan Pablo II, pero en un sentido analógico mas radical lo vine a ser justo después, de la auténtica "implosión" que se produjo en mi mente de toda la construcción teológica fruto de la formación que había sido la mía hasta entonces y en particular -a partir del momento que abracé el estado eclesiástico- en los últimos años antes de mi gesto de Fátima, que se había ido forjando en mí y vino a estallar en mil pedazos o hacerse añicos en mi cerebro (sin romperlo ni dañarlo) justo en los instantes que siguieron a aquello, a partir del momento que me vi preso, habiendo consumado lo que era para mí (y lo sigue siendo) un sacrificio o un gesto de sacrificio.

Por donde yo venia a asumir en mi interior -y también por vía de consecuencia en mi trayectoria posterior-, que el vacío aquel que evocaba la fórmula de sede vacante venía de mucho antes (...) Y que quisiera o no debía apechar con aquello o en otros términos a aprender a vivir o a acatar de una forma u otra -sin verme o sentirme obligado no obstante a cumplir con algo que se mereciese mi reprobación dela forma que fuera- aquella situación nueva para mí, si de veras queriendo seguir viviendo en el mundo de los mortales sin renunciar no obstante ni un ápice a una forma propia de pensar y de vivir, a seguir siendo yo mi mismo en suma (semper idem) Y tal vez por eso me limité desde entonces a ver pasar y revolotear de cuando a cuando esa fórmula revestida de una actualidad cualquiera -nunca excesivamente candente (y acantonada por regla general al ámbito estricto eclesiástico)- sin prestarle nunca atención en demasía ni tomármela demasiado en serio como fuera. Como me ocurrió mutatis mutandis a partir de entonces con todo lo relacionado con la realidad eclesiástica o religiosa, como si a partir de allí mi mirada fuera la de alguien de fuera y en cierto modo así lo era, sin dejar de considerarme a la vez "dentro" o en la frontera (o el "umbral") entre lo de dentro y lo de fuera (...)
Portada de la "Hostería Volante" (del título de una novela de Chesterton), la revista del profesor Disandro. Venía a plasmar ya -años antes del concilio vaticano segundo- la crisis de conciencia y la ruptura consiguiente con la institución eclesiástica de católicos argentinos de convicciones peronistas ante el conflicto Iglesia -Estado que provocó la caída del General Perón (segunda presidencia) Fundada en 1959, fue el primer caso de sedevacantismo en la historia del catolicismo en el siglo XX
Lo que me evitó partir de entonces el llevarme berrinches o disgustos o sofocos como me había ocurrido -antes de mi gesto de Fátima- en una primera etapa de mi vida. O si no me los evitó del todo, es cierto no obstante que a partir de entonces se fueron en mi paulatinamente enfriando los ánimos sobre aquellos temas, y lo que desde luego sí puedo decir es que la muerte del pontífice polaco, Juan Pablo II -que en/paz/descanse- me trajo grande paz y sosiego y alejó de mí definitivamente tempestades de apasionamiento cualesquiera por culpa de la religión o de las polémicas en materia religiosa. Descanse (en paz) el papa polaco, que otros descansamos no poco también -y se no me tome a provocación- tras su muerte. Y con ese misma ausencia de apasionamiento contemplo ahora al nuevo pontífice (argentino) a la hora de enjuiciar sobre todo sus gestos y palabras, hasta las mas desconcertantes o polémicas. Y ya digo que un poco desde fuera (...)

Como esa frase suya por ejemplo que se ha merecido la primera plano de los medios y que debe haber incendiado o encendido también no poco las redes sociales de que él "no fue nunca de derechas" tras la cual han querido ver algunos una alusión autobiográfica, personal del pontífice a su propia trayectoria como a sus raíces y ascendencia familiar, y en concreto a su medio social y familiar de origen marcado (al rojo) por el fenómeno del peronismo, típicamente argentino. Pancho, el papa peronista, así es como le llaman (en tono familiar) algunos del otro lado del charco. ¿Un papa peronista ni de izquierdas ni de derechas, este pontifice un tanto atípico, argentino o ítalo/argentino? Lo que no seria para muchos en el mundo de hoy más que una forma púdica o un eufemismo piadoso de evitar el tener que (auto) definirse de derechas, que es lo que el actual pontífice parece querer evitar a todo precio, por las razones o motivos que sean. Tal vez -como dirían las malas lenguas- porque en Argentina -y en general en todos los países de la América (que dicen) luso/hispana, la derecha sigue siendo electoralmente minoritaria (...)
El profesor Disandro se situó en el cuadrante del peronismo de derechas (anti-marxista) tras la muerte del general Perón lo que le valió un atentado del grupo Montoneros, del que salió ileso en las prostrimerías de la presidencia de Isabelita Perón. Bajo la presidencia de la también peronista Cristina Kirchner, a los amigos y partidarios de Disandro les han seguido buscando trapos sucios -de los años de la lucha anti-terrorista y de las juntas militares-, pero con unas credenciales como las que le otorga la foto de más arriba parece difícil que puedan alcanzarle -y enterrarle- "post mortem"
Y del sedevacantismo al peronismo sedevacantista (y tiro porque me toca, como en la retahíla aquella de nuestros juegos infantiles) Porque divagando y elucubrando por cuenta de esa afirmación (no poco controvertida) del nuevo papa argentino me viene a la mente un rostro que no conocí mas que por testimonios gráficos y por su nombres y apellidos, el tiempo que permanecí (hace ya tanto) por tierras del Río de la Plata, y me estoy refiriendo a Carlos Alberto Disandro, un intelectual -un tanto atípico- argentino, exponente de un sedevacantismo sui géneris ligado indisolublemente a la historia argentina en el siglo XX y en particular a un episodio que marco la fase final de la segunda presidencia de Perón y selló el destino de su régimen y me refiero a su enfrentamiento con la iglesia católica.

Porque la postura sedevacantista de aquél cristalizó sin duda más tarde, en el concilio vaticano, pero entró sin duda ya en fase de incubación entonces, cuando se produjo en algunos católicos argetinos -muchos, pocos- partidarios del régimen un serio conflicto de conciencia y una crisis innegable en sus convicciones religiosas. Y esa frase del nuevo pontífice tan chocante y altisonante para algunos encuentra a mi juicio interpretación cabal en sus raíces sociológicas y familiares -nacido y crecido en un medio de emigrantes italianos en la Argentina- y en la historia de aquel país hispánico -o ex-hispano (tras la independencia)- y en uno de sus capítulos o episodios mas atípicos también sin duda alguna. Un peronista ni de izquierdas ni de derechas ¿Lo que quiso decir con su frase ambigua el nuevo papa argentino?

lunes, septiembre 23, 2013

MIGUEL AYUSO, TENIENTE CORONEL JURÍDICO Y CARLISTA DE NACIMIENTO (una promoción sorpresa)

El príncipe Sixto de Borbón Parma me recibió en su domicilio en París, cercano a la explanada de los Inválidos, en los meses que precedieron a mi gesto de Fátima. A tenor de sus propias palabras, se sentía (pese a todo) dentro del círculo de "amigos" del rey Juan Carlos
Conocí a don Sixto de Borbón Parma en el tiempo de mi tránsito por la FSSPX de Monseñor Lefebvre, no mucho ante de mi gesto de Fátima ni un año antes yo diría tan siquiera -como me lo confirma el dato que me viene de inmediato a la mente de que coincidió aquel encuentro con el proceso de los implicados en el 23-F en curso precisamente entonces-, y fue en su domicilio en París en un barrio céntrico -y elegante- desde donde se podía divisar la explanada de los Inválidos, un detalle en cambio que recuerdo perfectamente.

Me recibió amable, sin duda en consideración al obispo francés tradicionalista bajo cuyos auspicios me encontraba yo entonces y a la sotana (rigurosa) que yo entonces vestía pero hablamos -de lo que recuerdo- de política sobre todo, del proceso del 23-F, un tema en el que se le notaba prudente y cauteloso y a la expectativa, y de sus amistades y contactos del nacionalismo argentino que yo había frecuentado durante mi estancia allí -un poco en régimen de cohabitación forzosa por llamarlo así- y debo decir que la conversación seguía su curso su cordialidad iba en aumento señal de que descubría puntos comunes y afinidades con su interlocutor lo que sin duda era recíproco (de lo que recuerdo)
En mayo del 75 Jordi Pujol que acababa de comprar aquel grupo editorial puso a José Carlos Clemente de director del semanario "Destino" (fundado durante la guerra y animado y dirigido en la posguerra por los amigos de Ridruejo) Era un carlista catalanista -y pro/etarra y marxistoide- de la rama de Carlos Hugo, y Miguel Ayuso en cambio de la del hermano de aquél, Sixto, pero como ocurre con falangistas auténticos y franco/falangistas las lindes entre unos y otros no están muy claras siempre. De noche, todos los gatos son pardos (o grises)
Recuerdo nítidamente que se pronunció delante mía en términos críticos, de descalificación incluso, sobre la figura de Manuel Fraga y sólo tras un pequeño esfuerzo de recordación caigo en la cuenta que en sus palabras gravitaban de cerca los sucesos de Montejurra acaecidos unos años antes, siendo el futuro presidente y fundador de la AP -y más tarde del PP- ministro del Interior, que a raíz de aquellos sucesos expulsó terminantemente de España al pretendiente legitimista. Recuerdo algo no obstante que me sorprendió de la conversación que con él mantuve y fue lo graciable de su actitud hacia el monarca reinante el rey Juan Carlos como se dejaba traslucir de la palabras que le dedicó delante mía, algo que habida cuenta del contencioso dinástico tan acervo que su rama dinástica encarnaba (entonces como ahora) en nombre de la legitimidad hereditaria no me esperaba de él lo confieso.

Así refiriéndose al monarca y como absolviéndole en una sentencia imaginaria de criticas y reproches sin tasa en contra suya, entonces a la orden del día, me dijo "es fiel a sus amigos", entre los cuales él debía contarse a todas luces, y debe seguir contándose sin duda alguna. Y el detalle todo menos trivial me viene ahora a la mente ante la noticia que trae hoy en su primera pagina el diario el País de propuesta de promoción por Defensa al grado de coronel -del cuerpo jurídico del ejército del Aire- de Miguel Ayuso, una figura emblemática del carlismo en la corriente afecta al príncipe Sixto.
Juan Vallet de Goytisolo, uno de los padrinos (y maestros) de Miguel Ayuso. Era un catalanista/moderado -dentro de un orden (que era el de franquismo aun vigente cuando yo le conocí)-, y también un papólatra fanático, lo que no era en cambio Eugenio Vegas Latapié, su compañero y amigo. ¿Lo daba eso en él ser catalán acaso? Siempre me lo pregunté. Como sea, prestó sin la menor duda la coartada inmejorable de su prestigio y de su autoridad intelectual y política y social inconmensurables (y desproporcionados) a la política de "normalización" lingüística de la Generalitat de Cataluña
Miguel Ayuso tampoco me es desconocido: les conoces a todos, me dirá aquí alguno, y a fe mía que los nombres que salen a relucir cada dos por tres en estas crónicas de mi trayectoria en todos aquellos años dan testimonio fehaciente de una etapa de mi vida, anterior a mi gesto de Fátima que se vería sepultada o enterrada en la memoria de algunos -muchos, poco- por culpa de aquello, y de su explotación en los medios desde entonces. Es unos años más joven que yo y en la década de los setenta coincidimos durante el verano en Siguenza lugar de vacaciones muchos años de mi familia, como lo era también de la suya (no sé si lo seguirá siendo) Y el verano del 86 recién salido yo unos meses antes apenas de la cárcel portuguesa fui a refugiarme allí por unas semanas (que no fue otra cosa) y creo recordar que me le crucé alguna vez aunque ya por entonces sin dirigirnos la palabra, algo que en visión retrospectiva (de hoy) hubiera sido propiamente impensable desde luego.

Miguel Ayuso va de carlista o si se prefiere de profesor/carlista, tradicionalista, o católico tradicionalista por la vida -como otros van de profesores nacional/sindicalistas o de devotos joseantonianos- y a fe mía que le habrá ido bien, cosechando uno tras otro, en España y fuera de ella (ma non troppo), títulos y distinciones honoríficas, y celebridad y difusión en ciertos ambientes mas o menos restringidos, y perfectamente circunscritos -con todos los plácemes y parabienes y nihil obstat eclesiásticos y pontificios posibles e imaginables, no se olvide- dentro de unas etiquetas que son las suyas y que lleva a cuestas -no sin soltura o donaire (se me replicará)- desde que yo le conocí de muy joven, y sin duda que era y es su perfecto derecho. No me consta no obstante que provenga de un linaje familiar castrense, que podía dar una clave de explicación de la noticia que ha saltado al primer pano de los medios. Lo que abre la puerta a otra explicación que se me antoja mucho más plausible.

Y es propiamente la significación y adscripción ideológica que se le presta o atribuye y que permite catalogarle dentro del rango de los cortesanos más o menos críticos pero no menos cortesanos, de una corte -me refiero a la Zarzuela- a la que sin duda tiene acceso -mas fácil y asequiblemente que otros al menos- de la mano de su patrón o padrino político y dinástico, el príncipe Sixto.  

¿Sólo eso? La duda se admite si se pasa en revista la lista (propiament innúmera o interminable) de padrinos que habrán gravitado en la carrera super/brillante de Miguel Ayuso, entre ellos Juan Vallet de Goytisolo, -otro viejo conocido del que esto escribe- fallecido el pasado año, tras haber sido nombrado unos años antes miembro de número de la academia de Jurisprudencia y legislación (un respeto) de Cataluña y correspondiente hasta el final de sus días del Institut d'Estudis Catalans (sucedáneo en pobre y rudimentario de una academia de la lengua) prestando así una caución inigualable en el plano institucional nota bene a la política de normalización lingüistica -a expensas del castellano y en favor del catalán- puesta en marcha en aquella región española desde hace décadas, y causa primera y principal de todos los males que amenazan la unidad nacional y la concordia entre españoles -y la paz social y el orden público y tantas y tantas otras cosas- en Cataluña, presa de un fenómeno de claro cariz secesionista y secesionígena las horas que corren.
"España Vaticano" (1932), el libro prohibido de Rafael Sánchez Mazas. Se le obligó a deshacerse de él por mandamiento eclesiástico. En él denunciaba el papel funesto, crucial y determinante de la Curia vaticana -ya desde los tiempos del cardenal Merry del Val- y de la jerarquía eclesiástica española y catalana -eran los tiempos del Cardenal Vidal y Barraquer (cuando la obra se vio escrita y publicada)- en la catalanización anti-española forzosa de los espíritus en Cataluña. La historia se repite
Catalanista moderado (dentro de un orden, el del régimen franquista en vigor entonces) -y papólatra (por descontado) ante/el/altísmo, de Juan Pablo II y antes de él, de Pablo VI- esa es la imagen nítida entre otras que me quedó de Juan Vallet de los años -de justo antes de irme a Ecône- que frecuenté la editorial Speyro en la órbita de la Ciudad Católica una y otra bajo los directos auspicios de aquél entonces, en la medida que el fundador de ambas Eugenio Vegas Latapié se veía ya reducido -por su delicado de estado de salud y su avanzada edad- a una figura decorativa en los ambientes aquellos.

"¿Por qué no aprendes catalán?", recuerdo -no poco sintomáticamente- que (don) Juan Vallet en una ocasión me dijo. ¿Un aprobado (por lo pelos aunque solo sea) de Miguel Ayuso en un hipotético examen de catalán hablado y escrito, lo que explicaría que le haya tocado -o esté a punto de tocarle ahora- el gordo o el reintegro (con esa promoción), si se piensa en tantos otros dentro del estamento castrense que se vieron sistemáticamente postergados todos estos años por sus opiniones políticamente incorrectas o sospechas de ello apenas?

Más en claro y crudo: ¿una clave de política religiosa inseparable del análisis y diagnóstico del problema catalán -como ya lo vio Rafael Sánchez Mazas- en la promoción sorpresa de un teniente coronel carlista (de nacimiento) que se pronuncia contra la Constitución y conta la persona incluso del actual monarca sin tapujos ni complejos? ¡Vivir para ver fantasmas míos!

sábado, septiembre 21, 2013

PACO LOBATÓN ¡LA PALIZA QUE LE DIERON!

Paco Lobatón en una foto de la época (más o menos) de cuando yo salí de la cárcel portuguesa, en noviembre del 85. Cuando se refirió a mí en el diario hablado. Nunca me olvidé de la aversión y hostilidad que se podían leer en su rostro
Paco Lobatón es de mi generación de la Universitaria madrileña, un poco más joven que yo según tengo entendido. Lo conocí a través de la pequeña pantalla tras mi salida -en libertad- de Portugal en noviembre del 85 y retuve su rostro y su nombre sin duda hasta hoy, no porque me lo volviera a cruzar mucho su rostro (y su voz) en los medios -desde luego no le busqué mi palabra- pero fue sin duda por la expresión del semblante y la dureza del tono (propiamente inolvidables) de las palabras que me dirigió -comentando (creo recordar) la noticia de mi salida de Portugal- en alguno de aquellos informativos de los que él era la estrella en los años que siguieron inmediatamente al 23-F lo que seguiría siendo el caso (me figuro) en los largos años de la era felipista. Como si se tratase, yo para él, de un viejo conocido.

Yo era no obstante estudiante de Económicas, él de Políticas por aquellos años y sin duda nuestras trayectorias se cruzaron sin encontrarse entonces -eso creo al menos de lo que recuerdo- en la medida que por lo que deduzco él debió entrar en la Universidad el año que se consumó la separación de esas dos carreras yendo a parar Económicas al campus de Somosaguas y Políticas a un edificio de trazado y arquitectura inenarrables cerca del viejo edificio de Políticas y Económicas (Galerías Castañeda) -a la misma altura uno que el otro-, justo del otro lado (y en el borde mismo) de la carretera de la Coruña. Políticas de la Complutense en sus inicios -de la impresión y de las escenas (propiamente) impresionantes y surrealistas que se me quedaron bien fijas en la retina las raras veces que puse el pie allí entonces- era propiamente una trinchera -o una casamata o un parapeto (arquitectónicamente es lo que era desde luego) más que un centro de estudio, junto al campo de batalla, y este individuo que se haría después tan famoso era por lo que leo ahora uno de los principales cabecillas en aquel hormiguero en efervescencia, un pandemónium mas que otra cosa, palabra.
Recital de Raimon en Económicas de la Complutense el sábado 18 de mayo del 68. Esa fue la Complutense que yo viví -y sufrí- y de la que me "enroqué" (después de haber estado allí a punto de morir) (...)
Y ahora levanta la voz evocando aquellos años tan funestos y a la vez tan decisivos para denunciar y recordar la paliza (sic) que le dió (dice) uno de los policías que se ven mencionados en el auto de la jueza argentina (peronista) de la que me ocupé en anterior crónica días pasados, alguien que sigue poblando de fantasmas por lo que se ve toda una generación -de una parte importante de ella al menos- que fue la de Paco Lobatón y también la mía (¡ay dolor!) y que a fuer de querer pintar con las más negras tintas no consiguen mas que inocular el veneno de la duda en la opinión por cuenta suya a comenzar por la de sus coetáneos. Héroe o villano, el célebre policía del franquismo que arrastra además de una leyenda, otro nombre de leyenda, del de Billy el Niño.

A Paco Lobatón -militante entonces del PC y en cuanto tal cabecilla del movimiento estudiantil (de izquierdas) de entonces- el célebre policía franquista le molió a palos, dice, en la parte trasera del coche en el que se vio detenido. Al que esto escribe, los compañeros de aventura de aquél, víctimas de sus misma fiebres y rabietas -el mismo año que aquél entró en la universidad o el anterior- no le dejaron por muerto del linchamiento al que me sometieron -defendiendo nota bene la memoria de José Antonio (...)- sólo porque una de las cristaleras de la entrada al vestíbulo central del edificio de Galerías Castañeda aguantó milagrosamente la embestida de aquel tropel de energúmenos. Gajes del oficio, de las propias convicciones ideológicas que no eran menos sinceras y consecuentes que en ellos en el que esto escribe.

Y no lo habría recordado ahora aquí si no fuera porque su caso me parece emblemático de esa situación de dominio casi absoluto, a todas las instancias y niveles de poder cultural ya desde los tiempos del tardofranquismo y que se vería ilustrada en particular por la toma de asalto generalizado en los medios tras producirse el 23-F y que tuvo protagonista aquella generación si no culpable sí manipulada como nunca antes lo estuvo ninguna otra en toda la Historia de España (ni siquiera los indignados del 15-M, sus vástagos o descendientes en muchos aspectos)
Una rebelión de niños/bien, socialmente (y personalmente) brillantes amén de rojos. Sus enemigos (hasta la obsesión) los fachas, además de fachas eran pardillos o pardales (como diría Umbral), y horteras
Hay un aspecto no obstante de aquel fenómeno de manipulación generacional (por llamarlo así) que se ve fatalmente recordado ahora y puesto de manifiesto en las declaraciones a los medios, haciendo dúo con Paco Lobatón, de otra de las pretendidas víctimas, compañera de aquél en la facultad de Políticas y de militancia comunista también, por cuenta de aquel policía franquista tan denostado (y difamado)y es por el calificativo de "hortera" que utiliza describiéndole, por la connotación clasista -de clase social- del mismo (siempre en la boca de los niños/bien de Serrano y otros barrios/bien hace tan sólo dos o tres décadas), que denota a la perfección ese aspecto inauténtico que habrá sido denunciado en más de una ocasión pero no con la cuidad y el mordiente (en la pluma) que se merece.

Y era el de una rebelión de niños/bien, ya digo -y en el caso de andaluces como lo eran esos dos, más flagrante y escandaloso todavía- que les caracterizó de unos trazos inconfundibles y atípicos y sin parangón alguno en las demás versiones del movimiento de rebeldía estudiantil que se dieron por aquellos años en la mayor parte de los países occidentales. A esos dos "rogelios" del tardofranquismo, el policía franquista les parecía (además de un chulo) un "hortera", y con ello sin quererlo, vienen a reconocer el aspecto clasista de lucha de clases al revés- de niños/bien de izquierdas contra defensores del orden (y del régimen) de extracción más (o mucho mas) modesta que la de ellos y de mucho menos brillo también, desde luego.

Y no fue un detalle trivial si aquel aspecto (escandaloso) que no me privé de denunciar en las veces que alcancé a conseguír un mínimo de difusión en los medios españoles tras mi gesto de Fátima y en el momento de mi liberación lo mismo que en los años que me vi allí detenido, fue tal vez lo que encontró más eco en los medios y en la opinión, como así me lo hizo pensar algún comentario (no exento de crítica) de mi difunto padre que no me aprobó mi gesto en su momento (aquí todos lo saben), asiduo lector de periódicos y fiel observador a la vez de la actualidad de su tiempo. Y es que todos aquellos "rogelios" niños/bien gozaban -y siguen gozando- de más brillo social y personal incluso que yo. Y no era (y no es) justo ¿Por qué? (...) ¡La paliza que le dieron! ¡Válgame un santo de palo, Paco Lobatón!

ADDENDA Una anécdota elocuente para terminar. Un día (aciago) de aquellos de a finales de mi paso por la Universitaria, de principios de los setenta, un día de "jornada de lucha", de aquellas que se prodigaron tanto aquellos años, la tensión comestible en el aire que se respiraba dentro y fuera del campus, helicópteros sobrevolando, sirenas de la policía municipal a todo meter o de los vehículos de los grises (etcétera, etcétera), no sé por qué razón me encontré yo sólo -un tanto perdido o desbordado en todo aquel maremagnum- haciendo auto stop en la carretera de la Coruña justo a la altura de la nueva Facultad de Políticas y me paró un coche que iba lleno de estudiantes salvo el conductor que a mi gran sorpresa vino a ser un profesor de Políticas (y también de Económicas) -ya no recuerdo el nombre (ayudante o adjunto del profesor Beltrán de Heredia)- que me había dado clase de Derecho Civil en primero de Económicas. Iban comentando los azares e incidentes de aquella jornada 'caliente' y al cabo de unos instantes, el profesor (que sin duda no me reconoció, habían pasado ya tres años más o menos)- mirándome fijo a través del retrovisor y de aire desconfiado, me espetó, "¿usted no serás uno de esos sociales que andan merodeando por el campus?, y ante mi sorpresa (no sé que explicación, no poco azorado, debí darle), añadió en tono de advertencia, "porque por si no lo sabe, todos estamos ya unidos contra los sociales en esta Ciudad Universitaria, profesores y estudiantes (o algo así)" Quien te vio y quien te ve, me dije para mis adentros, yo que le había conocido no mucho antes muy distinto en palabras, modos y maneras, de brillante profesor de la Universidad franquista (que es lo que era), a como se mostraba allí entonces. Y salí raudo del coche tras pedirle que me dejase bajarme en el cruce más próximo (me figuro) con la idea que algo había visto aquel individuo en mí aspecto en mi semblante, donde fuera, que me distinguía y me separaba y distanciaba -y esgtigamitazaba- en lo sucesivo de la masa de estudiantes, o así a él se le parecía al menos y retuve el detalle anecdótico en mis recuerdos hasta hoy sin duda por lo sintomático de aquel proceso (no poco dramático) de enroque psicológico y en todos los aspectos que empezaba ya entonces a darse en mí y que acabó llevándome en una trayectoria de ruptura bastante radical (es cierto) al seminario de Ecône apenas uno o dos años mas tarde. Y también de la mirada que en los sucesivo me reservaban algunos en la Universitaria de entonces (alumnos o profesores) como si no fuera uno más igual que los otros, y como si me endosasen gratuitamente o me colgasen a mí también ese imagen (afrentosa) -de pardillo y de hortera- que le devolvían sociales y fachas (a sus ojos) y confieso que sin ser uno de aquellos -sin haber colaborado ni tanto así entonces con los servicios de represión o las fuerzas del orden- lo asumí hasta hoy como un motivo de honra (...) Y me sentí a partir de entonces solidario en mi fuero interno de una manera u otra con aquellos sufridos y denostados servidores del orden que algunos ponen ahora (otra vez) injustamente en la picota. Ya se cobraron bien en cuarenta años esas presuntas víctimas de todo lo que sufrieron o dicen que sufrieron de aquellos entonces. En discriminaciones injustas aunque sólo fuera, y en estigmas infamantes ¿No les parece?

viernes, septiembre 20, 2013

NO A ESPERANZA AGUIRRE

Jaime Gil de Biedma, primo o tío de Esperanza Aguirre fue uno de los iconos de una casta (dorada) de hijos de vencedores (castellano/parlantes) de la guerra civil en Cataluña, amigos y protegidos de Riddruejo (como los Goytisolo, Carlos Barral, Juan Benet...) que prepararon -por sus dimisiones (y complejos)- el terreno a ese liderazgo del catalán que Esperanza Aguirre hace ahora suyo -¿en nombre de qué o de quién- sin ruborizarse en modo alguno
No. Un no de lo más neto y más claro -con todos los respetos por supuesto- al discurso de ayer sobre Cataluña de Esperanza Aguirre, que estaba sin duda plagado de aciertos y de grandes verdades, lo que hace mas trágico o más trágicamente errado lo más sustancial del remedio que propugnaba al final de su intervención, tras el diagnóstico. Esperanza Aguirre -lo recuerda maliciosamente la prensa de hoy- habló ayer (en un acto organizado por el Círculo Ecuestre) delante de un sector bien circunscrito de la sociedad catalana, una Barcelona de la alta sociedad y de "por encima de la Diagonal" -por donde entraron (nota bene) las tropas de Franco en Barcelona- y según todos los testimonios salio "a hombros" tras verse aplaudida a rabiar.

¿Catalanistas (de estirpe) los que la escuchaban? Está claro que no, más bien una franja (de alta sociedad) de la población catalana y de Barcelona -según todos los visos- de extracción española o españolista, y que de una manera u otra hoy como ayer hacen no obstante el juego al chantaje catalanista y secesionista de los separatistas en Cataluña. Esperanza Aguirre hizo alusión durante su intervención a sus raíces familiares a través sobre todo de un dato todo menos trivial o anodino.
José María Aznar tuvo de vecino -en el mismo edificio (de la madrileña calle de Ibiza)- a Dionisio Ridruejo de niño y de adolescente. Y se puede afirmar en todo rigor que el célebre falangista disidente fue inspirador supremo de su abordaje (polémico lo menos que se puede decir, y controvertido, y de consecuencias funestas) del problema catalán y de Cataluña, como algunos no dejarían de experimentarlo en propia carne, dentro de su propio partido (...)
Y es que Esperanza Aguirre -como vino a recordarlo ayer- lleva Gil de Biedma de segundo apellido. Y decir Gil de Biedma en Cataluña y en España despierta ya de entrada -entre los de mi generación por lo menos- todo un mundo dormido, somnoliento o semi-dormido de recuerdos y de fantasmas ligados a la personalidad de Jaime Gil de Biedma, barcelonés de nacimiento, autor malogrado (en lengua castellana), niño/bien y de raíces castellano/parlantes, de una estirpe de españoles de Cataluña que fue poeta "maldito" -rechazado o condenado por algunos- y al mismo tiempo todo menos un don nadie en la Cataluña de los cincuenta y de los sesenta en el plano cultural primero de todo, desde luego, porque quien dice Gil de Biedma evoca sin querer a Dionisio Ridruejo y a los amigos de Dionisio Ridruejo en Cataluña -entre ellos los Goytisolo, Carlos Barral y aquel Juan Benet de nuestras culpas y pecados (el que maldijo a Soltzhenitsyn mucho antes de la caída del Muro) un poco el delfín catalán (así lo parecía por lo menos) de aquel falangista/ilustre (segunda época)- y también al tardo/franquismo tardío y al rogerío universitario asfixiante de la universidad de Barcelona aquellos años y a la "gauche divine" y a Bocaccio y no sé cuantas más cosas. Tales aguas tales lodos, porque no se pueda honestamente negar la responsabilidad de toda una casta dirigente catalana de la posguerra y de sus descendientes en la situación al borde de la tragedia en la que nos encontramos por culpa o por cuenta de Cataluña.

¿Catalanizar (aún más) a España? Perdónales padre, porque no saben lo que dicen. Por un lado, Esperanza Aguirre echa todas las culpas (o casi) a la política educativa de la Generalitat (mantenida sin tregua y sin descanso durante más de treinta años) del habernos puesto en la situación al borde de la ruptura escisionista y de la guerra civil (¿para qué negarlo?) en la que nos encontramos catalanes y españoles todos, y por otro, se saca al final de su intervención como de sombrero de prestidigitador o ilusionista el conejito mágico del remedio o panacea a todos nuestro males, saber el aprendizaje de la lengua catalana.

Para un viaje así no necesitábamos alforjas, querido Sancho. Hace un año tan sólo teníamos que ponernos a aprender imperiosamente la lengua de Shakespeare todos los españoles y ahora, también según ella, tenemos que ponernos a aprender la lengua (materna) de Jordi Puyol por lo que se ve. No sólo eso, Esperanza Aguirre, al final de sus intervención, reivindica un liderazgo cultural (sic) para Cataluña sobre el resto de las regiones españolas no se sabe muy bien nombre de qué, desde luego no en nombre de la historia a secas, de nuestra historia española me refiero, ni tampoco de la historia de la literatura española.
Tartarín de Tarascón el personaje que inmortalizó en una de sus novelas Alphonse Daudet no era más que un trasunto de Federico Mistral, defensor y padre reconocido del moderno provenzal, los catalanistas se lo tomaron mucho más en serio en cambio hasta el punto que dieron su nombre a la Gran Vía de Barcelona durante la República y la guerra civil
Lo uno por lo otro, viene a decir y propugnar la político del PP: catalán en las escuelas del resto de España por un poco de castellano en las de Cataluña, como así lo viene preconizando los responsables de su partido en Cataluña. Y a fe mía que me exijo a mí mismo el ser absolutamente ecuánime escribiendo estas líneas y a la hora de rechazar la oferta, porque yo mismo pensé así (un poco) o parecido hasta no hace mucho. Pero desde entonces ha llovido mucho en Flandes como en Cataluña. Y no son desde luego troques más o menos fenicios (o cartagineses) los que nos sacarán del atolladero en que nos encontramos, sino una afirmación clara de lo que somos y de lo que queremos, sin tapujos ni complejos de ninguna clase.

Queremos mantener Cataluña dentro de España -digan lo que digan o piensen lo que piensen algunos catalanes- porque es nuestra, y porque no aceptamos que se ponga en duda su hispanidad como se puso en duda y se echó a perder la hispanidad en otras regiones del mundo en Europa como en América. Y no lo aceptamos por un imperativo de lealtad y de memoria, que nos lleva a desconfiar y a sentirnos refractarios de la lengua catalana en la medida que vehicula fatalmente una memoria histórica antagonista secesionígena -y guerracivilista- y fuente latente de conflicto entre catalanes y dentro y fuera de Cataluña, como se habrá puesto flagrantemente de manifiesto todos estos décadas del gobierno ininterrumpido de la Generalitat desde los tiempos de la transición política